¿Es el amor estúpido o lo soy yo?
En tiempos pasados, un eclipse de sol se consideraba una señal de los dioses, generalmente, de un mal presagio.
Hace mucho que no me siento cómoda bajo el sol. Es más, jamás me sentí bien bajo su calor. Se podría decir que descubrí recientemente que mi luz es la que refleja en la luna. Por fin me sentí capaz de observarme bajo el foco adecuado y asumir quien soy. Cuando aún no he conocido completamente a mi propio ser, no solo me he encontrado en medio de un atolladero de defectos y debilidades sino que, cuando empecé a asumirlos, sanarlos, ordenarlos e incluso abrazarlos, ese brillo nocturno que me alumbraba lo justo y necesario, se apagó del todo durante unos segundos por un eclipse totalmente opaco.
Fue como si un agujero negro se hubiese tragado la luna. Unos minutos que parecieron tres vidas. En esa oscuridad, solo era capaz de escuchar como mi sangre se convertía en arena que emanaba de mi corazón, inundando por completo mi interior. La falta de respiración me permitió comprobar como un sentimiento puede dejar de ser etéreo. Como el alma puede desfallecer y tener peso muerto.
Cuando fui capaz de inhalar un pequeño hilo de aire y oxigenar lo suficiente mi cabeza como para ser consciente de ese presente, fue un único pensamiento el que me llevó a un lugar aun más perturbador: “te prometiste que jamás lo volverías a hacer. Nunca dudarías entre el amor hacia ti misma y rogar por el amor de otra persona por mucho que la ames. No solo te has traicionado, estás intentando convencerlo para que te acepte como regalo”.
Ahora, tras el eclipse, aprovechando esa bloqueo que inmovilizó hasta mi cuerpo, me he tomado mi momento para pensar.
Cuando queremos a alguien de una manera humilde y sincera, nos esforzamos por hacerle feliz, nos armamos de paciencia para soportar esos defectos que vemos imperdonables en otras personas, tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos, nos esforzamos por cambiar esos puntos negativos que antes ignorábamos y no invertíamos tiempo ni siquiera en mirarlos.
¿Soy la única idiota que es capaz de dar todo por alguien que asegura que no me ama?
No sé si será autoengaño o que conservo un mínimo de lucidez que me permite ser observadora y escuchar mi intuición pero, cuando me mira, sus ojos me dicen o que su boca me niega. Cuando siento su corazón, me dice lo contrario que lo que trata de proyectarme su cerebro.
¿Es esto a lo que se llama “estar loca de amor”?