inmxxrcesible:
No podía parar de pensar en lo que estaba ocurriendo en el campo de batalla, cuanto más lo pensaba, más se enfurecía y más quería decapitar a su padre, pero no, no debía. Ella debía ser distinta al resto de sus predecesores, enorgullecerse de sus actos, hacer todo con suma inteligencia y empatía, siempre teniendo presentes a sus ciudadanos y reinos vecinos con los que debía convivir y esperaba hacerlo en paz. Cada vez su alrededor se llenaba más de gente curiosa por saber quién era, mientras continuaba con la vista al frente y las manos entrelazadas delante de ella, recta, digna de una reina bajo el punto de vista de sus educadores, por lo que algo se le pasó por la cabeza, ¿tal vez esa postura, a sus ahora enemigos, le pareciera una tontería? No lo sabía, no sabía nada de esas gentes, de su cultura, ni de su educación, si es que la tenían, pensó Nereida, a lo que sacudió la cabeza, no quería pensamientos prejuiciosos antes de conocer algo de ellos. Las palabras de su padre hacían mella en ella, toda la vida escuchando verborrea acerca de otras culturas, otros reinos que no se parecían a lo que ellos conocían, eso quería erradicarlo, demostrar que realmente todos podían convivir en paz, olvidar todo lo malo y dar paso a nuevas generaciones con mejor talante que los anteriores. Un silencio sepulcral se estableció en aquella carpa, sabía que alguien importante se acercaba por la actitud de los presentes y así era. No dejó de mirar a aquella mujer, sin siquiera disimulo, le daba igual. Se mantuvo callada, pese a escuchar todo lo que decían, pese a que esa joven se le acercara intimidante, más de lo que tuvo que pasar con su padre ya no le asustaba nada. La mirada estaba fija en los ojos de la contraria, su pelo, su rostro, vestimenta… Estudiaba cada centímetro de ella, intentando averiguar qué ocurría, a parte de lo evidente por las manchas de sangre y barro. “Mi nombre es Nereida.” Hizo una pausa para ver qué reacción tenían los presentes al descifrar su nombre frente a ella. Tras eso, retomó. “Quiero firmar un tratado de paz para nuestros reinos. No quiero seguir con esta guerra absurda, lejos de una paz que debería haberse impuesto hace tiempo y que nadie quiso comenzar. Me hallo aquí para ese propósito, sin más muertes. ¿Aceptáis?” Anduvo unos pasos hacia ella para acortar distancias, para no sentir aquello tan frío, que razón no le sobraba al momento para sentirse de tal forma. Volvió a haber silencio por su parte, tal vez la cabeza de la contraria estaría dando vueltas a todo aquel asunto, nadie en mucho tiempo se había decido a hacer aquello, o tal vez, simplemente, la mandarían ejecutar, pues estaba ella sola y no había quien la socorriera.
Las risas se expandieron por el lugar, la de Wanda entre ellas. ¿Paz? ¿No más muertes? La guerrera la miró con desprecio. ¿De dónde había salido? ¿Es que no veía la realidad presente a su alrededor? Menuda incrédula. De pronto Katxa se puso en pie y el silencio cayó en la sala, pues todos la respetaban y nadie osaría interrumpirla. A una orden silenciosa, indicó a los dos guerreros que habían cruzado sus lanzas entre ellas que se retiraran y ella bajó los dos escalones que precedían al trono para terminar por cortar la distancia con la recién llegada. Ambas se miraron a los ojos y Wanda no podía estar más expectante, no subestimaba en lo más mínimo a su comandante.
“Llegas aquí, en medio de la contienda que se está celebrando ahí fuera, a decirnos a mí y a los míos, quienes fuimos subyugados, arrastrados y abandonados a la suerte y a los brazos de la muerte, que quieres firmar por la paz” sonrió, como si lo que acabase de contarle fuese un chiste “¿Quién te ha mandado? ¿Cómo puedes demostrarnos que es verdad todo cuanto dices?” la retó, mirándola de arriba abajo “No niego que hablas como una reina y portáis una vestimenta digna de ello, pero... ¿acaso si no cogen a una prostituta, la visten como es debido y la enseñan cómo debe hablar, no podría hacer lo mismo, Nereida?” se burló de manera dañina, pues tal era su odio hacia su gente. “Tu nombre no nos dice nada” musitó entre dientes y se volvió hacia sus guardias “Apresadla” mandó y miró a Wanda “Llévala junto con los otros rehenes” indicó, tras lo que se dio la vuelta para volver a sentarse en el trono.
La jefa de guerra celebró la orden con un grito y fue a por su presa, la cual intentaba huir, pero tenía pocas posibilidades.
“¿De verdad pensabas que te íbamos a creer?” se rió cuando llegó a su altura y le dedicó una sonrisa pérfida mientras ladeaba la cabeza “Si de verdad eres alguien importante, tus lacayos vendrán a por ti y entonces te creeremos” sujetó sus brazos con fuerza para que no escapara y pudieran atarla. Después le dio un empujón para que comenzase a caminar “Vamos, princesa, camina”.









