“Escribir es la manera más profunda de leer la vida”
Es curioso como el encierro te obliga a reflexionar, a decir verdad no sé si sobreviviré o por cuanto tiempo estaré confinada, no sé que pasará, nadie lo sabe... Lo mas seguro es que sí, que sobreviviré al COVID-19, (he sobrevivido a otras crisis peores que el encierro) y luego como cualquier ser humano en la tierra, moriré por otras causas, siempre se encuentran formas de sobrevivir hasta que llega el fin definitivo, pues eventualmente a todos nos llega la hora.
Solo quedara lo que le deje a los otros ¡no somos mas que lo que damos! Pero bueno... ya comencé a divagar y estoy segura que esto me ocurrirá seguido en las páginas de este diario, (quien quiera que lo lea sabrá perdonarme) supongo que es normal con tanto encierro.
Quiero pensar en que sobreviviré, por un buen tiempo, al menos el suficiente para escribir -trato de ser positiva pues pensar en lo peor me mataría de a poco, y yo no quiero morir aún- pero como lo importante es saber que se hace con ese tiempo en el que se sobrevive o se vive, (cosas totalmente diferentes) escribiré los pensamientos del insomnio ¿El propósito? Leerme el aislamiento y lo que brota de él.
(El caos y confusión, la nostalgia y el recuerdo, el pasado y el condicional, la oscuridad y la luz , la libertad y el amor.
ENTRADA 2: Caos y confusión,
Aún pienso en la emisión del presidente de hace unas horas, el comunicado que nos limitaría a todos en Francia a partir de mañana a cambiar los planes que teníamos. Yo tenia para el fin de semana ya varios planes, también para el próximo mes, para las vacaciones; sin embargo nada de esto se llevaría acabo.
Recuerdo sus palabras cuando dio la orden del confinamiento y como el -Estamos en guerra- que repetía constantemente Emmanuel Macron, me perturbaba cada vez más.
Esa noche no pude dormir, ni tampoco las siguientes. ¿Estamos en guerra? Pero qué tipo de guerra es esta donde no podemos salir, donde tenemos que enfrentarnos a los miedos de morir de una pandemia que no se ve. Hay mucha confusión afuera, hoy recuerdo haber ido a la librería, para buscar con qué llenar mis horas de confinamiento y escuchar los comentarios de la gente, todos confundidos y alterados, yo más lo primero que lo segundo .
Siempre medito mejor en la madrugada, mire el reloj: 3:30 am, no podía dormir pensando en las guerras con hay muertos y mucha sangre, nadie gana en ellas o si se gana no se regresa completo, creo que quienes van, pierden partes de ellos mismos.
Esta guerra guerra según Macron es diferente, porque el enemigo es invisible, un virus que no se puede ver instalándose silencioso y uno no se da ni cuenta. Yo digo que ese enemigo es lo tóxico que está en el interior de cada persona y que el virus después ataca: las dudas, el miedo, los remordimientos; todo esto se queda en los ojos y no deja reposo alguno. El problema no es que no deje dormir, sino que no permita despertar al día siguiente.
Mejor intento descansar, espero despertar...a pesar de todo el caos y la confusión de hoy, a pesar de “la guerra”.
Pensaré en algo bonito para recuperar el sueño, ¿pero en que? ¿Será que cuento ovejas? Una, dos, tres... me llegaron entonces las palabras de mi madre, lo que me decía antes de dormir para conciliar el sueño (cuando lloraba de pequeña por pesadillas o cualquier tontería) su voz dulce me decía: - Calma mi niña, si lloras en la noche porque no puedes ver el sol, tus lagrimas te impedirán ver las estrellas.- y yo me calmaba de golpe, no había entendido esas palabras hasta ahora ¡Ah que bonita esta la luna!
ENTRADA 3: LA NOSTALGIA Y EL RECUERDO
Los recuerdos joden un poco, cada vez que evoco los buenos tiempos la nostalgia me invade, y no puedo evitar aumentar quizás la sensación de otras épocas. A veces dudo de si en realidad yo era tan feliz como mis recuerdos claman en las noches ¿y si no lo era?
La cosa es que como lo comparo con aquello que no tengo, el recuerdo se agranda, la nostalgia me embriaga y entonces me dejo llevar. Gabriel Garcia Marquez decía “la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado”. La frase de Gabo me llevo a reflexionar y me embriague de nostalgia.
Pensé entonces en esos fantasmas que nos atacan siempre en la madrugada, traje a mi memoria esos días donde leía en el tren en Nueva York y por estar sumergida en un libro, había dejado de mirar por la ventana, me había pasado la estación donde debía bajarme ¿A donde iba ese día? Estaba perdida ¡Ah si ya lo recordé! iba camino a ver unos ojos claros que me quitaban el sueño. Recuerdo también el poema que le escribí a esos ojos esa noche, y como me sentía a su lado. ¿Donde estará? ¿Que estará haciendo? No sabía nada de él desde hacía tiempo; yo había decidió alejarme, siempre me alejo, es como un circulo vicioso...
¡Basta! Tengo que dormir, la nostalgia y el recuerdo son adictivos, hay que tener cuidado con ellos ¿Acaso todo había sido tan perfecto? o ¿eran recuerdos magnificados?.
Hay que aprender a seleccionar bien los recuerdos, porque la nostalgia y la memoria juntas pueden jugar malas pasadas. Por esta noche haré las paces con ellos, necesito dormir, no puedo dejar que el insomnio se me llene de imágenes, no se puede ver bien con recuerdos en los ojos.
ENTRADA 4: EL PASADO Y SUS CONDICIONES
Hoy pasó algo curioso, algo inesperado. Ya dormía cuando mi teléfono sonó a eso de las 2 o 3 de la mañana. Un mensaje, un tímido texto de mi pasado, tuve que mirar dos veces la pantalla de mi celular y ahí estaba, su nombre, luego de años sin saber de él, había aparecido. ¿Que quería? Me saludo preguntando como estaba, utilizaba como pretexto el corona virus y de súbito me dijo que se sentía débil y que por eso me había escrito. Yo me preocupe ¿Todo bien? - Le dije. El me hablaba sobre una conversación que tuvimos 5 años atrás, cuando estábamos enamorados:
Habíamos terminado de hacer el amor y yo me había puesto a pensar, ¡como de costumbre! El me decía que yo le hablaba sobre el condicional y en como me fastidiaba, ese Qué pasaría sí. Me contaba que yo lo había mirado a los ojos, esos ojos grandes que me querían toda y le había dicho: “No me gusta el condicional, no me gusta ese que hubiera pasado si... no sé sí me entiendes, ojalá en el lenguaje no existiera ese condicional hipotético, porque no habla sino de las condiciones de algo que no se hizo, y que hubiese dado un resultado diferente si se hubiera hecho esto o aquello ¡puros remordimientos de un pasado inexistente!” En sus mensajes estaba esa sensación esos remordimientos, entendí que también se le había metido el recuerdo en el insomnio. Él insistía: “-Si el hubiese dicho a tiempo todo lo que ahora me te estoy diciendo quizás no te hubieras ido, no me hubieras dejado, quizás aún estarías conmigo. A medida que me habla me llenaba de preguntas: ¿Cuando regresas?¿Sabias que no volví a sentir nada luego de ti? He sufrido mucho, ¡Cuanto haz cambiado!”
¿Que quería que hiciera con todas estas palabras que debió haber dicho cuando las sintió ? -Pensé para mi y luego supe que nos había pasado lo mismo, ninguno de los dos había hecho el dicho lo que tenía que decir, nos habíamos alejado sin más, pero ya era hora de hacer las paces con el pasado y continuar. Le agradecí por tener la valentía de decir todo lo que me había dicho, que había sido una persona importante, un buen hombre y que deseaba encontrara a la mujer de su vida, me despedí, lo deje ir.
Mientras me acomodaba en la cama, pensé en que él tenía razón, yo había cambiado mucho y me alegre que así fuera. Luego se me vino
la frase de Marquez de la noche anterior mientras cerraba los ojos, ya no tenia que “sobrellevar” el pasado conmigo, pues yo no quería volver ahí.
Sonreí, puse mi celular al lado de la cama y dormí como no lo había hecho en años.
ENTRADA 5: LA OSCURIDAD Y LA LUZ
Las pesadillas más tempranas que tengo de mi infancia siempre han estado relacionadas con la oscuridad: si bien la falta de luz en el sueño me molestaba, aquello con lo que no podía de pequeña era esa angustia en el pecho que no se calmaba con nada, el no saber que había en esa oscuridad, la impotencia de no poder ver, imaginando que quizás, un monstruo en la oscuridad me observaba; minutos después me despertaba sudando frío y con el corazón a mil por hora.
Ahora pienso en los momentos más difíciles que he vivido y curiosamente fueron en épocas donde no podía ver con claridad: inviernos prolongados y grises, habitaciones oscuras con pequeñas ventanas, consultas con el doctor donde me decía que no recuperaría la vista de mi ojo izquierdo. Momentos donde lo único que quería era cerrar los ojos y no pensar en nada, irónicamente cuando se cierran los ojos también hay oscuridad; solo que esta es interior.
Lo peor de la oscuridad interior, es la sensación de no saber qué tenía dentro causándome una angustia que no sabía con que calmar.
Esta madrugada era oscura también, mientras trataba de dormir pensé en todo lo que había vivido en mis pocos 24 años: asma de pequeña, la ausencia de un papá que me viera crecer, luego la ausencia de ambos padres durante dos años (pues mi mama había viajado a España buscando un mejor futuro para nosotras y yo me quede con una tía a los 5 años), la adolescencia y el desamor, luego de adulta el decidir viajar sola buscando el sueño americano -que no fue más que un espejismo- y verme envuelta en situaciones de las que sin duda había pensando no tendrían salida.
Aunque creo que el peor momento de todos, fue sentir que había perdido la razón en esa casa azul tristeza, donde viví por un año. Recuerdo ese día en el sótano, que sentí estaba enloqueciendo de tanta presión, estrés, situaciones que no podía explicar y tenía que manejar sola. Lo juro esa... sensación de perder el control de uno mismo porque la confusión y la desesperación son tan grandes, no sé la deseo a nadie.
Sin embargo, la oscuridad de esta madrugada era diferente a la de esos días. Llore como diría Oliverio Girondo a lagrima viva, lo llore todo pero lo llore bien, y al terminar de llorarme el insomnio, me di cuenta que todo eso ya no existía, no eran más que imágenes de un pasado que yo misma me encargaba de traer.
Yo había logrado salir de situaciones muy difíciles sola y esta crisis del COVID-19 no sería la excepción. Había pasado ya la hora más oscura y un tenue rayo de luz se desplegaba en mi cuarto, tuve de repente una sensación de inmensidad al aceptarlo todo: mis errores, mis miedos, mis defectos, esa oscuridad que vivía dentro mío. Por último, le entregue todo a Dios -a ese ser superior, que sabía existía, porque me había sacado de mis horas más negras, cada vez- y entonces me sentí libre, no poseía más que la vida misma, lo simple, lo esencial: el aire, la tierra, el cielo, la libertad de ser y hacer; el presente. La oscuridad es ese miedo que nos paraliza, sin embargo esa noche aprendi a tomarle la mano al miedo y a seguir viviendo.
ENTRADA 6: La libertad y el amor
Durante muchos años pase de un extremo a otro, de buscar el amor sin tregua hasta desinteresarme por completo de este y concentrarme solo en mi, mis metas y sueños. Lo irónico de esta actitud es que uno no puede escapar jamás del amor aunque quiera, este se encuentra en todas partes, solo que a veces nos hacemos los sordos o los ciegos y no nos permitimos verlo por miedo.
La libertad y el amor van de la mano. Lo entendí en el momento en el que me libere de todo y de todos: de mi país, mi casa, mis amigos, mi lengua materna, mi lengua materna, mi tierra, mi familia, mi perro; a pesar del miedo que suponía alejarme y adentrarme a lo desconocido.
Cuando me liberé de ese compendio de cosas que yo era, estuviese o no con ellas entendí el gran amor que tenía por todo y la decisión de vivir mi vida lejos no cambiaba en absoluto lo que yo sentía; para vivir hay que soltar y abrazar lo que llega, aun si no se sabe muy bien qué es.
La definición de libertad es difícil de encontrar, las descripciones de felicidad tampoco son fáciles de expresar con palabras, porque a decir verdad cuando las sentimos estamos tan ocupados viviéndolas, que no podemos detenernos a reflexionarlas. Son preciosos momentos que vivimos y no queremos dejar ir pues son fugaces, pero hay que aprender a vivirlos, a amarlos y luego a dejarlos ir.
Platon decía que la libertad se basa en en ser dueños de la propia vida, y el día que tome la decisión de viajar, de ser responsable de mi misma, tanto de mis errores como mis aciertos, fui libre y feliz.
Puedo decir sin duda que mis mas grandes viajes han sido interiores, y escribir este diario en tiempos de encierro y confinamiento por el COVID-19, ha sido uno de esos viajes. No es fácil cantarse las verdades, ni llorar el insomnio, ni enfrentarse a los miedos y luego aceptarse y confiar, pero de eso se trata, de esos nuevos comienzos que empiezan sin saber cómo : con una pandemia, un viaje, un fin o un inicio, entonces lo único que nos queda es dejarnos llevar y confiar en nosotros mismos y que todo estará bien.
“Me di cuenta que, a pesar de todo, que en medio del invierno había dentro de mi un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mi hay algo mejor empujando de vuelta” - Albert Camus