Selva Almada Chicas Muerats

tannertan36
AnasAbdin

titsay
Cosmic Funnies
trying on a metaphor
Misplaced Lens Cap

roma★
will byers stan first human second
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open

oozey mess
ojovivo

Love Begins

#extradirty

Product Placement
he wasn't even looking at me and he found me

Kaledo Art

shark vs the universe
One Nice Bug Per Day

祝日 / Permanent Vacation
Xuebing Du

seen from Canada
seen from Peru
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from Türkiye
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from Singapore

seen from United States

seen from United States
seen from Canada

seen from United States

seen from United Kingdom

seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from Austria
seen from Finland
seen from United States

seen from Canada
@espaciopoche
Selva Almada Chicas Muerats
El hombre que fue viernes Juan Forn
Paolo Giordano La soledad de los números primos
Milena Busquets Esto también pasará
La posibilidad de una isla, Michel Houellebecq Ciertamente, yo era un agudo observador de la realidad contemporánea; lo que pasa es que me parecía tan elemental, pensaba que en la realidad contemporánea quedaba tan poco que observar: habíamos simplificado tanto, aligerado tanto, roto tantas barreras, destrozado tantos tabúes, tantas esperanzas equivocadas, tantas aspiraciones falsas; realmente quedaba tan poco… Desde el punto de vista social estaban los ricos y estaban los pobres y había unas cuantas y frágiles pasarelas; el ascensor social, tema sobre el que era obligado ironizar (…) Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla [Kindle Edition]. pg. 9, loc. 130-134. (…) el reconocimiento artístico, que permitía acceder a las últimas financiaciones públicas y, a la vez, a una cobertura correcta en los medios de referencia, se dirigía sobre todo, tanto en el cine como en los demás terrenos, a producciones culturales que hacían apología del mal; o, al menos, que ponían seriamente en tela de juicio los valores morales calificados de «tradicionales» por convención lingüística, en una especie de anarquía institucional que se perpetuaba a través de minipantomimas cuyo carácter repetitivo no les restaba, en opinión de la crítica, ningún encanto; tanto más cuanto que le facilitaba la redacción de reseñas prefabricadas, clásicas, que sin embargo podía presentar como innovadoras. En resumen, la ejecución de la moral se había convertido en una especie de sacrificio ritual productor de una reafirmación de los valores dominantes del grupo, articulados desde varias décadas atrás en torno a la competencia, la innovación y la energía más que la fidelidad, la bondad y el deber. Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla [Kindle Edition]. pg. 31, loc. 467-474. (…) un horror, un auténtico horror ante ese calvario ininterrumpido que es la existencia de los hombres. Si la cría humana es el único ser de todo el reino animal que manifiesta en el acto su presencia en el mundo con ininterrumpidos alaridos de sufrimiento, está claro que sufre, y que sufre de una forma intolerable. Quizás se deba a la pérdida del pelaje, que vuelve la piel tan sensible a las variaciones térmicas sin protegerla realmente del ataque de los parásitos; quizás sea una anormal sensibilidad nerviosa o quién sabe qué defecto de factura. En todo caso, a cualquier observador imparcial le resulta evidente que el individuo humano no puede ser feliz, que no ha sido concebido en absoluto para la felicidad, y que su único destino posible es propagar la desgracia a su alrededor, haciendo que la vida de los demás sea tan intolerable como la suya propia; y por lo general, sus primeras víctimas son sus padres. Armado Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla [Kindle Edition]. pg. 42, loc. 635-642. La mente humana se desarrollaba, explicó, mediante la creación y el reforzamiento químico progresivos de redes neuronales de longitud variable, que podían abarcar de dos a cincuenta neuronas, a veces más. Como el cerebro humano contenía miles de millones de neuronas, el número de combinaciones, y por lo tanto de redes posibles, era inaudito; por ejemplo, superaba con mucho el número de moléculas del universo. El número de redes utilizadas era muy variable de un individuo a otro, lo cual bastaba, según él, para explicar las innumerables gradaciones entre la imbecilidad y el genio. Pero había algo aún más notable: una red neuronal utilizada a menudo se volvía, a consecuencia de las acumulaciones iónicas, cada vez más fácil de utilizar; en resumen, que existía un autorreforzamiento progresivo, y eso se aplicaba a todo: las ideas, las adicciones, los humores. El fenómeno podía verificarse tanto en las reacciones psicológicas individuales como en las relaciones sociales: tomar conciencia de los bloqueos los reforzaba; exponer con pelos y señales los conflictos entre dos personas los volvía, por lo general, insolubles. El Sabio emprendió entonces un ataque sin piedad contra la teoría freudiana, que no sólo no tenía la menor base fisiológica consistente, sino que conducía a resultados dramáticos, directamente opuestos a la meta deseada. Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla [Kindle Edition]. pg. 80, loc. 1226-1236. (…) la aparición en Europa occidental de movimientos inspirados en una ideología de un extraño masoquismo, llamada «ecologista», aunque sólo guardara escasa relación con la ciencia del mismo nombre. Esos movimientos insistían en la necesidad de proteger la «naturaleza» contra las actuaciones humanas, y abogaban por la idea de que todas las especies, con independencia de su grado de desarrollo, tenían idéntico «derecho» a la ocupación del planeta; a decir verdad, algunos seguidores de esos movimientos parecían incluso tomar sistemáticamente partido por los animales en contra del hombre, sentir más congoja ante el anuncio de la desaparición de una especie de invertebrados que ante el de una hambruna que diezmara la población de un continente. Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla [Kindle Edition]. pg. 330, loc. 5052-5057.
Felices los felices yasmina reza editorial anagrama
Una semana en la nieve. Emmanuel Carrêre Ed. Anagrama
Richard Ford, Canadá. 512 pág. Ed. Anagrama
Nicolo Ammaniti. Que empiece la fiesta.(Che la festa cominci, 2009) Argentina, 2011. Ed. Anagrama. Traducción: Juan Manuel Salmerón 336 pág.
Josefina Licitra, Los Otros. Una historia del conurbano bonaerense. Buenos Aires. Editorial Debate. 2011. 1° edición. 232 pág.
Emmanuel Carrère, El adversario
La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker
HEBE UHART, "TURISTAS"
Emmanuel Carrère "De vidas ajenas"
Martin Rejtman - Tres Cuentos
Jeremías Gamboa - Contarlo Todo
Sergio Bizzio - Chicos.