Piedra en la garganta.
Puedo pasar la noche con ganas de llorar y ser triste el resto de mi vida, pero puedes estar tranquila.
Puedo basar mi existencia en superar perderte o puedo aprovechar el momento para recuperarte, pues son en las horas más oscuras cuando mi verdad es más sincera.
Pero, está bien si quieres darme media espalda y ver de reojo como me consume la miseria. Puedes tomar agua mientras me marchito acostado en mi cama, Puedes jugar a las cámaras mientras mi cuello se hace el mejor amigo de la soga que cuelga de la rama del viejo árbol.
Ve, dile a tus amigos que te preparen un té y te traigan una silla para que esperes cómoda el momento en el momento que más anhelo justo ahora; que mi corazón muera y le pongas una corona de espinas.
Lo digo en serio. Luces bien fumándote un cigarro sentada en una vereda bajo la luz tormentosa del sol mientras lejos estoy yo caminando descalzo con yagas por quemaduras en mis pies.
Se ven hermosos mis mensajes que quedan en visto. Se sienten geniales las estacas de hielo que me clavaste en los hombros la última vez que nos vimos.
Quédate ahí para la foto, no te muevas. Quiero conservar el momento en el que te retiras a las tinieblas como si fuese una balsa salvavidas y zarpas buscando nuevas emociones, dejándome como capitán de un barco roto cuyo destino es hundirse y convertirse en un fantasma que camine quejumbroso por las tablas chillonas de un muelle cerca de donde naufrago.
Voy a morir de nuevo, y van a quedar muchas páginas en blanco en donde pude haber escrito mis motivos por el cual quise ser dueño de tu sonrisa, amaneceres, atardeceres y las noches más hija de putas que pudiese haber parido este hostil planeta.
Pero allá vas tú, y aquí voy yo.









