Viernes de re-mix con invitados especiales. 9 de mayo, 2014
Hoy pasaron cosas que deben pasar.
Se nos cayó la quijada varias veces consecutivas cuando escuchamos los comentarios de estudiantes de la Escuela Luis Felipe Crespo en Camuy luego de ser testigos del final de nuestra práctica matutina.
Comenzamos la sesión, sin testigos aún, con una breve invitación a sentir nuestra caja toráxica, su longitud, su dimensión dorsal, la altura de la mirada, la relación mirada y cabeza, la dirección de la cabeza alejándose de la espina dorsal...
Luego Noemí nos llevó por una exploración de lugares placenteros que se mueven y lugares (internos, del cuerpo/mente) que no se mueven tan facilmente, a los que no tenemos tanto acceso o relación. De ahí comenzó a trabajar la idea de tener un par de ojos extras en algun lugar del cuerpo. Los mios eran en los omoplatos que fue bien provocador y divertido. Seguimos sumando más y más pares de ojos hasta convertirnos en un ojo enorme, redondo, mirón...
Fue bien chévere agarrarme del reto de las consignas y sentir que me develaban maneras de moverme a la vez que me facilitaban ese compromiso con el hacer que no se cuestiona mucho.
Cuando estábamos dialogando sobre la experiencia llegaron los muchachos del coro de la Luis Felipe Crespo. Se sentaron todo al rededor del piso y después de darles la bienvenida y orientarlos, dimos continuidad a la conversación incluyéndolos.
Hablamos de muchas cosas que ahora no puedo recordar. Decidimos continuar la práctica que Noemí tenía en mente de trabajar en parejas, pero los invitamos a participar, si no en movimiento al menos produciendo sonidos del modo que quisieran.
Recomenzamos con la mirada, en parejas, los espacios negativos, acercándonos al contacto posible pero por la ruta larga. Eramos dos parejas y era tentador entrar en contacto todos. Natalia y yo trabajamos juntas. Ana Cristina e Iván. Noemí afuera dando indicaciones.
Un Contacto no tradicional. Uno encontrado en el momento, solo lo necesario, lo que se daba, un baile de dos que se sentía libre de algunas de las etiquetas automáticas del dueto.
La otra pauta asignada o sugerida era estar concientes del principio y buscar entre todos el cierre. El final fue mi parte favorita y Noemí habló de eso. De la semi incomodidad de escuchar, de no saber, de cuestionarse, de quedarse en el no saber y la pregunta, mientras estamos aún más conectados, respiramos, nos miramos, tanteamos y uno se sonríe de los nervios de que no hay algo previsto.
Un estudiante comentó que lo que le hizo pensar lo que había visto era cómo tendemos a encajonarnos.
Otra, que le había hecho pensar en el pensamiento mismo, en cómo se piensa y hay algo estático en eso. De cómo dejar otra cosa fluir.
Un tercero, de como improvisar es maravilloso (él improvisa con su instrumento musical) porque hay cosas que no se pueden decir con palabras, que quieren salir, que pueden salir de esa forma no literal. Que es un ejercicio de libertad. Que se siente bien.
Noemí: ¿recuerdas más detalles sobre los comentarios?