Del closet, de las fiestas
La historia dentro del closet no es muy larga en mi caso. Cuando asumí que era lesbiana pasó un año para que pudiera atreverme a vivir mi vida amorosa, super poco ¿no lo crees?
Durante ese año sufrí algo clásico en los adolescentes: “audiencia imaginaria”, debía disimular, debía comportarme como cualquiera de mis compañeras heterosexuales para que nadie se diera cuenta de lo que era, de lo que realmente quería. Gritaba a los cuatro vientos, lo enamorada que estaba de un chico que no importaba, como si el simple hecho de contarle a todos hiciera la emoción real, más verdadera. Me las ingeniaba para que siempre hubiera algo que contar, cosas que ahora realmente me parecen estúpidas, entre esas, ir a meterme en la boca del lobo (chaaaa), en algún momento decidí que era buena idea ir a un carrete en el instituto nacional, sola.
Ignoro a qué hora empezó pero no habían pasado ni 5 minutos y ya quería irme, el precio de la entrada me dolió, así que ahí estaba, bailando canciones de reggeaton desconocidas, sintiendome más sola y perdida que nunca, entre miles de personas que bailaban, entre miles de hombres que parecían perros violandose un peluche, miles de potos masculinos que chocaban contra mi espalda mientras bailaba, tipos que te punteaban cuando pasabas entre la multitud. Hombres que se reían de otros hombres por ser gay, por la forma en que bailaban.
Me sentía perdida, pero no quería irme, no quería perder la esperanza de que entre todas esas personas iba a haber alguien que me haría olvidar quien era o iba haber un grupo de chicas buena onda con las que reír, quien sea, todo servía para alegrar esa noche, para salvar la plata, el tiempo, que en casa hubiera gastado deprimiendome. No encontré a nadie.
Y no te permito pensar lector o lectora que no lo intenté, porque lo hice, baile con un chico y trate de ser feliz, le hable a un grupo de chicas y me trataron con desprecio, y me perdí a mi misma, al final.
Ese fue mi último intento por disimular, volví a casa a olvidar, con todas las esperanzas perdidas. Volví para empezar a quererme a mi misma, a ser feliz. Por lo menos me sirvió para eso, para que empezara a superar lo que la gente podría pensar de mí, para que entendiera a la gente realmente le interesaba una mierda lo que yo estuviera haciendo en mi vida personal.
Cuando fui a un carrete LGBTTTIQ, también fui sola, no habían pasado ni 5 minutos y ya estaba hablando con una chica, el grupo se hizo más y más grande. Y de repente me encontré bailando hasta las 5 de la mañana con un grupo de completas desconocidas sintiéndome más feliz que nunca. En algún momento en medio de la multitud, sentí que era el lugar perfecto, un momento que no quería que se terminara, era todo lo que me había perdido al no querer aceptarme. Había superado un temor, un temor de no pertenecer a ningún lado.
Dentro del clásico caos de los carretes masivos en lugares pequeños, me encontré en el baño de hombres y mirándome al espejo encontré la sonrisa de una de las chicas del grupo y quise que esa noche jamás llegara a su fin. Porque sabía que a esas chicas más grandes, más adultas, lesbianas en libertad, jamás las volvería a ver. No quería volver a casa, no quería volver a la realidad, llena de homofobia, de miedo, de mentiras.
Cuando finalizó, cuando se aburrieron y nos echaron a todos a la calle. Se notaba la tristeza, se notaba el final, en mí y ahora rememorando, quizás en ella, quien nos invitó a su casa una y otra vez, pero nadie quería ir, y yo era una completa desconocida como para ir a la casa de otra completa desconocida, y estar a solas. Al despedirnos, cada una me abrazo como despedida, como si fueran a extrañarme, menos ella, la de la sonrisa. El hecho de que completas desconocidas se despidieran de mí con tanto cariño me hizo sentir parte de algo, me hizo sentir bienvenida. Todas las miradas de rechazo, todos los comentarios agresivos que había recibido por parte de las mujeres cuando “era heterosexual” quedaron en el pasado.
Al llegar a casa fue inevitable buscar en todos los confines del evento sus facebook, soñando con la esperanza de que alguna iba a buscar mi nombre, un nombre que les causó mucha gracia. Soñando con que tendría amigas lesbianas, con las que crearía mi propia burbuja.