Estamos llenos de silencios que ninguno de los dos se anima a romper.
Nos hablamos poco.
A veces nada.
Nos mandamos indirectas disfrazadas de memes.
De canciones.
De "me acordé de vos" que esconden un "todavía te pienso".
Nos hablamos en idioma fantasma.
Uno que solo nosotros entendemos,
pero que nunca nos comprendemos en verdad.
Hay frases que se quedan en la garganta.
Cosas que quisiéramos gritar, pero apenas susurramos en la cabeza.
Y ahí se quedan: flotando entre nosotros.
Como una tensión constante.
Como una pregunta sin signo de cierre.
Vos sabés lo que siento.
Yo sé lo que vos sentís.
Pero ninguno se anima a nombrarlo.
Porque si lo decimos, se vuelve real.
Y si se vuelve real, tal vez se termina.
Entonces jugamos la ley del hielo.
A ese jueguito cruel de mirar sin mirar del todo.
De decir sin decir.
De estar sin estar.
De quedarnos cerquita, pero nunca al alcance.
A veces me dan ganas de romperlo todo.
De mandarte un audio de cinco minutos.
Y decirte que me cansé de hablar con el pecho apretado.
De escribirte lo que no te digo.
Pero me freno.
Porque sé que vos también te frenás.
Y en esa pausa absurda, seguimos.
Nos tenemos de una forma rara.
Como si estuviéramos cuidando algo frágil.
Pero a veces creo que ya se rompió hace rato.
Y lo que estamos haciendo es sostener los pedazos,
fingiendo que todavía es un todo.
No sé si somos cobardes o sabios.
No sé si nos protegemos… o si simplemente no nos bancamos la verdad.
Quizás es más fácil vivir en el "qué hubiera pasado"
que arriesgarse a saberlo.
Quizás el silencio no es escudo: es jaula.
Y nos acostumbramos a vivir adentro.
Lo triste es que hay amor.
Hay historia.
Hay deseo contenido, ganas escondidas, promesas nunca dichas.
Pero también hay miedo.
Del bueno. Del que paraliza.
Del que te hace elegir el silencio antes que perder del todo.
Y mientras tanto, acá estamos:
Escribiéndonos con pausas.
Amándonos con filtros.
Extrañándonos en voz baja.
Tal vez un día alguien diga algo.
Tal vez un día el silencio ya no alcance.
Tal vez un día nos animemos.
O tal vez no.
Y esta historia se quede así:
Llena de cosas que nunca fueron
porque nadie se atrevió a romper lo que no se oía…
pero dolía igual.