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El rizado se quedo algo confundido por la forma en que había sonado la reprimenda espetada de la castaña y, más aún cuando parecía impresionada de si misma, por lo que genuinamente se formó una leve sonrisa, a la vez que sus esmeraldas se incrustaron intrigados en la antagonistas, mientras se dedicaba a escucharla a medias, pues el inseguro termino de su argumento, no hizo más que intensificar la sonrisa divertida que yacía en sus labios. Pero, en cuanto formuló aquella pregunta, se encontraba igual de confundido. Hasta que la dejo libre de su contacto visual por unos segundos, en cuanto bajaba la cabeza, soltando unas risas y su ceño se fruncía extrañado. ‘ ¿Sí?… entonces, hay que darles consejos a los niños… Chicos, no le hagan caso a sus padres porque son unos malditos-jodidos mentirosos, hijos de su abuela. El viejo Santa Claus, no existe, ni ninguna de esas mierdas, no se traguen nada. Oh, no le hagan a las drogas… hasta los diecisiete y, coman muchos dulces. ’ vociferó a propósito con un aire presuntuoso, y una satírica a la vez traviesa curvatura en sus carmesíes. ‘ Dije… perdón por mi vocabulario, señorita ’ concluyó cambiando drasticamente su tono y, modulación, apretando pronto sus labios con su dentina, para no reír, puesto que había dicho todo para molestarlo.
Isabella se dedicó a observarle con curiosidad, esperando su reacción más allá que el par de risas dadas. Porque no es que estuviese en una posición para juzgar, pero realmente parecía uno de aquellos chicos incapaces de callar tras un comentario como el suyo. Por eso, expectante, aguardó. No obstante, no se esperó algo así. Oh no, eso sí que no. Como buena defensora de toda inocencia permitida, demandó a sus piernas dirigirse con rapidez hacía donde el joven yacía. Ya era demasiado tarde, pues el de ocelos claros ya se había dignado a soltar tales barbaridades como aquellas, pero aún así, alzó su delgado brazo y tapó la boca ajena con su mano derecha. ‘ No... ’ susurró, manteniendo la cercanía. Mordisqueó su labio y decidió dejar la vergüenza de lado por el bien de todo infante que decidiese dar con el canal del reality. ‘ No hagas eso. No dejes que la inocencia de unos pobres niños se hunda por un simple capricho o por llamar la atención. Déjales ser felices en su mundo de hadas y cosas inimaginables como ese viejo Santa Claus. No dejes que se den cuenta del mundo en el que vivimos demasiado rápido, ¿sí? Tienen todo el derecho a tener una infancia llena de sueños en la que combaten con dragones y rescatan a príncipes y princesas. En serio, ya tendrán tiempo para crecer ’ dijo bajito, pues tan sólo buscaba convencer al muchacho. Claro que su inocencia no le permitía ver que probablemente subtitularían su conversación para que llegase a ser entendible. ‘ No quiero que un pobre niño no duerma hoy por tu culpa y por el hecho de haber estado haciendo zapping en la televisión ’ finalizó con una sonrisita, dejando poco a poco la boca ajena en libertad. Y es que pese a que la joven viese lo bueno en las personas, no dejaría ---como dictaba su naturaleza defensora--- que las palabras ajenas afectasen a cierta parte de la población.













