[ Número bloqueado ] ¡Hola! Espera, espera. No te asustes. Sé que no me conoces y sinceramente yo tampoco, pero es por eso que te hablo. Quisiera conocerte, me gustaría salir contigo, ser amigos. Si aceptas, nos vemos en la cafetería en tres horas (¡Llevaré puesto algo rojo!) —Juliette.
Está atónito. ¿Número bloqueado? ¿Juliette? ¿Acaso esa Juliette, la misma de la radio? Relee el mensaje, una, y otra, y otra vez, mientras intenta ilusamente, buscarle una explicación coherente. Esto debe ser una broma de muy mal gusto, piensa; una muy pésima, que ahora detesta con pasión. Ha encendido el móvil por mera casualidad—o quizá porque se vio en la obligación de hacerlo, inconscientemente—y se encuentra con esto. Cero llamadas perdidas, y un solo mensaje no leído; su vida social va de viento en popa. No recuerda haberse inscrito a semejante pérdida de tiempo (no es como si no perdiera el tiempo, pero perdiéndolo conociendo gente está a otro nivel más allá de lo humanamente soportable; más allá de su casi nula predisposición para socializar). Intenta verle el lado bueno, sin embargo. (¿Es que acaso hay un lado bueno?) Si acepta la invitación, como el buen caballero que se jacta de ser, podría comprar café con el poco dinero que le queda. No es que desconfíe de sí mismo, pero el tipo que luce como un vampiro no es realmente un muy buen partido. Ese tipo, es él.



















