“Nunca dije que te lo negaría.” bajó la vista como un culpable siendo señalado. “Sólo te daría las peores elementos. Como las vendas más anchas, amarillentas y gastadas, o las curitas color rosa. Sería una especie de moraleja, por tu bien.” se encogió de hombros, aunque no fue tan visible la expresión dado el movimiento que se producía producto del dinámico andar que llevaban. Ahí, ahí recordó algo que le hizo reanimar su tono de voz. “Además indirectamente te burlaste de mi altura.” defendió el enojo ante lo que ahora entendía como una simple chanza. “Una boba broma, ¿Entonces puedo dormir una siesta aquí y tú me esperarás?” su intención era que la previa interpretación suya respecto a las intenciones del guardia, se hiciera realidad. “¿Sí?” intentó recordar las palabras de quien les habían dado las indicaciones, pero nada claro venía a su mente. “¿Qué tan seguro?” sus brazos se habían cruzado, dubitativa.
Chasqueó la lengua, sin saber por dónde comenzar a criticar la actitud de la fémina.— En primer lugar, ¿qué hay de malo con las curitas rosas? ¿Crees que sentiría que mi masculinidad está siendo cuestionada por llevar ese color? —En su manera de preguntarlo estaba el intento por llevarla a sospechar que se había equivocado al asumir aquello.— Y sigo sin encontrar algo bueno en lo que te esfuerzas por hacer que no parezca una venganza —añadió, entretenido por causa de ello.— Eso es completamente falso. No tengo nada en contra de las bajitas, quizá el problema es tuyo —sugirió, indirectamente volviendo a hacer aquello de lo que se juraba inocente.— Claro que no. No me limitaré a esperarte, me uniré a ti en esa siesta. —No le costó asegurar aquello dado que creía que la guardia no estaba pensando realmente en hacerlo, pero mientras tuviese que negarse a darle la razón, tomaría esa siesta sin problemas.— Ahora no lo estoy completamente... Pero dejaré que tú decidas, mi caballerosidad me obliga. ---Llevó las manos a la cintura, esperando por una respuesta de su compañera.









