El pequeño Nicolás es un irresponsable!
Es curioso ver cómo funciona el sentido de la responsabilidad en algunas personas. Mientras que algunos privilegiados consiguen mantener la carga de las obligaciones diarias sobre sus hombros sin inmutarse, otros tantos tenemos que gatear torpemente cubriendo un metro de tierra cada cuarto de hora si no queremos colapsar bajo la terrible presión que la sociedad moderna ejerce sobre nuestras juveniles cabelleras.
Ahora, sinceramente, y aunque me duele negar el dramatismo del párrafo anterior, reconozco que en mi caso esa carga no asciende ni a las tres libras de peso ( ni siquiera en los días ajetreados ), ya que, mis obligaciones como persona se limitan a escuchar a la gente y recordar plazos y, aun así, me las arreglo para incumplir con mis deberes con rotunda maestría.
Hoy por ejemplo, me dirigía a velocidad terminal hacia la biblioteca, iba a devolver un libro que nunca leí y que tendría que haber devuelto hace un par de meses. Mientras corría por las calles congeladas de esta ciudad tan invernal no me di cuenta que unos minutos menos en realidad no importarían en el gran orden de las cosas, después de todo el tiempo es una medida artificial creada partir de la observación de las sombras que dependen del angulo relativo al sol, o eso creo haber escuchado en algún lugar, pero me desvío, decía que no me daba cuenta de lo inútil que era correr hasta que me di de lleno contra el gran portón de madera de la biblioteca, irremediablemente cerrado debido a algún motivo que no me molesté en averiguar. Con ojos llorosos fui a sentarme en la fría escalinata ante la inexpugnable entrada y la nieve empezó a caer. Observaba con cierto placer cómo los copos inmaculados se posaban suavemente sobre el empedrado sucio y gris de la calle y cómo las luces verdirrojas de la ciudad apenas alumbraban en la niebla blanca y espesa. Cuando de repente, del blanco velo, salió una tétrica figura de piel rosa pálida, con un pelo trigueño y gris revuelto en todas las direcciones y unas ropas rotas y descoloridas.
- Bonito día, verdad amigo?
Dijo en un accidentado inglés el sonriente vagabundo, y, sin esperar a mi respuesta, siguió su camino entre la niebla. Era feliz aún siendo un miserable!
En fin, no quiero caer en la típica idealización de la pobreza, pero este encuentro me hizo reflexionar sobre una cosa, teniendo en cuenta que el que nada tiene nada debe( y el que nada tiene no tiene tampoco responsabilidades....) No prueba esto que se es más feliz siendo un completo irresponsable?












