.
Not today Justin

No title available

PR's Tumblrdome

roma★
Three Goblin Art

❣ Chile in a Photography ❣
EXPECTATIONS

ellievsbear
Monterey Bay Aquarium
No title available
occasionally subtle
No title available
official daine visual archive
hello vonnie
Noah Kahan
macklin celebrini has autism
Lint Roller? I Barely Know Her

Love Begins

@theartofmadeline
Misplaced Lens Cap
seen from Chile
seen from Türkiye
seen from Malaysia

seen from Japan

seen from Germany
seen from United States
seen from United States

seen from Cyprus

seen from Finland
seen from Belarus
seen from United States
seen from Finland
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Israel

seen from Australia

seen from United States
seen from Germany
@agoldschmidt-blog1
.
Había tratado de alejarse lo más posible, sin embargo sabía que de esa forma solo lograría lo que estaba evitando; llamar la atención. Así que llegando a un muelle cercano a la playa donde los campistas cumplían su jornada, sacó el móvil para intentar hacer una llamada, con el riesgo de que podían sorprenderle e inclusive otorgarle un castigo por el uso de éste artefacto en horas de trabajo, no obstante necesitaba saber cómo estaba tanto su madre como su pequeño y si corría con suerte… escuchar la voz de Kinich. Tras unos cinco minutos de charla, colgó y enseguida escucho unos pasos a espaldas suyas. Respiro profundo y exhalo al tiempo que se giraba para saber de quien se trataba ⊰ De una vez te advierto que no pienso tolerar amenazas ⊱
A la rubia le llamó la atención que una de sus colegas se había alejado de los demás. Se preguntó entonces si ésta se encontraba bien. Estaba a unos cuántos metros de distancia. Tal vez suficientes para que la mejor decisión fuera quedarse donde estaba. Sin embargo, notó que sus movimientos eran algo extraños, así que llevó sus pasos al lugar de la otra. Mientras más se acercaba, más claro era lo que estaba haciendo. ¿De verdad estaba hablando por teléfono? Eso le parecía muy poco profesional. Antes de que ella pudiese decir algo, escuchó la voz de la otra. “No vengo a amenazarte, pero gracias por asumirlo.” Se cruzó de brazos. Nunca había tenido un buen temperamento, y se sentía ofendida por la acusación que la otra había lanzado. Después de todo, no era ella quien estaba haciendo las cosas mal. “Venía a ver si estabas bien, ya que lo he verificado, volveré a mi trabajo. Te sugiero que hagas lo mismo.”
Acostada en la arena, observaba al cielo, atenta a cada detalle. Siempre le había gustado ver las estrellas y en aquel momento la tarea de mantener limpia la playa parecía tener cierta recompensa. Había logrado escabullirse, pasando por alto el toque de queda, tomando ventaja del hecho que nadie parecía percatarse de que ella seguía allí y no en su habitación. Al escuchar pasos cerca, soltó un suspiro. “¿Te sabes alguna constelación?” Preguntó entonces, sin observar al destinatario de aquella pregunta. Era consciente de que, si se trataba de una autoridad, probablemente estaría en problemas, pero aún así se negaba a abandonar su actividad y posición.
Era la última vez que planeaba salir a la playa esa noche, y es que de alguna manera los campistas se la seguían arreglando para hacerle la vida imposible. ¿Qué no estaban cansados ellos también? Lo único que la alemana quería era descansar. Y creía tenerlo bien merecido. Dirigió sus pasos pues a la persona que no había respetado el toque de queda. Incluso se sintió ofendida por sus preguntas. Como si se estuviera burlando de ella. “¿Constelaciones? Créeme que es lo último que me importa ahora. No voy a discutir. Sólo... ponte algo. Sabes bien qué hora es y dónde deberías estar. Ahora hazme el favor de volver conmigo. Y vamos a discutir cuánto te va a costar esta violación al reglamento.
El horario para vigilar campistas había finalizado, por lo que se dirigía al restaurante del hotel para satisfacer su exigente sistema, sin embargo, antes de entrar al recinto, un maullido captó su atención. Su mirada recorrió el entorno, el cual se encontraba libre de cualquier tipo de animal, y cuando se disponía a entrar el mismo sonido interrumpió nuevamente. Dio con el responsable sobre las ramas más altas de un árbol, el felino era tan pequeño que de ninguna manera podía descender por que mismo camino que había elegido para subir. “No podemos dejarlo ahí,” le mencionó a la primera persona que pasó cerca, su ceño se frunció al barajar las opciones. “Pero las ramas son muy delgadas para subir. ¿Qué sugieres?” cuestionó, finalmente dirigiendo su vista hacia su nueva compañía en busca de una solución.
Luego de un día terrible vigilando campistas, Abigail estaba cansada y hambrienta. Así que decidió que lo mejor sería ir a buscar algo de comer en el restaurante del hotel. Se encaminó con paciencia al lugar, dirigiendo saludos cordiales al personal, tanto del campamento como del hotel que iba cruzándose por su camino. La verdad era que no buscaba entablar conversaciones, pero tampoco quería parecer grosera. Ya casi había encontrado su camino a saciar su apetito, cuando la voz de otra persona la distrajo. Dirigió su mirada entonces a donde ella lo hacía, confusa. “Yo... diría que podemos dejarlo allí. Tendrá una buena vida con las ardillas, o lo que sea.” Sugirió. Realmente no tenía tiempo para aquello. Ya alguien más se encargaría del gato. Pero nadie iba a encargarse de su hambre.
No importaba hacia dónde mirase; todo su alrededor se encontraba saturado por una gruesa capa de suciedad. Las bolsas de plástico y las botellas de cristal —así como algunas latas y demás objetos varios— cubrían casi por completo la superficie arenosa. Una pesadilla para todos aquellos que guardaban respeto hacia la naturaleza, aunque para Agnë no tenía mayor significado que una tortura que no soportaría. Su nivel de masoquismo aún no rozaba tal nivel de odio a sí misma. — Qué putada — masculló a la nada, girando el rostro hacia sus espaldas para encarar a cualquier idiota que tuviera mala suerte (o pésimo destino) de estar cerca. — Si quisiera nadar en basura regresaría a Lituania —pausó, filtrando una mínima dosis de diversión (no la sentía). — Ojalá encontremos un cadáver enterrado por aquí.
Ahora se encontraba cubriendo su turno, cuidando que los campistas hicieran su trabajo, o más bien, presionándolos para que lo hicieran, si bien los habían llevado a todos a ese lugar por alguna razón, y era para que las playas quedasen medianamente limpias, pues por la suciedad que veía, y la pereza que había percibido por parte de la mayoría, era imposible que quedasen impecables. Le llamó la atención que una de ellos pensaba en voz alta. Supuso que esperaba una respuesta, ¿por qué más entonces estaría hablándole al aire? “Piensa que estarías allí si tal vez hubieses tomado un buen camino.” Le recordó. No estaba allí precisamente por abrazar cachorros, y todos estaban conscientes de eso.
"¡Merde!“ Un quejido en su idioma natal que fue precedido por una sensación de dolor presentarse en la planta de uno de sus pies ( ya que se había tomado el atrevimiento de andar descalza en la arena ), y recorrer toda su pierna en un molesto cosquilleo. Se dejó caer con suavidad sobre el arenoso suelo; tomó su pie entre sus manos y lo acercó hacia su rostro, para con cuidado remover el trozo de cristal que se había permitido a atravesar su piel sin previo aviso. La sustancia carmín no tardó en aparecer, a pesar de que el corte no parecía demasiado profundo. Sus esmeraldas buscaron una figura cercana, para así exclamar: "¡Hey, tú! Ven, necesito tu ayuda.”
Abigail por seguro no hablaba mucho francés, pero sí lo suficiente para entender la queja de la campista. Se volvió para observar la escena. Entonces sólo parecía que se había detenido en seco, y cuando la vio caer para sentarse en la arena, la instructora asumió que sólo se había sentado a descansar, a pesar de que ni siquiera la había visto trabajar. Cuando ésta la llamó, entonces la alemana se acercó cuidadosa a ella. “¿Qué es lo que ocurre?” Preguntó, pestañeando. No estaba muy preocupada por la situación.
nicoblatorre:
Su idea había sido desde un principio guardar sus puntos para gastarlos en cualquier oportunidad de conseguir acceso a internet, pero, para su propia desgracia, nunca había sido una persona con capacidad de ahorrar. Se había encaprichado de un restaurante que había visto de camino a la playa y, como se conocía, sabía que no dejaría de darle vueltas hasta que pudiera ir. Estaba saliendo del hotel cuando se cruzó con alguien — Voy a comer fuera —explicó.
Para variar, la instructora se encontraba rondando por el hotel, principalmente buscando conocer las instalaciones que habitaría por la próxima semana. Había salido a la entrada del hotel, para ver qué clase de lugares había cerca del mismo, sólo por unos minutos, y acto seguido, se dio media vuelta, dispuesta a volver, encontrándose entonces de frente con un campista. Antes de que ella pudiera decir algo, él se encargó de hablar. La alemana frunció el ceño. “¿Y pretendías irte solo? No creo que eso esté permitido.” Fue su respuesta, y se cruzó de brazos, observando al menor.
Sentada a la orilla de la piscina, la joven británica movía sus pies de manera distraída dentro del agua, con la mirada perdida en algún punto de las azuladas tonalidades que teñían el panorama frente a ella. Si bien sus actividades del día habían sido reducidas al ser trasladada a una nueva categoría, sentía cómo el cansancio acumulado a lo largo de su jornada magullaba su estado anímico. No terminaba de acostumbrarse a la forma de vida a la que ahora se veía sometida. Meses atrás, era ella quien disfrutaba sin reparos de los lujos de hoteles como aquel mientras alguien más limpiaba su basura. Tras escuchar ruido, desvió la mirada para echar un vistazo por encima del hombro, divisando apenas la silueta de otra persona. “¿Vienes a unirte a la fiesta?” Le preguntó al aire, la languidez mezclándose con el sarcasmo, ateniéndose tanto a la posibilidad de ser ignorada como de recibir algún reclamo por parte de algún superior.
“¿Fiesta? No sabía que había algo qué celebrar.” Empezó la instructora, que ya se encontraba de pie detrás de la fémina que se había sentado en la orilla de la piscina. Se mantuvo en esa posición, pues no creía que fuese correcto tomar un lugar a su lado. Dudaba que aquello fuese a ser agradable para cualquiera de las dos, a juzgar por el tono de la campista. Se guió entonces a una de las sillas que rodeaban la piscina, y se recostó en una de ellas, antes de volver a hablar. “De cualquier forma, fiesta o no, sólo quiero verificar que todo esté en orden.” Expresó, y a pesar de que se sentía ligeramente molesta de no poder encontrar un momento de paz como había planeado, no dejó que esto se reflejara en su tono.
La nueva presencia logró alterar su corta tranquilidad. Un baño en la playa a esas horas de la noche no era tan raro… ¿O sí? De cualquier manera lo único que buscaba era despejarse, sin nadie alrededor, sin ruidos ni multitudes abarcando todo su entorno. Pero alguien llegó, alguien a quien pudo reconocer a pesar de la lejanía. “Si vienes a llamarme la atención, te diré que no está prohibido bañarse de noche.”
“De hecho, era exactamente lo que planeaba hacer.” Tuvo que admitir la rubia, poniendo atención a la presencia de la otra. Estaba completamente lista para confrontar a quien quiera que fuese que estuviese en la playa a esa hora. “Pero dudo que sea necesario, no es mi lugar para decir nada.” Expresó, alzando los hombros para restarle importancia. Si se hubiese tratado de una campista, por otro lado, la historia sería muy diferente.
Le dio vueltas al papel, estaba casi seguro que se trataba de un billete, y que después de varias horas de trabajo había encontrado algo que valía la pena, no solo basura para separar. Lo había guardado en su bolsillo, y ahora que estaba en su tiempo libre decidió examinarlo, no entendía el Ucraniano, le parecía igual de confuso que el ruso, pero se dejó guiar por el número en él. Y sobre todo, la figura que estaba plasmada en el papel. “¿No crees que tiene unos lentes interesantes? Y ni que se diga de su barba, si pudiera hacer crecer la mía, quisiera una foto así” habló en voz alta, a la persona a su lado, mostrando el billete para que pudiera observar con él. “Es un billete muy raro,” opinó, pues, tampoco tenía un amplio conocimiento en estos.
Abigail se había estado encargando, más que nada de observar desde lejos que los campistas estuviesen haciendo su trabajo, guardando su distancia. La resaca que tenía era impresionante. Portaba unos lentes de sol, para escudarse del mismo, pues el dolor de cabeza que tenía, para ella era más que suficiente, en parte también porque no había podido descansar, por el viaje que habían emprendido a su siguiente destino. En definitiva no le hubiera molestado descansar un día más. Volvió su mirada al joven que le hablaba, ni siquiera se había percatado de su presencia. “Enfocó después sus ojos en el papel que sostenía entre sus manos, detallando las características que él mismo había señalado. “Sí es un billete muy raro... Pero bueno, cada país elige su moneda.” Señaló, frunciendo sus labios para restarle importancia. “¿Dónde lo encontraste?” Preguntó, esta vez observando al chico con atención, pues sí le parecía algo sospechoso que tuviese efectivo.
,
.
I was always very dramatic - my family would probably use the word ‘dramatic’ - as a child; always putting on performances, making everyone come watch, and pay to watch. I was very business-savvy as a child.
.
Alzó su mentón para encontrarse con la figura de la rubia, quien recordaba por una charla que habían mantenido unos días atrás. Asintió con la cabeza, formando una sonrisa en su rostro. “Claro, debo admitir que en principio no tenía demasiada fe en la fiesta, per—” Se vio interrumpida cuando los labios ajenos se juntaron con los suyos. ¿Qué estaba sucediendo? No pudo evitar que su reacción fuese de desconcierto, abriendo los ojos más de lo normal y manteniéndose inmóvil, sin saber muy bien qué hacer. Bah, ¡pero qué más daba! Si la instructora no estaba para nada mal. Decidió seguir aquel juego que no entendía del todo, colocando las manos en la cintura femenina y dejando caer sus párpados, correspondiendo el beso que la contraria había comenzado.
Dejó que sus manos sostuvieran el rostro contrario, continuando con el beso por un par de minutos más, permitiéndose un momento para respirar, antes de volver a pegar sus labios a los contrarios, continuando con aquél vaivén sin preocuparse mucho de su alrededor. Luego de que hubiese pasado algo de tiempo, no estaba segura de cuanto, se separó de la morena para reír. “Lo siento. Ya sabes. Ha sido uno de esos retos.”
Estaba tratando de mantener su distancia, aun tomando sus manos para alejarlas de su cuerpo. - Mi problema es que de los dos soy el que tiene más que perder. - Mantuvo la compostura de modo que la escena no atrajera la atención de las demás personas en la fiesta. Negó levemente con la cabeza. - La única razón por la que puedes salirte con la tuya en este tipo de situaciones es porque eres guapa, espero que sepas eso. - Se le quedó observando y aunque era obvio que había tomado de más, se le ocurrió que esa no era la única razón del beso. - No va a matarme pero estoy seguro de que esto…- se señaló a él y luego a ella. - va a volver a morderme el trasero luego. - Suspiró, soltándole las manos. - Cumplir con todos estos retos te va a meter en problemas-
No podía dejar de sonreír, principalmente porque sentía que aquella situación era bastante graciosa. Dejó que el menor desahogara sus preocupaciones, y simplemente alzó los hombros. “Oh, claro que sé que que me salgo con la mía porque soy bonita. Así es usualmente como funciona.” Sonrió, ahora con un brillo perverso en la mirada. “Pero no te preocupes, no eres mi tipo.” Frunció sus labios, antes de darle un trago a su bebida. “No creo que tengas que preocuparte, no va a haber problemas. No hay por qué. Es una actividad sana, después de todo.”
Sus extremidades se elevaron cual si tuviera intenciones de atrapar a la fémina contraria, encontrándose con la necesidad de inspeccionarla con cuidado para saber si había sufrido algún daño en aquel inocente tropiezo que la llevó a entrecerrar los ojos para así adivinar las intenciones de su compañera. No tuvo que esperar demasiado tiempo antes de que los labios contrarios se encontraran con los propios, la confusión apoderándose de sus movimientos y tornándolos un tanto torpes hasta que la firmeza y la seguridad empaparon en baile lento. Caricias cálidas que la envolvieron en un abrazo, idioma silencioso para invitarla a seguir y así poder tachar de su lista los pendientes que tenía que llevar a cabo durante aquellos inoportunos juegos que parecían encontrarse en todos y en ningún lado.
Le sorprendió un poco que la otra respondiese a sus besos, pero no iba a quejarse para nada. Le agradaba en demasía tener cualquier tipo de contacto físico con las personas. Abigail era una persona muy expresiva. Le causó un poco de gracia la torpeza inicial de la contraria, y conforme fue sintiéndose más segura, las cosas se estaban poniendo mucho mejor. Se dio el lujo de humedecer sus besos por unos instantes, acariciando el rostro de la castaña a medida que continuaba saboreando sus labios.