Siguiendo con la cuestión de las casas, este verano he entendido también lo importante que es que los lugares te entiendan. O mejor dicho, lo importante que es hacer entender y acomodar tu existencia a ese lugar que uno desea llamar hogar. Construir un hogar, hacer de un sitio parte de tu casa significa camuflar tu huella; hacer de tu rastro parte natural del lugar.
Hay cierto individualismo triste en la manera que dialogamos socialmente sobre los hogares como lugares que aprendemos a sentir como tal, como lenguajes ajenos que acabamos por entender; como si dependiese exclusivamente de nosotros la aceptaciĂłn. No creo que sea asĂ: una casa lo es cuando todas las voluntades y tensiones se entrelazan, cuando la genealogĂa deja de ser un pasado y se convierte en compromiso. Eso es. Un hogar, es decir, una familia hecha espacio -literal o simbĂłlico- es un compromiso firme genealĂłgico. Y uno que se afirma orgulloso cada dĂa.












