Miércoles 22 de Julio, 2015
Estaban por dar las 9 am, teníamos que estar en la oficina a las 10 en punto para continuar con las labores de proyectos pendientes y mi padre nos apresuró a mi hermano y a mí hacia el automóvil para evitar retraso alguno. Y como de costumbre, siempre me sentaba a lado de la puerta trasera del lado derecho.
Al salir de conjunto habitacional por mi mente pasó la frase “Hoy voy a valer madre”, sin explicación alguna y no le tomé importancia, así que me puse mi audífonos para no sentir aburrido el traslado y para poder llegar a tiempo mi padre subió al segundo piso para evitar el estrés a causa del caos vehicular.
Mi mente solamente divagaba acontecimientos ficticios conforme pasaban las canciones, poco a poco comencé a sentir el viaje demasiado lento y a sentir el entorno totalmente distorsionado, en ese instante mi conciencia se puso totalmente blanca, me arranqué los audífonos de golpe y me asome a los asientos delanteros; mi padre se veía asustado, intentando maniobrar el auto y estuvo a punto de comenzar a gritar, mi hermano y yo creíamos que le estaba sucediendo algo malo, la carga de adrenalina nos consumió rápidamente y nuestros instintos comenzaron a actuar.
El automóvil coleaba de una esquina a otra golpeando las vigas de la autopista, mi hermano le dijo a mi padre que se tranquilizara y agarro el volante para tratar de controlar los jalones; en sincronía, yo no tenía otra alternativa y jalé el freno de mano, me percaté de que no frenaba y lo intenté nuevamente, pero mi idea no funcionó. De pronto vi que el auto se dirigía en dirección recta hacia la viga de la autopista… No sentí temor de ningún tipo, estaba totalmente consiente de lo que fuera a suceder, dando por hecho que sería mi último día con vida.
Un volantazo de último momento nos hizo continuar en el camino coleando de un lado a otro, me sujete fuertemente de la puerta y de la cabecera del asiento delantero y sentimos un fuerte impacto contra una camioneta comenzamos a girar en círculos, parando agresivamente; desesperadamente me baje de la destrozada máquina para ver cómo se encontraba mi padre, explicándonos que estaba intentando maniobrar el vehículo a causa de un neumático averiado y sin ningún problema todos salimos ilesos, sólo unos ligeros golpes.
La ambulancia estaba por llegar y decidimos comunicarnos con familiares y compañeros de oficina para reportar la causa de nuestra ausencia. El tiempo de espera no fue mucha, la ambulancia llegó al lugar del accidente y el paramédico nos revisó a fondo, mi padre no se encontraba bien, comenzó a tener molestias en las costillas y de forma inmediata fue trasladado al hospital, mi madre ya estaba en el despacho del inmueble esperando nuestra llegada y no nos quedó de otra más que esperar el veredicto de los médicos… Afortunadamente no había nada grave que atentara contra la salud de mi padre, solamente debería de pasar unos días de cama para relajar el cuerpo.
Llegando a casa, mi mente dejó de estar en blanco y comencé a analizar la magnitud del accidente, prácticamente hubiera estado muerto. Curiosamente no fue como dicen en la tv, que vez toda tu vida pasar en un instante, solamente me preocupe por la reacción que tuvo mi padre en el instante.
Y me siento feliz de tenerlo aun conmigo.