La Cima del Mundo. Microrelato
- Alina, somos idiotas… - Dijo, mirándome a los ojos. – Nos venden la libertad y luego nos la quitan, alegando que va contra las leyes. – Explicó, ahora mirando al horizonte. Estábamos en la azotea del edificio más alto de la ciudad. Al cual, irónicamente, ingresamos sin pedir permiso.
Desde que esquivamos al guardia de seguridad y subimos las escaleras de emergencia, no he podido dejar de mirar atrás, cada cinco segundos. Mientras Harry mantenía su mano estrechando la mía y parloteaba sobre la felicidad, la libertad, la política, la iglesia y un montón de chorradas incoherentes. ¡Vaya, que el alcohol le ha afectado los sentidos! Tanto que llegué a pensar que se estaba volviendo loco… tal vez la loca soy yo, por estar acá con él.
- ¡Eh, pero miradnos aquí! Nos dan el mundo y nos los quitan a su antojo. – Extendió los brazos mostrándome la vista. – Ante mí ojos se vislumbraba una ráfaga de luces incandescentes, desde la azotea se podía ver toda la ciudad, eran alrededor de las 3 am, por lo que el panorama de noche era casi, mágico.
Harry volteo a mirarme y sonrío, es un tipo inmensamente guapo, aunque parezca un poco cliché. Tiene un aura que rezuma entre lo tierno y lo rudo. Una peligrosa combinación para cualquier mujer. Tiene una personalidad que encandila y a simple vista parece como cualquiera, muy perdido en su mierda, pero mientras lo conoces te das cuenta que está al tanto de todo, está lleno de empatía.
- No te preocupes... Mientras estés conmigo, no dejaré que nada malo te pase – Dijo extendiendo su mano para que la tocara. – Te amo Alina ¡Te Amo Alina! – Grito a la ciudad mientras me jalaba hacia él y me fundía en un fuerte abrazo. Y justo ahí lo supe, no había otro lugar donde quisiera estar, que no fuera con él. – Te amo Harry – Murmuré, sobre sus labios.
- ¡Hey, que hacen aquí! – El guardia de seguridad del edificio, se encuentra de brazos cruzados en la puerta y nos mira con cara de pocos amigos. – No deberían estar aquí, este edificio es parte de una empresa privada, tendrán que acompañarme. – Miro a Harry asustada, ya que obviamente no quiero ir presa, no se vería muy bien en mi ficha curricular, presa por invasión de propiedad privada, ¿Qué clase de loca creerán que soy?
- Tranquilo señor, solo nos perdimos un poco. – Dijo Harry al guardia de seguridad encarándolo. Yo lo miré con cara de incredulidad, en serio, de todas las cosas que podía decir, justamente, se le ocurrió decir eso. Uffs, definitivamente, voy a volverme loca. Este chico me encanta, pero cada vez que estamos juntos solo atraemos problemas. – Ya nos vamos, solo queríamos tomar unas fotos de la anochecer. Mi tío es dueño del edificio y me dio permiso para entrar. No quería causar problemas – Continua, sacándome de mis pensamientos. Y yo lo miro alucinada con cara de no podérmelo creer.
- ¿Es usted sobrino del Sr Masón? – El guardia de seguridad lo mira con cara de no habérsela tragado, y creo que de seguro está pensando lo mismo que yo. ¡Que son puras chorradas!
- Claro que sí, mire, puedo llamarlo ahora mismo si le parece. Puede que se moleste un poco por despertarlo a esta hora, pero servirá para confirmar lo que estoy diciéndole. – Harry tantea sus bolsillos buscando su móvil hasta que lo consigue. – Vale aquí está, ok. – Comienza a marcar un número y luego lo coloca en su oreja. – Aló tío Masón…
La cara del guardia de seguridad cambia del enojo al susto, en un solo segundo. – Tranquilo muchacho, vale. No hay necesidad de molestar a Sr Masón en estos momentos. – El guardia de seguridad parece sopesar sus opciones, y entre todo lo más seguro es que haya calculado que el perdería más con esta llamada que Harry.
- Mmm, buenas noches tío. Todo bien – Harry se da la espalda y el guardia de seguridad palidece allí mismo. – No solo quería decirte, que estoy en tu edificio ahora mismo, en la azotea viendo el anochecer con mi bella novia. – Voltea a verme y me guiña el ojo. – Quise avisarte para no tener problemas. Si solo un poco, vale no me acerco a la orilla, vale, gracias. No, tranquilo, el guardia está al tanto de todo. Ok, buenas noches. – Cuelga el teléfono y se da vuelta. - ¿No quería hablar con mi tío? – Le dice con una sonrisa arrogante al guardia. Este lo fulmina con la mirada mientras nos observa.
- Bueno, amor, creo que es hora de irnos. Será para otro día que tomaremos las fotos, la altura está comenzando a marearme – Dice Harry mirándome, pestañeando varias veces. Vale, creo que se le subió el alcohol a la cabeza. Asiento y lo tomó de la mano para comenzar a caminar. El guardia de seguridad se hace a un lado y nos sigue mientras bajamos por las escaleras. – Gracias por todo señor, que tenga buenas noches. – Harry se despide, para luego jalarme y comenzar a caminar por la avenida, la fría noche nos abraza mientras seguimos nuestro camino, ¿A dónde? realmente no lo sé, solo dejo que me guie.
Harry suelta una sonora carcajada, sacándome de mi ensoñación. Volteo a verlo y está apretándose la barriga mientras se retuerce y trata de ahogar las carcajadas. – Debiste, debiste… Ver tu cara cuando el guardias nos atrapó, Ja, ja, ja. Debí tomarte una foto – Dice entre risas mientras seca una lágrima que cae de su ojo izquierdo. – Y la cara del guardia cuando, dije que iba a llamar a mi tío Masón – Vuelve a reírse ahora más fuerte, y agradezco la soledad de la calle, porque seguramente nos tildarían de locos. Sigo viéndolo retorcerse, mientras la comprensión comienza a llenar mi cerebro entumido por el frío.
- Espera, ¿no eres sobrino del dueño del edificio? Le mentiste al guardia de seguridad – Murmuro en un chillido de colegiala, golpeando su brazo con mi puño cerrado. - ¿Estás loco? ¿Y si nos hubiese descubierto? – Le digo con los ojos como platos y comenzando a pensar en las posibles consecuencia de las locuras de este chico.
- Tranquila – Dice un poco más calmado acercándose a mí, y envolviéndome en sus brazos. – Te dije que mientras estuvieras conmigo, nada malo pasaría. – Murmura tomando mi barbilla, fijando sus preciosos ojos verdes en los míos. - ¿Dónde nos quedamos? – Dice para acortar el espacio que separa su boca de la mía y comenzarme a besar.