Hola, soy Jae, tengo 17 años y decidí involucrarme en la escritura, por lo que en este blog podrán encontrar mis diversos textos que voy haciendo a lo largo de este 2023.
A lo largo de mi vida he leído diversos libros de lo que se podría considerar "Young Adults" (Adultos jóvenes), por lo que mi tipo de escritura se dirige a esa dirección.
Varios de mis textos abarcaran diferentes temáticas, por lo que se puede encontrar un poco diverso al leer un texto y otro. Igualmente te recomiendo leer los textos en orden de publicación ya que puede haber algún texto que tenga continuidad en otro apartado de texto.
Espero que mis textos sean de su agrado y los inspiren a escribir un poco mas o empezar a escribir sus pensamientos.
La lista de mis textos en orden la pueden encontrar aquí al igual que pueden encontrar algunas canciones que me inspiran a la hora de escribir.
Siempre me dijeron que la venganza sería dulce, pero ahora que la pruebo nunca pensé que podría llegar a saber tan amarga.
Las miradas vacías de todas las personas rodeándome, vestidos de negro a pesar del calor que hace esta tarde de verano… no puedo leer la mente de los demás, pero sabía que por lo menos algunos de ellos deberían estar pensando –Estaba muy joven para irse tan rápido–, pero quien era yo para esperar a alguien con otro tipo de pensamiento, alguien que se sienta agradecido por lo que paso; pero después de todo ni yo me siento agradecida por lo que paso. Eso no significa que lamento que Nithar haya muerto, después de todo es su funeral y se tenía bien merecido todo lo que le sucedió.
Ver a la gente pasar al ataúd de Nithar y dejar por lo menos una flor, de seguro recordando sus momentos con él, mientras lo único que yo podía recordar era cómo actuaba en la escuela, cómo se la pasaba la mayoría del tiempo rodeado de sus amigos con una sonrisa plasmada en la cara y sus ojos que se achicaban al sonreír, cómo al estar solo durante clases se hacía uno con la pared más callado que un fantasma con toda su atención enfocada en su celular; sin ser cachado por los maestros. Solo recordaba eso después de todo nunca fui cercana a él como otras personas, ni sé que hago aquí en su funeral, pero al parecer las invitaciones para despedirse de Nithar fueron enviadas a todos los habitantes del pueblo, después de todo su familia es una de las más importantes del pueblo.
El ataúd de Nithar empezó a descender al suelo para ser enterrado, lentamente las personas se empezaron a retirar luego de ver por última vez al fallecido, me quedé viendo la escena desde la sombra de un árbol hasta el punto de estar solo la familia de Nithar y algunos de sus conocidos más cercanos, empecé a retirarme cuando el sonido de las hojas crujiendo al ser pisadas me hizo levantar la vista.
—¿Buenas tardes? –. Pensé que estaba viendo un fantasma enfrente de mí, pero sabía que no era posible
—Buenas tardes … Aliah, ¿verdad? —. La voz desconocida que salió de enfrente de mí…no sé cómo sabe mi nombre, pero solo pude asentir —Soy Hitori el hermano mayor de Nithar ¿era usted amiga de mi hermano? —
—No, la verdad casi ni lo veía en clases, solo vine como muestra de respeto—. Le dije e intenté irme sin embargo su siguiente comentario hizo pararme.
—Entonces no sabría nada de lo que le paso a mi hermano —
—No, lo siento —. Al no decir nada al instante volví a caminar
—Tú ya pasaste por esto, ¿no? Con tu hermana … dime ¿cómo lidiaste con esto? —
Ninguna respuesta honesta vino a mi cerebro rápidamente, lo volví a ver y noté el parecido que tiene con Nithar como la forma y el color de los ojos al igual que el tamaño de la boca, lo único que me distraía era la mirada que tenía, uno pensaría que estaría triste yendo a depresión, pero su mirada era neutra no podía saber nada de lo que buscaba como respuesta. Duda sobre decir la verdad me lleno completamente, si le decía la verdad él no me entendería, de eso no hay duda, por lo que dije lo siguiente que se vino a mi mente.
—Simplemente encontré otras cosas en donde enfocar mi tristeza y… mi confusión sobre lo sucedido —. Venganza mi boca quería pronunciar sin permiso de mi cerebro.
La verdad si sabía qué hacía en ese funeral, quería ver a Nithar ir bajo tierra, comprobar por mí misma que no iba a regresar, después de todo, aunque no me haya relacionado con Nithar personalmente eso no significa que no sepa todo lo haya hecho a lo largo de su corta vida, pocas personas quedan en el mundo que saben sobre lo que hizo, yo siendo unas de ellas.
El plan inicial era que nadie encontrara el cuerpo de Nithar, pero hay veces en las cuales tenemos que improvisar cuando surge una emergencia, y a pesar de todo la venganza sabe dulce, con un toque amargo, pero sobre todo dulce como la cereza encima del postre.
Estar en el funeral de Nithar y la breve conversación que tuve con Hitori me hizo recordar bastantes cosas las que pensé que ya había superado. En ese entonces yo no tenía idea por nada que le pasaba a Laelia, a pesar de tener un año de diferencia, no me relacionaba tanto con ella cómo para saber lo que le pasaba en su día a día, y a pesar de todo hasta este día me arrepiento de no haber tenido una relación cercana con ella; después de todo, no es un evento común que de un día para otro tu hermana haya decidido pasar de gritar silenciosamente a ir a una vida mejor
La mirada perdida de Laelia me llamó la atención haciéndome enfocar en ella —¿Estas bien Laelia? —. Le pregunté haciendo que sus ojos se dirigieran a mí. Ella empezó a jugar nerviosamente con sus manos, sus uñas cortas por tanto morderlas.
— Sí, estoy bien sólo preocupada por el examen de admisión —. Las palabras salían de su boca, pero sus acciones me decían más de lo que ella pensaba. — No te preocupes, eres una de los mejores promedios de la escuela con que repases un poco te va a ir bien —. Le dije intentando reconfortarla, sin embargo, mis palabras hicieron un efecto casi nulo en su actitud.
El sonido de su celular la hizo temblar por un pequeño momento, de seguro pensó que no lo noté, pero sus manos igualmente temblaban. Al terminar de leer la notificación asentó su celular en la mesa.
– ¿Todo bien? –. Le pregunte al verla voltear paranoicamente alrededor del pequeño café, otra notificación le llego al celular, pero por estar tan preocupada o distraída, yo pude alcanzar a ver quién era el contacto “H.N”. Por un tiempo parecía que el silencio reinaba en toda la cafetería, el tintineo de la campana anunciando la entrada de una persona hizo a Laelia voltear a ver histéricamente, con prisa empezó a guardar todas sus cosas.
–Vamos Aliah, ya es muy tarde, mamá y papá deben estarnos esperando –. Agarro su bolsa y empezó a salir de la cafetería, al verla desaparecer rápidamente en la multitud me apresuré y salí detrás de ella, chocando con algunas personas que entraban al café.
Podría no haber sabido lo suficiente de lo que le sucedía en ese entonces, pero al fin de cuentas la verdad no se queda oculta para siempre, tarde o temprano va a tener que salir, y puede ser que esa verdad no sea lo que esperabas. El sol que empezó a descender haciendo que me percatara de mis alrededores, dándole una última vista a la tumba enfrente de mí, empecé a dirigirme a las afueras del cementerio, el eco de unos pasos detrás de mi me hicieron detenerme y ver a la persona siguiéndome.
–Ya te había dicho que no sé nada de lo que le paso a Nithar, de verdad es una pena su muerte, pero no porque sospeches de mí significa que debes invadir mi privacidad –. Sus ojos cafés se abren sorprendidos al ser cachados, ningún sonido sale de su boca para confrontarme, pero el pequeño tintineo de sus brazaletes rompe el silencio al buscar algo en su bolsillo.
–No te estoy acusando de nada, pero pensé que deberías ver esto –. El brillo de la pantalla de su celular ciega mis ojos por unos segundos, imágenes de varias conversaciones son lo que me enseña.
–Al parecer mi hermano y tu hermana estaban involucrados de alguna manera… algo los llevo a que esto pasara–. Su mirada sigue como la primera vez que lo vi, sin poder descifrar algo de sus reacciones, no sabía si habla seriamente o no.
–Puede ser que mi hermana y tu hermano se traían algo, pero lo que le sucedió a mi hermana no fue algo que paso místicamente… lo que la hizo tocar fondo fue tu hermano–. Sin sacar reacción alguna de él hace que más palabras de ira guardada sigan brotando de mi boca.
– No estoy segura de qué más haya pasado entre ellos, pero de lo que estoy segura es que tu hermano no era un santo –. El frío de la noche empieza a envolver el aire del cementerio, el rostro serio de Hitori, me hace saber que esto no es información nueva para él.
–Lamento lo de tu hermana, sé que mi hermano no era totalmente bueno, pero solamente quería pedirte ayuda para encontrar algo que me diga que paso… darles a mis padres algo de clausura –. Su voz suena sincera y por primera vez sus ojos se suavizan.
Ayudarlo a encontrar algo sobre su hermano, sería ponerme entre la espada y la pared, pero al ver emoción por primera vez en su cara me hacía querer ayudarlo, era como un niño pequeño buscando la luz en un cuarto oscuro. Si lo ayudaba podría traer algo de beneficio para mí.
Todo era una mentira, o al menos eso pensabas en ese momento; luego de que hablaras con Hitori esperabas no encontrártelo de nuevo, sin embargo habías prometido ayudarle a encontrar información sobre lo que le sucedió a su hermano, en ese momento planeaste solo decirle que lo ayudarías para que te dejara de molestar, pero al parecer él sí creyó que hablabas en serio, por lo que estaba destinado a que te lo vuelvas a encontrar.
Estar parada frente a una casa en medio del bosque no era como pensabas pasar la noche, la casa era muy antigua y parecía apunto de derrumbarse si ponías un pie dentro, se desmoronaría antes de que pudieras salir; la oscuridad de la noche rodeaba todo el bosque haciendo que la casa te diera más vibras tenebrosas.
— Chequé los registros de su celular y dice que estuvo viniendo muy seguido a esta casa —. Te dice Hitori, quien estaba parado a un lado tuyo. Observas cómo a pesar de estar en un ambiente nada cómodo, Hitori parece disfrutar de estar afuera a altas horas de la noche; o al menos eso pensabas acerca de él viendo su rostro inexpresivo. El rugido del viento por el bosque hace que quieras entrar a la casa para refugiarte de cualquier cosa extraña dentro del bosque,
— Pudimos haber venido a investigar por la mañana, ¿sabes? No es como si todo el pueblo estuviera en el bosque todo el día—. Le respondes a Hitori mirando frenéticamente entre la oscuridad de los árboles. Escuchas cómo deja salir una pequeña risa grave que te hace voltear a verlo. —¿Cuál sería la diversión en eso? Venir a investigar cuando aún hay luz hace que se le vaya lo interesante—. Te contesta empezando a caminar hacia la casa, al ver que ya estaba entrando a la casa, corres apresuradamente detrás de él para no quedarte sola en medio del bosque.
Hitori te llevaba dos años de edad, ya estaba en la universidad, mientras tú estabas apenas aplicando a diferentes universidades con diferentes opciones de carrera, ya que aún no sabías a qué dedicarte, sin embargo, los recientes acontecimientos hicieron que te detuvieras, y empezarás a investigar qué le pasó a tu hermana.
Al entrar a la casa lo primero que te dio bienvenida fue la nada… no podías ver nada en frente de ti, dudaste si volver afuera y esperar a que Hitori se cansará de buscar y se pudieran retirar, pero no tomaste esa decisión al notar que al haber entrado tras Hitori lo primero que tuviste que haber visto, tuvo que haber sido su espalda.
Confusión empezó a llenar tu mente, diste por lo menos unos cinco pasos cautelosamente antes de que algo te hiciera tropezar y caer de rodillas al suelo, empezaste a deslizar tus manos alrededor de ti, intentando buscar que te hizo tropezar, algunas astillas del suelo de madera empezaron a clavarse y raspar tus manos, luego de buscar ciegamente por el suelo, decidiste agarrar tu celular del bolsillo de tu pantalón y encender la linterna para ver claramente lo que había enfrente de ti.
La luz alumbró las escaleras de la casa que estaban delante, al no ver nada enfrente, te volteaste y fue ahí cuando la confusión y un poco de preocupación llenaron por completo tu mente. El cuerpo de Hitori estaba en el suelo, por su posición en el suelo, pudiste deducir que no se tiró por sí mismo, sino que algo debió de haberle sucedido. Te paraste del suelo, y aún alumbrando el cuerpo de Hitori te acercaste a él, lo primero que hiciste fue darle un puntapié en el costado, ya que si te estuviera engañando le hubiera dolido y se habría levantado, sin embargo, al no haberse levantado por la patada, procediste a agacharte a su lado, tus dedos índice y medio fueron a su cuello para tomar su pulso, notaste que su piel se notaba más pálida de lo usual, con cuidado moviste un poco su cabeza intentando buscar marca de algún golpe. No encontraste nada visible en su piel, lo que te llevó a suponer que se desmayó sin alguna razón; te levantaste de su lado y decidiste caminar por la casa, ya habías entrado a la casa, lo que menos podrías hacer era buscar algo relevante.
Entraste a lo que reconociste como una sala de estar, había rastros de lo que era una chimenea anteriormente, al igual que sillones con un estilo antiguo, lo que más te llamó la atención fue el gran candelabro colgando del techo.
La casa a la que entraron no era muy moderna, llevaba abandonada más tiempo antes de que tú o Hitori nacieran, lo que hacía que te sorprendieras era como aún no había alguien que se haya llevado todos los muebles costosos de la casa; por lo que la luz de tu celular te dejaba ver, habían varias estanterías con figuras de porcelana delicada, como las que tu abuela mantenía en su casa y te enseñaba cada vez que la ibas a visitar.
Al no encontrar algo más interesante aparte de los muebles, caminas a la otra habitación, la cual reconociste como la cocina, viste unos platos asentados en la mesa, igual había una diversidad de platos acomodados en los estantes, los cuales se ven hechos de porcelana. Te acercaste a ver los platos más de cerca, dejando tu celular de un lado, cuando sentiste el calor proveniente de la estufa, parecía haber sido usada recientemente, lo cual no era usual, ya que se supone que no hay nadie más en la casa aparte de ti y Hitori. Tu mirada va rápidamente a los platos, y esta vez notas que no estaban llenos de polvo como todos los demás muebles en la casa, había una tercera persona con ustedes. Sales rápidamente de la cocina y caminas hacia donde estaba Hitori la última vez, al llegar no lo encuentras, por lo que decides subir por las escaleras ya que era el único lado por el que pudo haberse ido. Por medio de susurros empiezas a llamar su nombre, esperando que no te haya dejado sola; entras a diversas habitaciones que no inspeccionaste muy de cerca, pero pudiste notar que eran cuartos de dormir y baños. La ansiedad empezó a llenar tu cuerpo al no encontrar a Hitori por ningún lado, intentaste abrir la última puerta de la casa, cuando escuchaste el crujido de madera y el chirrido de la puerta principal. Te quedaste congelada mientras escuchabas como la persona empezaba a subir los escalones con pisadas fuertes, como si tuviera botas hechas de metal, tu mano temblaba mientras intentabas abrir la puerta, después de varios intentos dedujiste que estaba cerrada con llave.
Empezaste a aceptar tu destino al escuchar los pasos acercarse más, pensabas que ibas a terminar como tú hermana Laelia, y el hermano de Hitori, Nithar, mientras intentabas encontrar lo que verdaderamente les pasó, no acabar en el mismo lugar que ellos; alguien apareció en una habitación abierta y te hizo voltear, sus manos frías rápidamente te agarraron del brazo y te jalaron a la habitación de la cuál vino.
Sus manos se ponen encima de tu boca, prohibiéndote hablar, hace a ambos caminar a un balcón en la habitación y procede a taparlos a ambos con las cortinas llenas de polvo. Por unos minutos que te parecieron horas, se quedaron así, escuchando a la persona entrar a cada habitación y revisar si había alguien; no habías visto aún quien era quien te estaba ayudando a no ser encontrada, al haber dejado tu celular abajo, no le viste la cara.
—Sé que me has mentido, Aliah y dudo mucho que no me hayas mentido desde un inicio—. Su voz grave en susurro te hizo saber quién era, Hitori, pensaste que te había dejado abandonada en la casa, sin embargo, él también había subido a investigar.
Al no escuchar pasos más de cerca, quitas su mano de tu boca y lo volteas a ver — ¡Como si tú no me hubieras mentido! Igual sabes más de lo que me haces creer…—. Le dices en voz baja, ya habías notado por medio de sus anteriores conversaciones que no eras la única que sabía bastante información, simplemente no tenían mucha confianza para decírselo entre ustedes.
Hitori empezó a caminar hacia ti, su mirada estaba muy diferente a cómo solías verlo, notaste que parecía casi amenazante, esto te hizo empezar a retroceder, no sabiendo lo que planeaba hacer.
— Aliah, tu y yo tenemos un fin en común, no por haberme mentido unas cuantas veces significa que no quiero tu ayuda buscando más información, sin embargo, espero que esas mentiras empiecen a reducir y nos empecemos a tratar… con confianza, ¿trato?—. Te pregunta Hitori parando de caminar cuando nota que ya estabas al borde del balcón, el cual su barandal por los años había desaparecido. Asientes tu cabeza ante sus palabras, haciendo que su cara tenga una pequeña sonrisa —Muy bien, ya vamos entendiéndonos—. Te dice alzando sus brazos y dándote un pequeño empujón con sus manos en tus hombros, haciéndote dar un paso atrás y caer del balcón.
Lo último que ves mientras caes sintiendo el viento frió de la noche, es la sonrisa que tiene en su cara al verte cayendo, haciendo que cuando cierres tus ojos es lo único que tienes plasmado en tu memoria.
Si hubieras sabido que mentirle a Hitori implicaría caer de un segundo piso, jamás lo habrías hecho; pero al final mentir es lo único que te ha estado ayudando en estos últimos tiempos.
El valor y coraje de Hitori era inmenso; gracias a él mi cuerpo pasó de tener piel lisa y suave, a contar con unos cuantos raspones profundos que me dejaron líneas de color rosa en los brazos, había caído sobre arbustos cuando me empujó del balcón del segundo piso de la casa antigua, los arbustos eran de gran tamaño, por lo que terminé saliendo con solo unos raspones y moretones de ramas y con hojas en mi cabello. No lo he visto desde ese día y planeo no volver a verlo, después de intentar ayudarle buscar información, se atrevió a tirarme del segundo piso; he estado evitándolo desde ese entonces, después de todo, no es algo que pueda dejar pasar, simplemente por que si.
La inclinación y movimiento del mueble donde estoy sentada hace que vuelva a enfocarme al lugar en donde me encuentro, — ¿En qué piensas, que no me saludas al entrar?—. Su cabello café medio largo y sus ojos rasgados de color verde con puntitos cafés hacen que una sonrisa se plasme en mi cara, es Kian, mi amigo desde hace años; sus ojos se agrandan al verme de cerca, su mirada sigue algunos de los raspones que las ramas lograron dejar sobre mi cara, en especial mi mejilla.
—¿Qué te sucedió? Parece que tuviste una pelea con un gato —. Sus manos delgadas agarran suavemente mi cara y empieza a observar mis heridas de cerca, las mangas de su suéter hacen contacto con mi piel. Kian siempre es así, se preocupaba más por mí que por sí mismo, hay días en los que puedo notar que no está de buen ánimo, pero aun así plasma una sonrisa en sus labios al verme cerca — Estoy bien, solo tuve un pequeño accidente, pero nada grave—. Le digo quitando sus manos de mi cara e intentando calmarlo, después de todo, él está más acostumbrado a ayudarme e inquietarse por mi salud que por la suya.
La mesera de la cafetería donde estamos, trae lo que yo pedí, al igual que lo de Kian. Agarra su café y me doy cuenta de las marcas en sus manos, él no tiene el carácter de meterse cada cinco minutos en un conflicto, lo cual me confunde al no saber de dónde provienen dichas marcas.Estoy por preguntarle acerca de las marcas, cuando la campana de la entrada de la cafetería suena, haciendo que por instinto veamos quien entra.
Su cabello rubio sigue igual de impecable que siempre, sus ojos azules redondos lucen más cansados de lo normal, Hitori siempre se ve arreglado con un poco de cansancio; lo que me toma desprevenida es la marca en el puente de su nariz, trae una banda puesta, pero se puede ver perfectamente el color rojo de una herida por debajo.
Empieza a caminar para tomar lugar en alguna mesa, cuando pasa a nuestro lado se da cuenta que estamos en el mismo lugar, me voltea a ver, sonríe como si nada hubiera pasado y saluda con la mano moviendo los dedos con una sonrisa sarcástica en su cara; se va a sentar en una butaca sin compañía, como pasaba la mayoría del tiempo. Hitori nunca está rodeado con personas, hay gente que se le acerca, pero al contrario de su hermano, Nithar, él jamás ha estado en compañía de otra persona que no sea para algún trabajo; con el tiempo las personas empezaron a notar esto y empezaron a no hacer intento de acercarse a él, dejándolo como a él parece gustarle, solo.
—¿Qué accidente tuviste, que tienes hojas en tu cabello?—. La voz de Kian me hace voltear a verlo, sacó tres hojas juntas de mi cabello cenizo, intentando no jalarme, para no lastimarme. — No sé qué hiciste, pero deberías de bajarle un poco a tu valentía y dejar de meterte en problemas, algo podría pasarte—. Sus palabras hacen que una diminuta sonrisa sarcástica aparezca en mi cara, Kian sabe que estaba buscando información, sin embargo, no sabe lo que yo estoy haciendo para conseguir la información, pero empiezo a sospechar que si sabe algo más, de lo que deja mostrar.
—¿Por qué te preocupas demasiado? No es como si alguien me extrañaría si no estuviera aquí—. Volteo a verlo cuando termina de sacar las hojas de mi cabello.
—Yo te extrañaria… te conozco Aliah, estuve contigo cuando pasó lo de Laelia, sé como piensas y cómo actuas… eres obstinada, así que solo te pido que tengas cuidado con lo que haces, no quiero que algo te suceda—. Mis sospechas estaban correctas, sabe lo que había sucedido en la casa del bosque, y con quien había estado; no me había confrontado directamente sobre ello, por lo que sé que no me iba a detener. —Voy a estar bien, no te preocupes nada me pasará… te lo juro—. Extiendo mi mano hacía él alzando mi meñique, él extiende la suya y los entrelaza, dándome una sonrisa.
El tiempo transcurre, haciendo que el cielo se oscurezca y la gente en la cafetería empiece a retirarse; Kian y yo igual nos retiramos después de hablar por un rato más. Me empiezo a dirigir a mi casa, las calles siendo alumbradas por los postes de luz, después de haber visitado una casa de noche, estar en cualquier lugar oscuro, me hace sentirme paranoica, esperando que algo suceda, por lo que al ver una sombra a parecer de un callejón, hace que me voltee y camine a otra dirección, sin embargo, aparecen más de otro callejón dejándome rodeada, sin salida. —¿Les puedo ayudar con algo?—. Les pregunto al verlos acercarse más y ponerse enfrente de mí a una distancia razonable —No, solo estamos esperando—. Me contesta uno de ellos, se ve mayor que yo, tiene una marca bajando de su ojo izquierdo, como una cortada, haciendo que exalten sus ojos de color gris.—¿Esperando qué?— —A ti—. Me volteo e intento salir por el otro lado, pero antes de que pueda avanzar y alargar la distancia, otra persona sale rápidamente de un callejón, se acerca tapando mi nariz y agarrandome para que no pueda escapar. Mi vista se empieza a volver borrosa, mis párpados se vuelven pesados y lo último que escucho son pasos apresurados. Definitivamente Kian tiene razón, soy propensa a meterme a situaciones complicadas, y ser secuestrada es un perfecto ejemplo de ello.
En un bosque con árboles altos y frondosos, el sol empieza a salir; despierto acostada sobre pasto, no recuerdo nada de lo sucedido, escucho pasos acercarse, lo veo, su ropa manchada hacen mis recuerdos regresar, palpitaciones llegan a mis oídos; no sé si son las mías.
Se acerca, con pasos lentos, pero termina llegando a mi, mariposas empiezan a salir rodeando su cabeza como si se tratara de algo divino, haciendo que sonría— ¿Qué hiciste?— le pregunto.
—Te protegí, hice lo único que pude hacer— me dice haciendo que vea profundamente su ropa.
El color carmesí impregna su ropa, su usual camisa blanca de manga larga bajo otra camisa de color azul, la cual ahora está manchada de los bordes con ese líquido rojo. —Mientes, no lo hiciste, prometiste no hacerlo— le digo, negando creer lo que me dijo que hizo.
Vuelve a acercarse, su caminata sigue débil, sin ganas de continuar, sus pasos lentos hacen que tropiece y caiga de rodillas sobre el pasto, voltea a verme, sus ojos verdes chocando con los míos. Las lágrimas cubren sus ojos, intenta no dejarlas caer, al igual que intenta controlar el temblor de su labio inferior.
—Perdón, rompí la promesa, no pude resistir la tentación… solo quería que se fuera, esta vez para siempre— dice agarrando y sacudiendo su cabeza, su voz se rompe al hablar.
—¿Dónde lo dejaste? Tienes que decirme, antes de que alguien lo encuentre—le digo agarrándolo de sus antebrazos y levantándolo del suelo.
Caminamos por el bosque, los pájaros despertando nos rodean, luego de andar por unos segundos llegamos a una entrada de agua, donde claramente puedo ver un cuerpo tirado en el borde del pasto y el agua. Nos acercamos lentamente, ahuyentando a los animales que empiezan a rodear el cuerpo, me agacho y veo los restos de sangre derramándose de un lado de su cabeza, a pesar de que sé que no encontraré una palpitación, extiendo mi mano hacia su cuello intentando sentir su pulso, me alejo del cuerpo al no encontrar ninguno.
—Ya no está, ¿verdad? Lo maté, Aliah, lo volví a hacer— dice cayendo al suelo, me siento a su lado, recostando mi cabeza en su hombro.
—Aliah dime, hay algo malo conmigo ¿no? Y no hay solución—
Kian cree que es el único roto, pero la verdad es qué hay más y, por lo menos, Hitori se fue en el mismo lugar donde Nithar desapareció.
Lo veo de nuevo después de un largo tiempo, muchas personas nos rodean moviéndose de lado a lado intentando llegar a su destino, se para enfrente de mí, se ve mejor tanto de ánimo como físicamente, solo unas bolsas rojas debajo de sus ojos dejan rastro de lo sucedido.
Sus brazos me rodean haciendo que mi barbilla se apoye en su hombro —Te extrañaré mucho Aliah— me dice su voz amortiguada por mi cuello, haciendo que sonría — Yo igual te extrañaré, Kian— le digo separándome de él y viéndolo a los ojos.
Antes de que yo pueda hablar, él habla primero —No digas adiós, porque adiós significa que te irás, e irte significa que me olvidarás y no quiero que me olvides, jamás. Y no importa donde estés, si estás lejos o cerca, siempre tendrás mi amor— dice rápidamente haciendo que sonría antes de alejarme e irme a la sala de salida.
Jamás le dije adiós, porque tampoco quería irme, ni olvidarlo, pero era tanto para mi bien como para el de él.