Esta noche había en el aire un olor a tiempo. Tomás sonrió. ¿Qué olor tenía el tiempo? El olor del polvo, los relojes, la gente. ¿Y qué sonido tenía el tiempo? Un sonido de agua en una caverna, y una voz muy triste, y unas gotas sucias que caen sobre cajas vacías, y un sonido de lluvia. Y más todavía ¿A qué se parecía el tiempo? A la nieve que cae silenciosamente en una habitación oscura, a una película muda en un cine muy viejo, a cien millones de rostros que descienden como esos globitos de año nuevo, que descienden y descienden en la nada. Eso era el tiempo, su sonido, su olor. Y esta noche (y Tomás saco una mano fuera de la camioneta), esta noche casi se podía tocar el tiempo…
Crónicas Marcianas - Ray Bradbury (via fmeandyou)














