—Entonces… ¿Quieres saber el final? -
Asiente de inmediato, casi con la impaciencia de una niña que espera un secreto prohibido. Toma un sorbo de su café, sin apartar los ojos de mí.
—Te diré algo —comienzo, acercando un poco la taza hacia mí—, pero tratá de no decírselo a nadie.
Ella se inclina hacia adelante, recuperando esos centímetros que coloqué en medio
—Dicen que su magia es tan fuerte que, si te tocan el corazón una vez, se quedan para siempre. -
Hago una pausa, la miro, y pregunto suavemente...
—¿Y sabés algo?
Ella parpadea, esperando mi respuesta, mientras yo sorbo el café, prolongando el momento en el que todo está por revelarse.
- Yo he conocido a alguien así, ella me salvaba cada vez que venía a este lugar. Había perdido la cuenta de las veces que entré y la ví con esa sonrisa cansada, la misma que iba directo a hacerme sentir algo, con sus labios quebrados y sus pies rendidos de tanto caminar de mesa en mesa, creo que por eso comencé a quererla: porque lo intentaba, incluso sabiendo que quizás no sería suficiente.
“No quiero que me busques”, me decía a menudo cuando me descubría mirándola. Supongo que no quería que me perdiera en su mundo sin sentido -
Era algo que le oí repetirles a sus colegas más de una vez, como si se lo dijera a cualquiera que osara quedarse demasiado cerca.
- Sentía que cada vez que abría sus labios, parecía un arma a punto de quedarse sin municiones en plena trinchera, no solo ellos decían algo sin siquiera emitir sonido alguno, su mirada también decía tanto como un concierto en pleno auge, y yo… por alguna razón, siempre estaba en primera fila. -
Su mirada brillaba tanto que creo que lo que veía eran lágrimas retenidas..
—¿Recuerdas esa noche en la que me dijiste que solo querías ser valiente una vez en la vida? —pregunté.
Ella asintió sin dudar.
—Pude sentir la nostalgia escapándose entre tus palabras — continué —, pero nunca me dijiste por qué, solo te fuiste, como siempre, pero desde entonces te veía mirando el cielo. Asumo que intentabas encontrar alguna de las tantas razones que pudieran explicar esa frase. ¿No?
Clavé de nuevo mi vista en ella y comencé a escribir el final, como si las palabras se ordenaran solas.
—Quizás en algunas de esas noches, buscaste o te preguntaste la razón por la cuál te habías encontrado conmigo. -
Seguía mirándome con su taza a medio camino de sus labios.
- Lo entiendo, yo también me lo pregunté muchas veces, y llegué a la conclusión de que solo fue un accidente —
Medí cada palabra, temiendo que se malinterpretara.
- Ni siquiera una casualidad nos habría advertido de los efectos colaterales que surgirían por no haber pasado de largo ese día… porque me quedé.
#Si les gusta, háganmelo saber y sigo. Muchas gracias ✨❣️
















