Ser mujer, no es ser esclavo ni juguete sexual. Tenemos mente y responsabilidades como cualquier hombre que no nos cede un lugar. Tengo el derecho a expresarme con libertad, a vestirme como me guste mas, a dialogar con quien considere. No estoy fichando, espero un taxi para salir a ganarme el pan como los demás.
Entre las aglomeradas calles, siempre reluce una madre, una abuela que se dedica hacer lo que mejor sabe, para sacar unos pesos y disfrutar de un buen tamal.
Amo ser mexicana, por que adoro la piel gruesa que cubre nuestros corazones y que nos da la fortaleza para sobrellevar cualquier dureza que un mal humano nos quiera presentar.
Me asombran las manos de las mujeres que tejen su día como sí fuera el primero, admiro a las que han perdonado que les hayan quebrado la vida. Me inspiran a no caer por los látigos de palabras que zumban en mi caminar. Me motivan a escribir, mientras las lagrimas ruedan por mi alma, al contar a las que se han ido sin haber vivido.
Cuando exigimos acatar nuestros derechos, no estamos diciendo; trátenme como a un hombre, sino que pedimos nos respeten como mujer, no somos putas ni pendejas. Seguramente tienes madre, tal vez hijas y hermanas, no lo olvides, la próxima vez que quieras gritar chingaderas.
No soy misandria, soy observadora, escritora de la realidad que percibo cada día en la gran ciudad.
Escribo por que he vivido la desigualdad y el maltrato. Cometí un error que aún arrastro. Cedí ante palabras que prometían, esperé años por un cambio que no llegó, y así, dejé pasar el tiempo que nunca volveré a tener.
Por mi parte, nunca más….