—Entiendo, porque lo primero que piensan las mujeres al oir ruido cerca… Es que un depredador sexual vendrá y las atacara.— Un tono algo molesto sonaba en su voz pero cuando sintió el contacto contrarío de la castaña sus facciones se relajaran y él soltó un resoplo. —Esta bien. Ya olvidalo, solo vayamos a un hospital antes de que me quede completamente ciego.— Movió la cabeza para despabilarse y acepto la ayuda del soporte que le daba el brazo ajeno pues su vista se nublaba poco a poco. —Okay, eso no se escucha muy alentador.— Sonrió ante el comentario sarcástico ajeno. —Oh… ¿En serio crees eso? Deberías verlos cuando no se están derritiendose en mi rostro.— Acompaño con tono bromista sus palabras casi aceptando los cumplidos ajenos.
— Oh, claro, que paranoicas que somos las mujeres andando por ahí con un gas pimienta, ¿no? No es como si esas cosas sucedieran todos los días—le soltó en un tono irónico, notando el tono del chico. Suspiró para calmarse y continuó con sus acciones, recordándose de que no podía pelear con el después de que lo había rociado con el spray.—Sí, deberíamos ir rápido. Solo déjame pensar cuál es el hospital más cercano de por aquí...—le dijo mientras rebuscaba en su mente el camino al hospital que había cerca de allí. En esos momentos se arrepentía de no tener la habilidad de recordar el nombre de las calles, pero sí el de poder recordar los caminos. Se rió mientras escuchaba al chico y sus comentarios sarcásticos—¿Seguro que querrás seguir viéndome después de lo que pasó? —le dijo mientras ya salían del estacionamiento y se dirigían hacia la calle—¿Te duele mucho?—le preguntó con un poco de culpa en su voz.










