La enfermedad es tan antigua como el hombre; así lo atestiguan las lesiones encontradas por los paleontólogos en los restos óseos de los individuos que vivieron en los primeros tiempos de la humanidad. Frente al dolor o al daño orgánico causado por el agua, el frío, el viento, las plantas venenosas, los animales salvajes o los microorganismos, el hombre luchó por remediarlos o evitarlos con sus propios medios o con ayuda de sus semejantes. De ese modo comenzó la medicina, con la inquielanza, una espina, una picadura, un parásito), de donde dedujo que descubriendo la causa y alejándola podía curar, con lo que se originó el rás antiguo concepto de la etiología de las enfermedades, surgiendo la medicina instintiva. Según ésta, en cada enfermedad se puede descubrir la causa externa o inmediata que la produce. De ello sacó la conclusión de que las restantes dolencias, de las que ignoraba su etiología, también procedían de afuera, aun cuando sus sentidos no le permitieran descubrir el mecanismo de la penetración. A la manera del rayo o de la flecha, un tumor o un dolor también debían ser provocados por una causa externa, invisible y misteriosa, pero capaz de ocasionar la enfermedad o la muerte. Buscando la etiología de las enfermedades en el Sol, las estrellas, el trueno, el agua de mar, etc., descubrió el efecto terapéutico de los agentes naturales. tales como la luz solar, el frío, el calor y el agua.