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—Claro que se que hay mas sillones en esta sala. Por eso, muévete a uno de ellos—. Señalo un sofá que estaba junto a el— O te corres o me tendré que sentar arriba tuyo.
— Creo que tendrás que sentarte encima mío, porque como te dije, no pienso moverme de aquí—respondió con una sonrisa burlona, acomodándose aún más en el sofá.
Verona...
Así suena, lo sé. Pero es la verdad y debo pasar página. No hablemos más del tema.—negó con la cabeza ante las palabras de la chica. Sí, claro que estaba de acuerdo con lo que decía, pero por primera vez desde que había pisado Verona deseaba hablar de otra cosa que no fuese su decepción amorosa, por lo que una inmensa felicidad (aunque fuese solamente temporal) la invadió al notar como la chica cambió de tema. Movió los pies en el agua, mientras formulaba una respuesta coherente para su pregunta.— Mi lugar favorito en Verona es la pared de Julieta, aunque no estoy muy segura de que sea un lugar.—rió levemente y luego añadió: No del todo. Sólo fui a la Torre Dei Lamberti. ¿Qué hay de ti?
— La casa de Julieta, sí, es un lindo lugar —asintió recordando la última vez que había ido—. Pues, he visitado Verona un par de veces. Y aunque fue durante mi infancia y no recuerdo demasiado, creo que mi lugar preferido es la Piazza delle Erbe. Generalmente hay muchos turistas y siempre hay movimiento, pero cuando todo está más tranquilo es un lugar muy hermoso —relató, con la mirada perdida en la piscina—. Un día hay que escaparnos de aquí e ir a recorrer Verona en esos autobuses turísticos —agregó con una sonrisa divertida.
— Tranquila, no hay problema. En realidad siento que hayas tenido que escuchar eso. — Dijo con una pequeña mueca. — Caitlin, pero Cait está bien. — Se presentó, para luego buscar su botella y tomar un largo trago de agua. — Bueno, mis padres tienen la mente un poquito cerrada, para ellos es todo blanco o negro, no hay grises. O te atraen las mujeres, o te atraen los hombres, no pueden ser ambos. — Explicó restandole importancia al asunto. — Preferirían que fuera lesbiana antes que bisexual. — Agregó luego de haberse sentado en uno de los bancos.
— Un gusto, Cait. Bueno, de todas formas, tienes algo de suerte —habló mientras corría—. Quiero decir, hay padres que prefieren no tener hijos antes de tener y que sean homosexuales; que tus padres toleren al menos que seas lesbiana es un comienzo. Quizá con el tiempo lo entiendan —replicó, para luego de correr unos segundos más, detener la máquina— . O por lo menos, así fue con los míos —añadió después de tomar un trago de agua.
-Es bastante divertido porque uno puede saber de anticipación los movimientos del otro así que tienes una enorme ventaja-comenta mostrando una sonrisa a la chica-Yo me llamo Peter y mi reflejo se llama Alexander
Rió levemente al oírlo—. Un gusto conocerlos a ambos —dijo sonriente—. Estaba por ir a la cocina a hacerme algo de comer, ¿quieres venir y te preparo algo a ti también?
— Bueno, en eso tienes razón, tendría que haber colocado algo que identificase que era mío como un nombre o algo —se dijo más a sí misma que a la chica, cuando la chica propuso la idea del bocadillo, la rubia puso su mano frente a su boca para que se callase—. Un bocadillo sería la mejor disculpa del mundo
— Bien, entonces un bocadillo será —sonrió levemente y se levantó, abrió el refrigerador e inspeccionó qué había en él—. Y... ¿de qué lo quieres exactamente?
Verona...
Oh, wow… Lo lamento, supongo.—no supo como reaccionar ante la respuesta de la contraria, pues su caso no tenía nada que ver con el propio, pues aunque su novio no la hubiera querido, no tenía ni el más mínimo rasgo homosexual.— Era una adolescente enamorada perdidamente de un chico que simplemente me utilizó por dos años de mi vida, prometiendo cosas que nunca mantuvo.—soltó un suspiro, pues le afectaba demasiado hablar de ello, aunque algunas veces necesitara descargarse.
Volvió a encogerse de hombros, mostrando una leve sonrisa—. No lo lamentes, no es tu culpa. Supongo que el destino quiso que fuera así, si vamos a culpar a alguien, que sea a él —dijo con un aire bromista—. Eso suena horrible, no entiendo como hay gente que puede hacer cosas así —hizo una mueca de disgusto—. Espero que no tengas que lidiar con personas así nunca más en tu vida, creo que con una es suficiente... —habló para luego soltar un suspiro también, recostándose apoyándose en sus manos mientras movía los pies en el agua—. Y... ¿cuál es tu lugar favorito en Verona? Es una ciudad muy bonita, ¿ya has podido recorrerla?
Luego de despertar de su mini siesta en un sofá, se dirigió a la cocina a por un buen café. Tan bueno que festejaba mentalmente por la pinta que tenia, se puede decir que es algo fanático de este. Regreso a la sala de estar para beberlo allí, pero se sintió obligado a detenerse ya que alguien mas estaba ocupando su territorio, o el sillón—. Espero que estés cómodo—Dijo con una sonrisa sarcástica—ahora necesito que te muevas para poder estar cómodo yo también.—añadió bebiendo un sorbo de su café.— No se si sabes, pero he dejado un rastro de saliva por todo el sofá durante mi siesta. Aunque espero que no te moleste, ya que tendrás que convivir con eso.
Luego de recorrer un rato la mansión, volvió a la sala de estar y se tiró en uno de los sillones a leer un rato. Llevaba media hoja leída cuando escuchó una voz masculina interrumpiendo su lectura—. Eso es asqueroso —dijo, apartando la vista del libro para mirarle—. Pero no pienso moverme. Hay suficientes sillones aquí para ambos, no sé si lo notaste.
La la, la la la...
—La la, la la la…—canturreaba vagamente mientras intentaba tocar algunas notas con su guitarra. Su tío le había enseñado hace algunos años, aunque todavía le hacía falta perfeccionarse. Una mirada posada en ella le hizo perder la concentración; notó que había una persona a su lado, así que rápidamente levantó la vista. — Hola —saludó amablemente — ¿Desde cuándo estás aquí? —soltó confundida— Oh, lo siento, suelo ser muy torpe a veces.
Decidió dar una vuelta por la mansión, y se detuvo cuando escuchó una melodía proveniente de uno de los cuartos. Entro a éste, encontrándose con una chica tocando la guitarra, y decidió sentarse en uno de los sofás junto a ella, tan solo para verla cantar y tocar—. Hola, desde hace unos minutos —saludó con una sonrisa amable—. Oh, no te preocupes, no quise desconcentrarte. Si te molesto puedo irme.
La rubia se encontraba en el gimnasio de la mansión tratando de descargar un poco de energía. Llevaba hablando más de cuarenta minutos con su madre, y estaba llegando a un punto donde empezaría a romper cosas si no se calmaba. — Estamos en el siglo XXI, mamá es completamente normal que una persona sea bisexual. — Dijo para luego acomodar el manos libres en su oreja. — Tal vez me termine casando con un hombre sí, quien sabe… Eso no me hace heterosexual… No necesito tener ésta conversación de nuevo. Hablamos luego. — Finalizó la llamada sin esperar la respuesta de su madre. — ¿Nunca te dijeron qué es de mala educación escuchar conversaciones ajenas? — Cuestionó divertida al notar que había otra persona en el lugar. Si no se equivocaba, la persona llevaba lo suficiente ahí como para haber escuchado el final de la conversación por lo menos.
Llevaba unos minutos en la puerta, esperando que la rubia terminara su charla telefónica. Inevitablemente, terminó escuchando una parte de la conversación, y aunque le producía un poco de curiosidad, decidió mejor no decir nada—. Sí, lo siento —se disculpó, a la vez que dejaba una botella de agua y su toalla en un banco que había allí—. Soy Zoe, por cierto —se presentó mientras iniciaba la cinta para correr y se subía a ella—. Es una pena que tu madre no comprenda lo que es ser bisexual, a mi parecer es algo sencillo de entender —comentó, sin poder contenerse.
Al fin —murmuró en su idioma natal al encontrarse en el hall de la mansión, dejando caer su triste maleta junto a él para observar el lugar. La ciudad era inmensa, para nada como su pueblo de origen, por lo que se había perdido por un largo rato. Miró los datos que le habían dado antes de mirar a la persona más cercana—. Eh, vos —negó levemente con la cabeza al recordarse que no estaba en Argentina y no todos hablarían como él—. Oye tú, ¿sabes dónde queda la habitación 21?
Había llegado hace unos quince minutos, y todo lo que había hecho era observar el jardín a través de una ventana en silencio, por lo que al escuchar a alguien hablarle detrás de ella, no pudo evitar asustarse un poco—. Luego de la 20, supongo —respondió simplemente, aunque tratando de sonar lo más amigable posible—. Quiero decir, no tengo idea, lo siento. ¿Quieres que te ayude a buscarla? —preguntó, más para no recorrer la inmensa casa sola que para ayudar al chico.
—¿Cómo puedo ser tan olvidadiza? —masculló por lo bajo, en un reproche a si misma por su descuido. Se encontraba revolviendo uno de los sillones que decoraba la gran sala estar, en busca de su extraviado Iphone. Hacía apenas unos cinco minutos que se había dado cuenta de la falta de dicho objeto y, desde entonces, no había parado de buscar por todo el lugar. Sabía que estaba poniendo todo patas arriba, tal y como su madre solía decir, pero no le quedaba otra si pretendía encontrar aquel pequeño aparato cuanto antes. Fue entonces cuando divisó cierta mirada sobre ella, haciendo que pusiese toda su atención en dicha persona—. Yo, uhm, prometo que después lo ordeno todo —presionó sus labios al notar cómo miles de cojines se encontraban desparramados por el suelo, siendo todo aquello claramente su culpa, y volvió la mirada a la persona en cuestión, esbozando así una pequeña sonrisa llena de culpabilidad.
¿Se te perdió algo y lo estás buscando o acaba de haber un terremoto y nunca me enteré? —preguntó con aire bromista, sentándose en uno de los cojines que se encontraban tirados en el suelo—. ¿Necesitas ayuda? —alzó las cejas, pasando la mirada por la sala con curiosidad, y luego volviendo la vista a la castaña.
Peter se encontraba frente a un espejo enorme y debido a que estaba muy aburrido empieza a hacer alguna de sus tonterias-¿Acaso piensas atacarme?Pon las manos en guardia-comenta colocándose en posición de ataque y dando un ligero golpe cuando ve en el reflejo del espejo que una persona lo estaba observando, voltea a verle-ehhhhhh hola
— ¿Pelear contigo mismo es divertido? Siempre me lo he preguntado —dijo con una sonrisa divertida, al notar lo que hacía el muchacho—. Hola, soy Zoe, ¿ustedes son...? —preguntó, refriéndose a él y a su reflejo.
—Bueno, calma— le respondió a una persona que chocó en la calle, la cual le gritó en un perfecto italiano que ella no comprendió. Con suerte aprendió inglés, obligada por las monjas de su colegio —No entiendo tu idioma, amigo— agregó, en español, esperando que el otro comprenda aquel idioma.
—La ragazza non parla italiano, non c'è bisogno di gridare —le dijo al hombre al interrumpir el griterío, intentando calmarlo. El tipo solo negó con la cabeza, y luego de soltar un "hay demasiados turistas aquí" en italiano, se alejó—. Creo que hablas español, pero no comprendo demasiado, ¿entiendes ingles? —habló en inglés con su acento marcado, alzando las cejas.
¿Alguien sabe lo que significa ‘perchè non muovi il modo, ragazza’? —inquirió la chica a la persona que se encontraba a su lado en la mansión— Salí y me lo gritaron como unas tres veces, los italianos son lindos pero malhumorados.
— Bueno, no creo que sea muy malhumorada, pero gracias —rió levemente, haciendo referencia a lo de los italianos—. Básicamente te han dicho que te apartes del camino; creo que debes fijarte mejor por dónde caminas.
Verona...
… es definitivamente mi nuevo lugar preferido en el mundo. Es increíble que sólo haya venido porque me hicieron trizas el corazón.—suspiró a lo que declaraba su amor por el lugar donde la dicha Julieta la había invitado a pasar una temporada. Esa tarde, la castaña se encontraba sentada en el borde de la piscina, remojando sus pequeños pies en el agua.— ¿Y tú por qué viniste? —preguntó a la persona que se encontraba junto a ella.—
— Mi novio se fue con otro hombre —dijo con tranquilidad, moviendo suavemente los pies en la piscina—. No lo culpo, supongo que estaba confundido, pero cuando se fue me dejó a mi también confundida —se encogió de hombros, restándole importancia—. ¿Y tú? ¿Por qué hicieron trizas tu corazón? —preguntó curiosa, mirándole de reojo.
—¡Lo se! ¡Claro que lo entiendo! Pero te has comido el bocadillo que había en la nevera y era mío —dijo con serenidad, alzando la voz al final recalcando el “mío” de forma chistosa—.
— ¡Pero no sabía que era tuyo! —exclamó, alzando las manos como si de un criminal se tratase—. A ver, fue sin querer, ¿si? Discúlpame. ¿Qué puedo hacer para recompensarte? ¿Quieres que te haga otro bocadillo o...?