“¿Te gusta que rueguen por ti, Mona? ¿Es un kink que querías confesarme?” Ríe junto con ella y no lo deja pasar, decide molestarla también, encontrando divertido aquel ida y vuelta que generaron. Tono es travieso, para nada pudorosa, transparencia de su personalidad le impide tomarse esos temas como tabú, vergüenza es inexistente. “Seguro estuviste genial, ¿fue en algún sitio importante?” Presta atención a palabras femeninas, asiente con la cabeza para demostrárselo y dedica una sonrisa cuando confiesa su preferencia. “El tango es muy sexy, la verdad.” No es que alguna vez lo haya intentado pero de adolescente lo descubrió en televisión como un ritmo en un reality de baile y entonces buscó el internet, encantándole el hecho de que muchas mujeres lo practican con otras mujeres también, prescindiendo de los hombres. “Tuviste suerte, todo en este libro lo hace parecer igual de aburrido de lo que se ve en las pantallas.” ¿Por qué la gente rica le pone tanto empeño a aquel deporte sin demasiada emoción o adrenalina? No lo entiende, quizá porque nunca pisó una cancha ni sabe lo que se siente sostener un palo de Golf, pero, ¿sinceramente? Lo prefiere así. Deja información a un lado, considerando que ya no la necesita, un descanso no le vendría mal o terminará dormida encima de las páginas, literalmente hablando. Sorpresa se refleja en su rostro cuando la chica se mueve hasta ella, ofreciéndole su mano, tomándola desprevenida. Intenta disimular, no entiende hasta que la escucha hacer la pregunta y pequeña carcajada se le escapa de los labios, encantada con la propuesta. “Por supuesto que sí, es un placer concederle esta pieza, Mi Lady.” No tarda en depositar dedos encima de los contrarios, dejándose llevar, siendo todo muy nuevo para ella, teniendo que confiar en Mona en este caso. “Debo advertirle que solo he bailado en clubes nocturnos… y una vez en Carnaval.” Debe reprimir sonrisa que desea aparecer, es gracioso mencionar hechos modernos mientras mantiene un tono completamente formal, de película de época.