La constitución ético-técnica del humano
¿Qué es lo que hace que la cría del animal humano sobreviva? No los cuidados en sí, sino la constitución –por obra de un acto de reconocimiento del otro– de un mensaje equívoco a partir de una conducta refleja, meramente animal.
Quizá entonces haya que dejar de hablar de «supervivencia»: lo importante no es tanto que ese organismo persevere en su conservación (autoconservación fallida, eso no funciona en nosotros más que a fuerza de ser forzado por el grupo adulto; ¿tiene sentido hablar de pulsiones yoicas, de conservación?), sino que acceda a la autoconciencia, a la vida del espíritu [Hegel].
El ser humano es el llamado dirigido al otro, pero es un llamado que originalmente no está realizado, sino por realizar [Lacan]. Llamar–ser llamado, he aquí la inversión pulsional misma. Ser llamado... —me llamo Jorge. Y en este acto ético de responder, de atender al llamado de eso que llama, el concepto central es la obediencia —la escucha del que está ante (nosotros), ante el adulto [Dussel].
El humano se constituye éticamente [S. Bleichmar]; cabría de este modo elaborar la relación entre la ética y la técnica en su convergencia en la producción humana [Stiegler, Sloterdijk].
Esto es muy cercano a lo que plantea Dominique Scarfone.
La biología en la constitución del mensaje es una interferencia: es la primer codificación en que se establece el mensaje: toda conducta refleja se traduce siguiendo un código de necesidades biológicas (hambre, frío, dolor, sueño). Pero hay otro código, el de las emociones (felicidad, ira, placer, displacer).
[leyendo Silvia Bleichmar, La construcción del sujeto ético].