Vístete como el viento y atrévete a tocar mi puerta. Prometiste estar y para eso no es necesario verte, busco sentirte.
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Vístete como el viento y atrévete a tocar mi puerta. Prometiste estar y para eso no es necesario verte, busco sentirte.
Me quede con ganas de saber que pudimos haber sido...
Había tanta tristeza en todas las cosas, incluso cuando las cosas iban bien.
Charles Bukowski (Mujeres)
Algunas preguntas a Dios.
¿Donde estás, Dios? ¿vives entre nosotros?, ¿sabes de lo que esta pasando?, ¿por qué dejas que todo se derrumba así?, ¿sos amor, justicia, o fé? a veces siento que no sos nada y que yo valgo más que vos.
¿Tu ejército esta conformado de perdidos, de gente sin rumbo, de niños sin infancia, de adultos cansados, de jóvenes que intentaron escapar y no pudieron?
¿Quienes son los tuyos? quizás los seamos todos y tal vez no lo sea nadie. ¿Vendrás a consolarme esta noche? porque a oscuras, siento que puedo hablar de más y contarte lo que me pasa.
Aunque no existas y seas un cuento que la humanidad creo para poder consolar la duda de “donde venimos”. Aunque seas el pecador, y el demonio un ángel.
¿Donde estas, Dios?, ¿bajo nuestra piel? ¿en la piedra que acabo de patear? ¿en las ventanas iluminadas de la noche? ¿en el llanto de los bebés?... ¿Vendrás esta noche?, no voy a esperarte; nunca me contestas, nunca me hablas.
Todos dan direcciones de camino a casa de Damián.
La gente dice constantemente cosas como: “Aprovecha la vida.” “No dejes para otro día tus metas.” “Haz, haz, consigue, consigue”.
Todo así como si tuvieras, al final de tus días, que hacer un recuento y sentirte orgulloso. Obligado disfrutar todos los días, a comerte el mundo todos los días, a amar la vida todos los días.
Y yo me pregunto. ¿Qué hay si no puedes?
¿Acaso no es peor la angustia de nunca ser suficiente? ¿De haber toda una vida que se te escapa entre las manos? ¿Acaso tiene sentido? Pensar que a escasos minutos de la nada nuestros últimos pensamientos deberían a ser: “Me voy habiendo hecho todo lo que he querido.”
Y yo me pregunto. ¿Acaso no es mejor opción buscar paz en cada día?
Una paz que te llene y reconforte, que te bese en la noche diciéndote “Hoy has cumplido y el mañana lo afrontaré contigo.”
Lo cierto es que de imaginarme mi muerte, podría adelantar, que dan igual cuántas metas haya conseguido, siempre querré de la vida 5 minutos más. No importan los objetivos, los logros, lo cumplido.
Lo pasado en realidad, apenas nos importa. Nuestro único uso de lo pasado aplica en cómo éste afecta a nuestro futuro inmediato. Siendo así, da igual lo que hayas hecho justo antes de morir, puesto que no hay futuro inmediato para ti.
Lo que sí importarán serán aquellas decisiones que tomes para tu yo de hoy y el de mañana. Las que te harán sentirte orgulloso hoy, las que te darán paz hoy. Y así será como tu yo da mañana se sentirá más fuerte, y realmente capaz de afrontar nuevos proyectos.
Tal vez debemos llevar como meta, ser capaces de hacer suficiente lo insuficiente. Dar rodeos, cometer errores, disfrutar el trayecto incluso, cambiar de ruta por completo y con ello estar en paz.
La mayoría escribimos para quien no nos lee.
Escribir
Escribir me libera, y me ha liberado más que cualquier cosa que me haya soltado las cadenas antes.
Es un placer vivo y constante, surge de mi intimidad y de lo que nadie ha descubierto. En mi profundidad.
Escribir me ha enseñado, a encontrarme con mi deseo de explorar nombres, lugares y pieles.
Es un encuentro con lo inocente y lo perverso de la magia, la pasión lo irremediable y lo inconciente.
Escribir me despierta entre cielos e infiernos, en los que he vagado encantada, débil y fuerte.
Me sacude, me llena y me vacía, una y otra vez. Me mata, me revive y me sumerge.
Es un viaje infinito entre reglones llenos de dolor y felicidad.
Me alivia, me angustia y me vuelve a aliviar. Como una medicina engañosa.
Escribir me descubre de la luz de lo oculto. Aparezco. Desaparezco. Me convierto.
- María Melier.
Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, o los que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror, pánico inherente a la condición humana.
– Graham Greene