Todos dan direcciones de camino a casa de Damián.
La gente dice constantemente cosas como: “Aprovecha la vida.” “No dejes para otro día tus metas.” “Haz, haz, consigue, consigue”.
Todo así como si tuvieras, al final de tus días, que hacer un recuento y sentirte orgulloso. Obligado disfrutar todos los días, a comerte el mundo todos los días, a amar la vida todos los días.
Y yo me pregunto. ¿Qué hay si no puedes?
¿Acaso no es peor la angustia de nunca ser suficiente? ¿De haber toda una vida que se te escapa entre las manos? ¿Acaso tiene sentido? Pensar que a escasos minutos de la nada nuestros últimos pensamientos deberían a ser: “Me voy habiendo hecho todo lo que he querido.”
Y yo me pregunto. ¿Acaso no es mejor opción buscar paz en cada día?
Una paz que te llene y reconforte, que te bese en la noche diciéndote “Hoy has cumplido y el mañana lo afrontaré contigo.”
Lo cierto es que de imaginarme mi muerte, podría adelantar, que dan igual cuántas metas haya conseguido, siempre querré de la vida 5 minutos más. No importan los objetivos, los logros, lo cumplido.
Lo pasado en realidad, apenas nos importa. Nuestro único uso de lo pasado aplica en cómo éste afecta a nuestro futuro inmediato. Siendo así, da igual lo que hayas hecho justo antes de morir, puesto que no hay futuro inmediato para ti.
Lo que sí importarán serán aquellas decisiones que tomes para tu yo de hoy y el de mañana. Las que te harán sentirte orgulloso hoy, las que te darán paz hoy. Y así será como tu yo da mañana se sentirá más fuerte, y realmente capaz de afrontar nuevos proyectos.
Tal vez debemos llevar como meta, ser capaces de hacer suficiente lo insuficiente. Dar rodeos, cometer errores, disfrutar el trayecto incluso, cambiar de ruta por completo y con ello estar en paz.










