Mi padre me decía que para hacer feliz a una mujer no hace falta mucho, es decir, - se explicaba mejor- no se necesita mucho esfuerzo, pero se necesita mucha pasión. No hace falta mucho dinero, pero necesitan de la creatividad. Llévala a pasear, llévala a los callejones de la ciudad. Llévala a mirar las cosas pequeñas, a ver cómo las viejitas riegan en los balcones, que las caminatas ayudan también a enamorarse de más -me decía-. Porque cuando se camina, los pensamientos estúpidos fluyen y solo queda el presente, la belleza del día, ustedes dos. Luego, llévala a tomar un aperitivo. Esa será la prueba del nueve. Tomen un buen aperitivo juntos, descansen de la caminata, beber y comer, ríanse, demonios... ¡hazla reír! Y si después del aperitivo te dice: "yo todavía tengo hambre, ¿vamos a cenar?" Entonces significa que ésa persona está realmente bien contigo, es feliz -decía- porque una mujer cuando está bien, siempre tiene hambre.
Autor desconocido.













