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#077 Arroz con guiso de gandules.
Cronicas becarias #02: La Gastrocroqueteria de Chema
Lo siento, mamá
Escuchad un consejo, hijos del mundo: una madre no quiere un trofeo de plástico sobre la tele en el que ponga “a la mejor madre del mundo” (nadie lo ha comprado nunca, ¿a que no? Ya, claro). No, el premio que una madre quiere es que su hijo diga a sus amigos “mi madre hace unas croquetas que te mueres”. Ése es el trofeo materno. Nosotros no lo sabemos, pero existe una liga secreta de madres en pugna por ver quién hace la mejor croqueta, y estoy seguro de que mi madre va en cabeza. Sí, mi madre podía estar orgullosa de mí y de sus croquetas. Yo nunca había probado unas mejores, y me regodeaba de ello en cuanto tenía oportunidad. No imaginan el suplicio al que sometía a mis amigos el día que las comíamos en casa. La croqueta de pollo materna fue mi única religión desde mi nacimiento allá por 1988 hasta marzo de 2012, fecha en la que aparece la Gastro-Croquetería ante mí, y todo se desmorona.
Entré al restaurante con la idea de torturar a mis acompañantes durante toda la velada con proclamas sobre la superioridad de la croquetas de mi madre, y salí al borde del llanto. Chema Soler, chef del local, acababa de vencer a mi progenitora. “Chema, te desafío a un duelo. Elijo croquetas y al anochecer”, me dije. Y va el chef valenciano y me vapulea. El duelo no fue directo, claro: yo fui en calidad de intermediario de mi señora madre, y María Puyo, que atiende la sala del pequeño restaurante, como representante del chef-duelista. El primer disparo son unas croquetas líquidas de queso sobre fritura de tomate y aceitunas negras. El proyectil da en el blanco y hace que mi ánimo se desparrame como se desparrama el queso de las mismas en mi boca. La croqueta es el Gato de Schrödinger de la cocina, hasta que no das el primer bocado no sabes exactamente qué vas a encontrar dentro. Ésta, en concreto, es el claro paradigma. “Aguanta el tipo, que no se note que estás herido” me dije, pero conforme se sucedían los platos la cosa no hacía más que empeorar. No sé si el golpe de gracia lo dieron las de setas sobre tomate caramelizado y parmesano o las de gorgonzola con piña, pero a esas alturas tengo claro que ya me había rendido. Lo confieso, maldita sea, eran las mejores croquetas que había probado. Lo siento, mamá. Tomemos algo dulce, volvamos a casa y olvidémonos de esto. Imposible: resulta que los dulces también son croquetas, y son lo mejor del maldito restaurante.
¿Con qué cara miro yo a mi madre ahora? ¿Pido perdón a mis amigos? ¿Escribo una carta de rectificación? Si la culpa es mía, por meterme donde no me llaman. Mi atrevimiento le ha costado a mi madre el título de las mejores croquetas. Al menos, ya sé cómo resarcirme de mi error: en cuanto venga a visitarme a Madrid, la pienso invitar a cenar al a Gastro-Croquetería.
La Gastrocroquetería de Chema Calle Segovia, 17 913 642 263
#076 Tortilla de manzana y jamón tostado.
#075 Pulpo a la gallega... sin pulpo. #ojaladinero #pobrezaconhumor
Reflexiones frente al tupper #003: Action Mans, Alfombras y medios. Una reflexion roaldahliana.
Cierren los ojos. Respiren hondo. Retrotraíganse a su infancia. ¿Recuerdan los Action Man? Vale, no, no frunza el ceño, señor, también me vale un Madelman o hasta, si me apura, un Gi-Joe. ¿Y qué era un Action Man? Pues eso, un Action Man. Esto parece evidente, ¿verdad? Pero no abran los ojos todavía. ¿Siguen en su infancia? ¿Recuerdan la alfombra? Esa amplia alfombra de complejas franjas de colores. ¿Y qué era la alfombra? ¿La alfombra era una alfombra? No. La alfombra era una aventura. Sus franjas rojas eran lava, las negras, serpientes, y las grises, rocas por las que saltar y evitar un trágico desenlace.
Abran los ojos. Están de nuevo en el Siglo XXI, para bien o para mal. Ya no son tan niños pero, lo crean o no, siguen manteniendo esa habilidad para convertir lo cotidiano y ordinario en una aventura. Ya que tienen los ojos abiertos, miren al frente, a la pantalla. Si me están leyendo, están frente a un blog. ¿Y qué es un blog? ¿Un blog es un blog? No. Un blog es un diario personal, un templo en el que buscar inspiración (o gatitos, o porno) o un lienzo en blanco en el que sacar el artista que llevan dentro. No hay más que mirar cómo un tema tan encorsetado (en tratamiento y espacio) en los medios convencionales como la Gastronomía se expande en la Red, con propuestas tan variopintas y divertidas como las "alimentrevistas" de Ana Ribas, los bocadillos escaneados de Scandwiches, las ultracalóricas recetas de This is why you´re fat, los descacharrantes errores culinarios de Pinstrosity…
Ante esos Action Man que son los medios convencionales, con sus comedidos y limitados contenidos, surgen las alfombras de los blogs, y muchos periodistas se lanzan a jugar en ellas. ¿Les suena Carlos Maribona? ¿Rosa Rivas? ¿José Carlos Capel?
Pero, ya que tienen los ojos abiertos, dejen de mirar hacia la pantalla. No, no se hagan un Tumblr todavía. Miren al suelo, a la alfombra. Borren sus sonrisas. Después, sus cuentas de Wordpress. ¿No se han dado cuenta aún? Ya no son niños. Estamos en el siglo XXI y en su casa, menos usted, todo el mundo se dedica a pisar y ensuciar la alfombra.
#074 Garbanzos fritos con panceta y pimiento
Cronicas becarias #01: Restaurante La Lupita
El ceviche y el esnob. Una historia de amor
Soy un maldito esnob. Ése que escuchaba a los Sonic Youth antes que nadie, y que dejó de hacerlo cuando empezó a conocerlos todo el mundo. Por suerte, con la comida no me pasa. Con la comida soy peor.
¿Conocen El Submundo? Sí, el “chino para chinos”, el que está en un subterráneo en Plaza España. Yo lo frecuentaba antes que nadie, y dejé de hacerlo cuando empezó a conocerlo todo el mundo. Así fue como me puse a indagar buscando mi nuevo restaurante favorito, y así di con el “peruano para peruanos”, La Lupita, y encontré mi nuevo plato fetiche, el ceviche.
La primera vez que entré a este local, hará cuatro años, un señor beodo me reprochó que les robáramos el oro en 1492. Me enamoré. No, del borracho no, del restaurante y del ambiente: Familias enteras comiendo raciones de un tamaño que yo no podía imaginar (y mucho menos comer), pollos asados e Inca Colas en todas las mesas, cartas plastificadas que entendía todavía menos que las del “chino para chinos”. ¿Tamal? ¿Chicha? ¿Chicharrón? ¿Ceviche? Póngame uno de esos.
¿Saben por qué me enamoró la gastronomía peruana? ¿Conocen la cocina de fusión? Pues los peruanos YA la practicaban antes de que se pusiera de moda. Y como ejemplo por antonomasia, el ceviche. ¿Se han fijado que en Perú hay una gran masa de población con apellidos japoneses? El expresidente Fujimori, el gran escritor Fernando Iwasaki, el futbolista Ernesto Arakaki… Esto se debe a que, a principios del s. XIX, una gran corriente de inmigración japonesa llegó a Perú. Allí, nostálgicos, con morriña de su tierra, encontraron un plato milenario, el ceviche, y descubrieron en él la forma de seguir comiendo pescado crudo sin morir en el intento: solo había que dejarlo macerar con lima, ají y cilantro. Lágrimas corrían por sus caras, y no todas de emoción: Aquello picaba como los infiernos.
Sebiche, con “b”; seviche, con “v”, cebiche, con “b”; y ceviche, con “v”. Todos valen según la RAE. Un plato cuyo nombre puede escribirse bien de cuatro maneras diferentes no puede estar malo. El camarero de La Lupita, condescendiente, me ve tan blanquito, tan poco peruano, que me lo pone sin picante, y yo, que soy un tipo auténtico, le digo que me traiga el ají. Salgo de allí inundado de mocos y lágrimas, maldiciéndome, pero deseando volver.
Que me pongan extra de picante. Más. Más. Más. Pienso reventar en este restaurante antes de que lo conozca todo el mundo.
#073 Arroz al curry con frutos secos. Receta de @rhitas
#072 Pastel salado de manzana y gorgonzola. Receta de @gastronomiaycia
#071 Crema de invierno con nueces y huevo duro.
#070 Sopa castellana
#069 Tortilla de patatas (de bolsa) con tomillo y orégano
#068 Atascaburras. #Orgulloalbaceteño
#067 Sopa fría de tomate con albóndigas de queso Old Amsterdam.
#066 Tortellini con champiñones, ajo y jamón. Tupper de la compi de piso, @chochopaniko