My lungs will fill, and then deflate... [ Heather&Gaspard ]
La expresión burlona y de satisfacción continuaba en el rostro del cazador, sobre todo al ver la expresión de dolor de la loba y su sonrisa se ensanchó aún más al verla reincorporarse con dificultad, un verdadero deleite ante los ojos del francés que no daba tregua.
El gruñido de advertencia ocurrió solo segundos después, la cercanía de la loba lo hizo aferrar con más fuerza la ballesta que sirvió como escudo ante la patada que esta le había propinado, su fiel compañera salió despedida por los aires pero no importaba, aunque lo había desestabilizado la fuerza de la criatura, sus pies habían logrado mantenerse plantados contra la tierra húmeda.
El encuentro con los ojos color purpura de la loba duró solo unos segundos, segundos suficientes para que el cazador buscara con sus manos una de las armas inseparables que utilizaba cuando su ballesta era dejada de lado, tomó la pistola con fuerza mientras observaba el patético intento de la Delta de huir, no podría huir de Gaspard, del cazador que no tendría reparo en dañarla o matarla si era necesario.
Levantó la pistola mientras miraba a la otra esconderse, dejándola que continuara con su intento de escapar de él, si quería jugar al escondite, lo harían de la forma en que Gaspard quería, llegado un punto a la Delta, solo le quedaría moverse y ahí dispararía sin tregua, si quería jugar, jugarían.
Sus pasos eran lentos con seguridad mientras acortaban el espacio entre él y el árbol que servía de pobre escondite para la loba, dejó escapar un disparo, uno de advertencia, uno que anunciaba todo lo que vendría a continuación, las reglas las ponía el cazador, no la Delta.
Quería provocar su furia, quería provocarla y si huía le dispararía por la espalda, no era la primera vez que lo haría y poco le importaba hacerlo —¿Quieres jugar al escondite?- preguntó Terrise en un tono burlesco, mientras daba un paso más, sabía que ella podía escucharlo con claridad pero el que no arriesgaba, no ganaba — Las reglas, las pongo yo- continuó mientras sus pasos se convertían en zancadas y después comenzaba a correr en encuentro de la Delta, rodeando el árbol y encontrándose con el cuerpo de ella a escasos pasos, quedando justo a su costado —Uno, dos, tres- dijo mientras soltaba tres balazos; uno en el brazo, otro en el costado y uno más en la pierna —Por ti-
Gruño cuando oyó al chico hablar. Sabía que él lo estaba disfrutando cuando ella intentaba no dañarle.
Él no era bueno. Incluso se le ocurrió causarle alguna herida, o fractura en algún hueso.
Pero Heather no era así. No podía hacer aquello por el simple hecho del recuerdo que tenía de un hombre hacía tiempo atrás. La Luna de Sangre.
>Y entonces pensó en aquello ¿podría ser que hubiera otra? no solo otra, una que estuviera sucediendo justo ahora. Tenía sentido. Tenía un “porque” a su comportamiento. A no poder controlarse.
Si era así, si estaba en lo cierto... No se perdonaría nunca dañar de nuevo a alguien.
Las palabras del cazador resultaban repugnantes al oido de la loba ¿reglas?¡Estaban dañandose!¿¡cómo iba a habre reglas!? después de aquello, incluso pensó en responderle con violencia. Pero no lo hizo. No quiso. Podía largarse de ahí sin que ninguno saliera herido.
O eso creía.
La Delta se retorció con cada uno de aquellos golpes. Podía aguantar una bala... o ncluso dos. Pero tres, de plata y cada una en el lugar perfecto para el cazador... Sabía que la herida del abadomen le inmovilizaría facilmente. Así pronto dejaría de respirar.
La del brazo le causaba incapacidaz para responderle al golpe.
Y, obviamente, la de la pierna le causaría una gran desventaja a la hora de moverse.
Sus garrás se apretaban contra el viejo tronco en el cual se encontraba apollada. Reconocía que jugaba en una gran desventaja. 
Intentó recordar a todo el mundo que la quería... Pero; nada. Nada. No recordaba nada. Necesitaba un maldito ancla, y no conseguía ¡nada!
Aquel estúpido cazador la había dejado completamente inmóvil. No podía pensar, no podía moverse... apenas veía...
La vista. Sabía que en el momento en el que perdía el sentido de la vista, perdería poco a poco el resto. Ya había pasado. Solo veía borroso, nada reconocible. >
Pero aun podía habar. Jugó la última carta que le quedaba - Recuerda... que soy un ser vivo ¿si? como tú...-. Dijo agachándose.
Sintiendo cada vez más las heridas que lucía. Tenía que ser la Luna de Sangre. Cada vez era más consciente de sus movimientos, de sus pensamientos, de sus dolores... y finalmente acabó tumbada en el suelo.
Su apariencia cambiaba igual. Cada vez su pelaje se hacía mas corto, sus colmillos desvanecían... espera piedad de su oponente.















