MI TRAUMA NO ME HIZO CAÓTICO.
ME HIZO EFICIENTE.
Tan eficiente... que nadie sospechaba lo que me costaba sostenerme por dentro.
Siempre a tiempo.
Siempre productivo.
Siempre con todo resuelto.
Desde fuera, parecia que lo tenia todo claro.
Desde dentro, solo intentaba no venirme abajo.
Aprendi a organizar mi vida para no sentir el desorden de adentro.
A controlar lo externo porque no sabía cómo sostener lo interno.
Lo llamaron madurez.
Pero era ansiedad camuflada.
Miedo al error.
Miedo al caos.
Miedo a que si me detenía... me desbordaba.
Así me volví eficiente.
Pero no en paz.
Capaz, sí.
Presente... no tanto.
Todo tenia que estar bajo control, porque yo no sabía como estar conmigo mismo.
No pedí ayuda.
No paraba.
No mostraba dudas.
Porque si me mostraba frágil, sentía que me dejaban atrás.
Y cuanto más eficiente era, menos me veían.
Veían lo que hacia, pero no cómo estaba.
No sabían que lo que parecía fortaleza...
era agotamiento con buena cara.
Sanar, para mi,
no fue aprender a hacer más.
Fue aprender a detenerme sin sentir que se venía todo abajo.
Fue aprender a no rendir para que me quieran.
Porque el amor que te exige funcionar, no es amor.
Y tú no viniste a esta vida para sostenerlo todo.
Viniste a sentir.
A vivir.
A respirar en paz.
No tienes que hacerlo todo bien para que te quieran.
No tienes que estar en control para ser valioso.
Puedes aflojar.
Pedir ayuda
Detenerte.
Y aún asi. ser digno de amor.











