Apoyé una mano sobre la pila de documentos y suspiré, por tercera vez consecutiva. Mi mente estaba en otro lugar, con miri ¿Qué estaría haciendo?, Quizás estaba sola, tal vez aburrida. Después de todo, había pasado años viviendo prácticamente aislada y el feudo debía seguir pareciéndole extraño. Miré por la ventana. Quizás estaba paseando por los jardines o leyendo o sentada junto a una chimenea. Sola. La idea me hizo sentir incómodo. —Mi señor. Parpadeé. Uno de mis comandantes me observaba desde el otro lado del escritorio. —¿Sí? —Le pregunté si prefiere mover los suministros antes o después del invierno. Lo miré. Luego miré el documento. Luego volví a mirarlo a él. —Después. —Los suministros se movieron hace una semana señor. —Ah. Silencio. El Cael se llevó una mano a la cara. El Asher parecía estar luchando por no sonreír. Volví al documento intentando concentrarme y no tuve éxito. Porque ahora estaba pensando en Elías. Seguramente estaba con ella, el pesado de Elías, ese hombre la seguía a todas partes. Probablemente la estaba vigilando o Molestándola. —Mi señor. —¿Hm? —Acaba de firmar el mapa. Miré hacia abajo. Efectivamente. Había firmado un mapa. No un documento. Un mapa. Cerré los ojos. —No digan nada. —No hemos dicho nada. Suspiré otra vez. Quizás debería ir a verla. Solo para comprobar que estaba bien. Solo eso. Nada más.
Porque en ese mismo instante, al otro lado del feudo, la realidad era muy distinta a la que yo imaginaba.
—¡Pero qué huevos si tienes dos canicas! ¡Dos canicas! —exclamó Miriam, señalando indignada.
—¿Perdón? —respondió Elías.
—¡Si los que trae Edén son más grandes que los tuyos!
—¿Qué te metes con mis huevos, subnormal?—¡Porque son diminutos!
—¡No son diminutos!
—¡Son ridículos! —¡Son huevos perfectamente respetables! —¡Una codorniz pone cosas más grandes! —¡MENTIRA!
Edén, que había cometido el error de acercarse con otra cesta, empezó a retroceder lentamente. —No voy a participar en esta conversación. —¡Dile que mis huevos son normales! —exigió Elías. —No pienso responder a esa pregunta.
—¡Cobarde! —¡Mira este! —dijo Miriam levantando uno de la cesta de Edén—. ¡ESTO es un huevo! —¡Porque esa gallina parece un caballo!
—¡Excusas! —¡Calumnias! —¡Canicas! —¡Huevos!









