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You knew attacking people with small plastic swords is anthropology, right?
Dorinne Kondo via her personal website. The top picture is from the 2019 ASA conference, the bottom one from the infamous AAA “let anthropology burn” conference in San Jose. The caption is “Wakanda University: A Spa for Your Tired Genre Conventions. Guerilla pop-up street theater performance of scenes from “Seamless,” by Dorinne Kondo. Play Reading and Discussion of Genre, Embodiment and Serious Fun as Strategies of Resilience and Reparative Creativity”.
si así son las conferencias de antro, sí quiero ser antropólogo
Los límites del consumo
De acuerdo con Graeber (2011), podemos rastrear por lo menos dos modelos de proto-consumo casi opuestos que se fueron desarrollando de manera paralela en textos filosóficos y teológicos: la destrucción y el deseo. Simplificando enormemente los argumentos podríamos decir que el primero está asociado a la acción material destructiva que tiene como metáfora la comida y la enfermedad, mientras que en el segundo el consumo se asocia al deseo cuya analogía se halla en el amor erótico imaginado. En el primero se satisfacen necesidades inmediatas propias, en el segundo se busca el reconocimiento del otro-igual; la destrucción es una acción activa, el deseo es una pasión pasiva; el primero se vincula con las clases bajas, el segundo es de las élites; el primero tiene como paraíso la abundancia y el banquete, el segundo enfatiza las excentricidades y los placeres sexuales. Ambas nociones conformarán la acepción moderna de consumo.
Se podría argumentar que el espíritu de consumo moderno se basa en una especie de fusión entre estos dos ideales de clase. El cambio de una concepción del deseo basada en el amor erótico a uno basado en el deseo de alimento ("consumo") fue claramente un cambio en la dirección del discurso popular; al mismo tiempo, sin embargo, se podría decir que el aspecto innovador de las teorías consumistas modernas del deseo ha sido combinar el énfasis materialista popular en el consumo con la noción de la imagen efímera inasible como la fuerza motriz de la maximización de la producción. (Graeber, 2011: 497)
La noción moderna de consumo es producto de una fusión de las nociones de deseo y destrucción a través de las clases sociales. Sin embargo esta conjugación privilegia la noción de las clases altas, que se adopta y adapta a la generalidad. En suma, el consumo individual a través del deseo imaginativo subordina y se fusiona con la noción destructiva. Así, los deseos infinitos se vuelven simultáneos a las acciones materiales en el mundo real. Agamben (1993) sugiere que la única forma en que es posible la idea de que los humanos guiamos nuestra vida a través de deseos infinitos es separando la imaginación de la experiencia, división que se representa en la filosofía cartesiana. Cuando la imaginación se separa de la experiencia es imposible satisfacer materialmente los deseos imaginados. Sobre lo anterior Graeber escribe:
La imaginación se redefinió como algo inherentemente separado de la experiencia, como un compendio de todas esas cosas (sueños, fantasías, imágenes en la mente) que uno siente que ha experimentado pero que realmente no ha experimentado. Fue en este punto, una vez que intentáramos satisfacer nuestros deseos en lo que hemos llegado a pensar como "el mundo real", que la naturaleza efímera de la experiencia, y por lo tanto de cualquier "incorporación (embrace)", se convierte en un dilema imposible. (2011: 498)
Los argumentos de Agamben resumen el cambio en la noción de consumo moderno. La separación de la experiencia del pensamiento, junto con la fusión del deseo erótico con la destrucción material, dio como resultado la noción contemporánea de consumo. Esta noción fue potenciada (o formada) con la expansión de la economía y lógica de mercado en el siglo XVII y la creación de la propiedad privada. Es así cómo se conforman los consumidores-propietarios individuales con deseos infinitos y con soberanía sobre sus posesiones limitadas. Este proceso coincide con lo que Colin Campbell llamó el paso del hedonismo tradicional al “hedonismo moderno auto-ilusorio” en donde las “fantasías se adhieren a la promesa de placer que ofrece algún bien de consumo en particular o conjunto de ellos; producen deseos infinitos que impulsan el consumo, pero al final, el verdadero disfrute no está en el consumo de los objetos físicos, sino en las propias fantasías” (2011: 495).
Remitiendo al argumento de Agamben, el consumo es una construcción moderna en el sentido filosófico, producto de las escisiones aparentemente irreconciliables entre objeto y sujeto, imaginación y realidad, y un largo etcétera, por lo que en el ámbito económico estas escisiones se hacen presentes al concebir el consumo como contrario al trabajo, opuesto a la producción, como actividad privada opuesta a lo público o en la consideración de que el valor de consumo es opuesto a la inutilidad de lo ya consumado o desechado.
Si consideramos al consumo como la satisfacción de necesidades y deseos por medio de bienes y servicios, ¿hasta dónde podemos considerar algo como consumo o no? Es claro que esta concepción es problemática incluso para los economistas, que han estudiado el consumo concentrándose en el gasto en función del ingreso durante el tiempo y su relación con otros factores macroeconómicos (Fernández-Corugedo, 2009). La definición es poco precisa y no deja de ser problemático abarcar tantas actividades -prácticamente cualquiera fuera del proceso productivo- bajo esa denominación. Para exponer esta problemática vemos cuál noción de consumo puede ser aplicada a un caso etnográfico bastante conocido; me refiero al caso de la economía multicéntrica de los tiv estudiados por Paul Bohannan.
Esferas de consumo
En la descripción realizada por Paul Bohannan (1981) los tiv tenían lo que podríamos considerar una economía con distintas esferas de intercambio. Esto es lo que Bohannan llama “economía multicéntrica”, es decir una economía donde idealmente cada esfera es independiente del intercambio de las otras. Las propiedades de una esfera solo son intercambiables bajo esquemas específicos de esa esfera particular. En palabras de Bohannan: “Una economía multicéntrica es, por decirlo brevemente, una economía en la que los bienes cambiables se reparten entre dos o más esferas mutuamente excluyentes, cada una de ellas marcada por un distinto tipo de institucionalización y por distintos valores morales” (1981: 190). En el caso de los tiv encontramos tres esferas: Una esfera de subsistencia denominada yiagh, una esfera dedicada a los objetos de prestigio llamada shagba, y otra donde se intercambian derechos sobre personas, particularmente sobre mujeres y niños.
La esfera de subsistencia se define por lo que podríamos considerar como ética de mercado donde se intercambian libremente, por medio de truque o compra-venta, alimentos, animales, herramientas y materias primas. La segunda esfera, shagba, está dedicada a los objetos de prestigio, los cuales no están relacionados con el mercado. No se compran, no se venden, no se truecan con otras mercancías, sino que estos objetos se intercambian con otros de la misma categoría y sólo en situaciones especiales como rituales y ceremonias. Dentro de esta esfera se encontraban esclavos, ganado, “cargos”, vestidos blancos conocidos como tugudu, medicinas y magia, así como varillas de metal. Y por último la tercera esfera “que contiene un único ítem: los derechos sobre seres humanos que no sean esclavos, especialmente los derechos sobre las mujeres. […] Dentro de esta categoría, todos los cambios son intercambios de derechos sobre seres humanos, generalmente niños y mujeres bajo dependencia. El valor de dichos intercambios se expresa en términos de matrimonio y parentesco” (1981: 192). Esta esfera se refiere a los intercambios de derechos matrimoniales y de filiación, cuyo régimen de intercambio es independiente a las demás esferas, pues el valor humano no puede subsumirse a otro tipo de valor, sino que, al ser un valor único e incomparable sobre los demás, su intercambio sólo puede ejercerse por el valor equivalente de otro ser humano. Estos intercambios, particularmente el referido al matrimonio, está regulado a través de complicados sistemas de alianza.
Ahora bien, regresando a la discusión sobre el consumo. ¿Podemos encontrar el consumo de los tiv en estas esferas de intercambio? En un primer vistazo se podría argumentar que cada esfera corresponde a un tipo específico de consumo. Cada esfera parece satisfacer alguna necesidad o deseo. Hay un mercado de subsistencia, una esfera de objetos de prestigio, y otra de derechos matrimoniales y de filiación. Sin embargo, Bohannan registra dos momentos de transición, en donde las esferas, idealmente separadas, se hacen inteligibles unas de otras; primero por medio de las barras de aluminio que funciona como moneda de uso especial, y después con la introducción del dinero colonial de uso general. Ambas monedas -aunque en distinto grado- permiten que las propiedades de cada esfera sean propicias a la conversión entre ellas. Así p.e. con las varillas de aluminio es posible hacer comparaciones de valor de un objeto de prestigio en relación con un producto de la esfera de subsistencia. Bajo este entendido y siguiendo a Kopytoff (1981), diríamos que cada esfera corresponde a un tipo de productos específicos. Según en qué esfera se encuentren, estos productos son cada vez más singulares. Nos encontramos frente a una economía multicéntrica de esferas con distintos niveles de singularidad. La esfera de derechos matrimoniales sería la más singular en relación con las otras dos inferiores. La esfera de objetos de prestigio sería menos singular que la anterior, pero más que la esfera de subsistencia. Sin embargo, con la llegada de la moneda de uso general, la economía tiv parece convertirse en una economía uni-céntrica, donde todos los valores son comparables y por tanto comercializables. Como en las economías de mercado occidentales, todo es consumo. Regresando a la situación inicial multicéntrica, una posible explicación contraria y más radical argumentaría que en tiempos pasados solo había una esfera de consumo, la dedicada a la subsistencia, donde había mecanismos de mercado que permitían la satisfacción ‘destructiva’ de necesidades básicas para la reproducción de la vida de los tiv.
Resumiendo, que en mi consideración habría por lo menos tres perspectivas sobre qué es el consumo entre los tiv. Una donde cada esfera de intercambio corresponde a un tipo de consumo específico, otra donde las monedas, ya sean de uso especial o general, hacen que las esferas sean consumibles en mayor o menor medida, y una donde sólo una esfera corresponde a las actividades de consumo, enfoque que probablemente Bohannan compartía al referirse al caso como “una economía africana de subsistencia”.
El caso etnográfico de los tiv es particularmente sugerente porque condensa de manera insólita las discusiones conceptuales anteriormente expuestas y agrega algunas otras. Las esferas de intercambio de los tiv pueden enmarcarse en los modelos de consumo basados en la destrucción (comida y subsistencia), de deseo erótico-sexual (derechos matrimoniales y de filiación) y de reconocimiento (tema poco abordado hasta el momento, pero que entre los tiv se presenta a través de los objetos de prestigio). Antes de la entrada del dinero colonial, los modelos de proto-consumo que refiere Graeber (2011) -si es que es posible hablar de ellos-, convivían entre los tiv sin mayor problema. No suponía ninguna contradicción contar con esquemas de intercambio y consumo distintos. Por lo anterior cabría preguntarse si en una economía multicéntrica como la de los tiv es pertinente hablar de consumo en el sentido moderno. Llevado a discusiones modernas más allá de los tiv, nos podríamos preguntar si antes de la expansión del mercado existía realmente el consumo. O en forma más drástica, si el concepto de “consumo” realmente puede explicar la diversidad de actividades humanas que se subsumen bajo su denominación. ¿En qué sentido es similar comprar un refrigerador, contratar un servicio de renta como telefonía e internet, ver televisión, escuchar música y comer una manzana?
Hay por lo menos dos respuestas importantes desde la economía clásica y neoclásica que tienen que ver con las teorías del valor. Siguiendo a los economistas clásicos, lo que define el valor de un bien son sus costos de producción, cuestión que desde la teoría del valor-trabajo marxista, este valor es más bien incorporado a través del tiempo de trabajo socialmente necesario para la elaboración de dichos bienes. Sobre estas concepciones clásicas me interesa resaltar las consideraciones de que el valor tiene su génesis en el proceso de producción. Todo lo consumido fue primero producido. Más tarde, economistas como Menger y Walras responden la cuestión del valor con la formulación de la teoría del valor subjetivo (o valor-utilidad), donde los productos consumibles adquieren su valor según la utilidad que brinden a sus consumidores. En este sentido podríamos decir que el valor de los productos proviene más bien del proceso de consumo, particularmente de la utilidad marginal que genere en quien lo consuma. Los bienes y servicios consumibles tienden a producir satisfacción, felicidad, o cualquier ventaja positiva ya sea individual o colectiva. Sin embargo, la utilidad que un bien de consumo puede aportar no es infinita, la mayoría de los bienes de consumo tienen una utilidad marginal limitada que va disminuyendo con el tiempo. A esto es a lo que se le conoce como la “ley de la utilidad marginal decreciente”. No se puede consumir (ni producir) indiscriminadamente un solo tipo de bien en el tiempo, pues habrá un punto de saturación en donde los bienes dejarán de generar utilidad o incluso esta será negativa. Esto es claro con los bienes de subsistencia como la comida. Imaginemos la escena de un buffet, donde en principio se ofrece la posibilidad de comer todo lo que se puede por cierta cantidad de dinero. Aunque el deseo de consumo sea ilimitado, las capacidades de consumo no lo son, por lo que las personas quedaran saciadas en un punto no muy lejano en el tiempo.
Ahora bien, respecto al consumo, ¿qué ocurre con los bienes en los cuales no aumentan ni disminuyen su utilidad, sino que su cualidad es estar en los extremos, sin fluctuaciones relevantes respecto de su valor? y ¿qué pasa con los bienes que prescinden de un proceso productivo previo para ser consumidos?, o ¿qué sucede cuando un producto termina su ciclo en el proceso económico? En los siguientes apartados elaboraré brevemente sobre estas cuestiones refiriéndome a los casos de los artículos de lujo y de la basura.
Consumo de los artículos de lujo
Los artículos de lujo suelen entenderse como aquellos que trascienden el umbral de las necesidades. Sahlins (1976) al respecto considera que básicamente la cultura es esa proyección humana que trasciende las necesidades, por lo que dicha definición carece de sentido ya que incluso grupos humanos con recursos muy limitados no restringen sus actividades únicamente a la satisfacción de necesidades inmediatas. Otras definiciones ven en el lujo un desplazamiento del universo material de las necesidades al universo de los signos (Baudrillard, 1996). En palabras de Appadurai (1986: 38) “[los artículos de lujo] son bienes cuyo principal uso es retórico y social, bienes que son simplemente signos encarnados" y que necesitan de un "virtuosismo semiótico", esto es, la capacidad de emitir mensajes sociales complejos a través del conocimiento de ciertos códigos para su consumo adecuado.
Si el valor de un bien, y por lo tanto su potencialidad de consumo, proviene del proceso de trabajo, de los costos de producción, o, en suma, del proceso productivo, el caso de los artículos de lujo contradice dichos argumentos. Los artículos de lujo adquieren su valor de forma distinta, no tienen un valor de uso muy reconocible, su valoración es más bien intangible que material y tiene propiedades diferentes a lo que podríamos considerar utilidad. Los artículos de lujo tienen propiedades únicas que no se ajustan con otro tipo de productos o servicios, por lo que es posible que ni siquiera caigan en la denominación de ‘mercancías’. De hecho, los artículos de lujo son bienes que no siguen la ley de la utilidad decreciente. Contrario a lo que ocurre con bienes de consumo comunes, la curva de utilidad de este tipo de artículos no decrece mientras se vayan adquiriendo más. Aunque los artículos de lujo tengan un valor monetario -inalcanzable para la mayoría de las personas-, los artículos de lujo no se rigen por mecanismos de mercado comunes. Así, podríamos preguntarnos de dónde proviene su valor, ¿podemos hablar de un proceso de consumo en torno a ellos?
Junto con la definición de Appadurai (1986), el lujo suele ser asociado a una forma de consumo a la que Veblen llama ‘consumo ostensible’, cuyo objetivo es el mantenimiento del estatus social. Así, lo que motiva el lujo no es la superfluidad y escasez de estos artículos en sí misma sino su función social como forma de distinción y reconocimiento. Esta concepción coincide con los escritos de Adam Smith (2002 [1776]), en la Teoría de los Sentimientos Morales, en donde expone su concepto de deseo y en donde argumenta que lo que la mayoría de los seres humanos quieren sobre todas las cosas es ser objeto de la atención y comprensión de los demás, es decir, reconocimiento. Sorprende que esta cuestión del deseo sea tratada por Smith como una cuestión moral y no económica, por lo que se podría decir que el lujo igualmente se aleja de este ámbito. Aunque como ha expuesto Graeber (2011), la concepción de deseo se fusionó con la de destrucción para dar paso a la noción moderna de consumo. La conjugación de estas nociones -lujo, deseo y consumo- es mostrada por Werner Sombart (1967), quien argumenta que la búsqueda del lujo por parte de las clases dominantes a partir del siglo XVIII tuvo un papel preponderante en el desarrollo del capitalismo.
La hipótesis de Sombart es la siguiente: el desarrollo de la sociedad cortesana y la feminización del gusto, que alcanzó su apogeo en el siglo XVIII, estimularon un notable crecimiento en el consumo de objetos de lujo. […] Un elemento esencial para él se encontró en la secularización del amor y en la concepción hedonista de las relaciones entre los géneros, que surgieron al final de la Edad Media, expresadas a través de la exaltación del cuerpo femenino. La seducción y la búsqueda del placer estaban en el corazón de esta sociedad. Los amoríos ilícitos fueron permitidos por medio de indulgencia; y más tarde, la sociedad burguesa haría espacio para la "amante". Gastos exuberantes, joyas, telas, perfumes, nada era demasiado hermoso para dar a las mujeres a las que los hombres ricos guardaban y apoyaban. (Abélès, 2020: 57)
El argumento excéntrico de Sombart choca con la explicación ascética de Weber respecto al espíritu calvinista y protestante del capitalismo. Para Sombart lo que hizo posible el desarrollo del capitalismo fue la formación de nuevos mercados, y, sobre todo, la generación de deseos cada vez más inalcanzables vinculados a una noción erótica secularizada del amor. "El lujo, entonces, como hijo legítimo del amor ilícito —como hemos visto— dio origen al capitalismo" (1967: 171).
Siguiendo a Sombart y a Graeber podríamos ubicar al lujo dentro de la noción de deseo; sexual, erótico e imaginario, aunque posteriormente secularizado. Cuando se ‘consume’ un artículo de lujo, no se buscan destruir sus cualidades, sino incorporar propiedades abstractas más elevadas que la propia materialidad. Sin embargo, como mencionan ambos autores, el éxito del lujo como catalizador de la economía capitalista tuvo éxito solamente al fusionarse con la noción destructiva y materialista que se fue extendiendo más allá de las clases altas hasta lograr extender los mercados de lujo a las clases populares. Al respecto podemos referir el caso británico donde se posicionaron artículos exclusivos de la aristocracia como el té o el azúcar entre las clases trabajadoras, o más recientemente, el acceso cada vez más amplio a productos de marcas exclusivas por parte de clases medias (por ejemplo, Louis Vuitton, Hermès, Balenciaga, Ferragamo, etc.).
El francés Marc Abélès (2020) y el argentino Máximo Badaró (2020) en un par de artículos exponen los procesos sociales por los que pasan los artículos de lujo en China, país cuyas clases altas y medias han crecido de forma exponencial, razón por la cual China acapara casi un tercio de estos bienes. Ambos artículos ilustran algunas de los puntos expuestos anteriormente.
En su artículo Pedagogies of value: Marketing luxury in China, Badaró formula y responde la siguiente pregunta: “Entonces, para los expertos en marketing y branding ¿cómo se convierte una mercancía en un producto de lujo?” (2020: 92). La respuesta recogida tiene que ver con un proceso de generación de valor inverso al de las mercancías de consumo tradicional. Anna Tsing (2013) mostró que la manera en que los hongos matsutake pudieran ser altamente valorados por el mercado capitalista era por medio de la generación de valor despersonalizado, que se realizaba por medio de la desposesión de sus relaciones sociales, de los afectos personales y las cosmologías envueltas en el proceso de su recolección. Para Badaró, las marcas de lujo extranjeras en China no buscan deshacerse de estos procesos sociales, sino que los incorporan y los hacen parte de la marca. Así, los productos de lujo deben ser correctamente valorados y descifrados por quienes los adquieren a través de un conocimiento previamente moldeado en la subjetividad de los compradores. Esto es lo que Badaró denomina como “pedagogías del valor”.
En lugar de eliminar el don de la mercancía, […] la comercialización del lujo tiene como objetivo crear valor mediante la reinserción de las relaciones sociales, la cultura y la historia en el proceso de branding. En este sentido, consumir de la "manera adecuada", -en la forma en que los jefes de branding esperan que los consumidores lo hagan-, implica defetichizar la mercancía. (2020: 92)
Esto es precisamente porque el valor de los artículos de lujo proviene de características no convencionales. Abélès sintetiza que “El lujo es indisociable del mercado, pero escapa a los mecanismos normales de producción de valor. Atributos como la autenticidad, tradición y escasez de circulación están asociados a este tipo de productos. Estos atributos llevan a la sobrevaloración del lujo.” (2020: 56) La búsqueda por autenticidad, tradición, calidad y escasez hacen que el lujo entre en pugna con los procesos de mercantilización. Una vez que un producto de lujo se hace accesible para el público en general éste deja de serlo, aun cuando se conserven sus cualidades materiales tangibles. Esto es así porque su materialidad solo es una base para representar valores inmateriales.
Y según los expertos en marketing, estas dimensiones son precisamente lo que los consumidores chinos de productos de lujo extranjeros ignoran o no aprecian cuando tratan estos productos como cualquier otro producto, lo que significa asignarles valor basado exclusivamente en su precio de mercado. (Badaró, 2020: 92)
Los nuevos ricos chinos, en opinión de los especialistas de branding extranjeros, aún no saben ser ricos. El aumento de las clases altas y medias ha ocasionado una banalización de los artículos de lujo y sus procesos asociados. La nouveau riche china carece del virtuosismo semiótico para la defetichización de los productos de lujo. No están formados en la correcta apreciación y manipulación de valores elevados a través de conocimiento especializado. No solo eso, sino que el crecimiento y expansión de este tipo de mercados ha ocasionado que la autenticidad de los productos de lujo se vea corrompida por parte de consumidores más amplios y diversos. Cada vez hay más acceso a los artículos de lujo, cada vez hay más tiendas y cada vez hay más ricos, lo que ocasiona paradójicamente una disminución de los artículos de lujo en el sentido más estricto del que hablan los expertos en branding y marketing entrevistados por Badaró. El lujo, al pasar por estos procesos, se convierte en una mercancía, y como tal, comienza a devaluarse monetaria y moralmente como cualquier otro bien de consumo común.
Sobre lo anterior quiero resaltar que ambos procesos hacen sobresalir algunas de las características más importantes en los artículos de lujo. En primer lugar, que la asignación de valor de estos productos no está en la producción y -probablemente- tampoco en el consumo, sino que éste es construido pedagógicamente en la subjetividad de los usuarios para posteriormente ser apreciado y manipulado correctamente. En segundo lugar, que, a pesar de tener valor monetario, estos artículos no se ajustan a los mecanismos de mercado comunes, y cuando lo hace, es a condición de perder las cualidades que le dotan el criterio intangible de lujo. Por lo que cabe preguntarse si estos productos se adaptan a la noción moderna de consumo. La respuesta más obvia al respecto sería que se trata de un consumo especializado, restringido y clasista que busca mantener el estatus social por medio del consumo ostensible del que habla Veblen. Pienso que esta respuesta es satisfactoria sólo parcialmente en la medida en que el gasto superfluo tiene una función social de reafirmación de clase. Sin embargo, los párrafos expuestos tienen como intención mostrar la situación especial de estos artículos, de su distanciamiento de los mecanismos de mercado, producción y consumo comunes, la generación de valor diferenciada y el comportamiento sui generis de sus usuarios. Si en todos estos aspectos difiere de los demás bienes de consumo, creo que no se le puede considerar consumo en el sentido moderno. Habría que analizarlo de manera mucho más profunda desde las perspectivas de destrucción (como lo ha hecho George Bataille) y deseo (como lo ha hecho Werner Sombart), cuestiones que no he desarrollado lo suficiente en este ensayo.
Referencias
Abélès, M. (2020). “A mad exuberance” The globalization of luxury. HAU: Journal of Ethnographic Theory, 10(1), 54–68. https://doi.org/10.1086/708668
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Appleby, J. (1999). Consumption in early modern social thought. En L. B. Glickman (Ed.), The Consumer Society in American History: A Reader (pp. 130–144). Cornell University Press.
Badaró, M. (2020). Pedagogies of value: Marketing luxury in China. HAU: Journal of Ethnographic Theory, 10(1), 85–98. https://doi.org/10.1086/707373
Bohannan, P. (1981). El impacto de la moneda en una economía africana de subsistencia. En J. R. Llobera (Ed.), Antropología económica: Estudios etnográficos (pp. 189–200). Anagrama.
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Campbell, C. (1987). The Romantic Ethic and the Spirit of Modern Consumerism. Blackwell.
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Wheeler, K., & Glucksmann, M. (2015). Household Recycling and Consumption Work: Social and Moral Economies. Palgrave Macmillan UK. https://doi.org/10.1057/9781137440440
“In my work I’m mostly concentrated on machines and nature. And the beauty of their symbiosis. I identify myself and people I love with laptops and iMacs. And simultaneously I want to emphasize the artificial vacuum of my creations by using pink and only pink color. This piece was created during a dark period of my depressive episode. It’s about someone I love. And I love you more then wifi.”
Here is more of Sasha Katz’s work:
Artist: Sasha Katz
Tumblr: http://sashakatz.com/
Possession (1981) dir. Andrzej Zulawski
Juan Sordo Madaleno | Palmas 555, 1975 Mexico City
Medical School (1970) of Tel Aviv University, Israel, by Arieh & Eldar Sahron
Housing Complex (1970-72) in Aubersvilliers, France, by Jacques Kalisz & Jean Perrottet
Bruno Latour, Enquête sur les modes d'existence. Une anthropologie des Modernes, La Découverte, 2012
:o
How sciences test things, a summary:
Hypothesis/Idea: *exists*
Social: I guess??
Linguistics: *rocking and muttering to itself silently in the corner*
Biology: poke!!!
Chemistry: *fucks up* yep. that was plan
Medicine: *plans to poke but gets stuck in bureaucracy*
Engineering: *transcended into another realm of existence*
History: filed into “conspiracy theories”
Geography: uh, check?
Physics: drop it, probably dONT pop it
Anthropology: I mean it’s still far from the most insane thing I’ve heard today.
Computer: “;”
Astronomy: can we name it after a food??
Statistics: *fax noises intensify*
Math:…
Math:…….
Math:…….. ¿No?
Waiting for famous people, Jonathan Monk
Cosas cool que hacer
Safe (Todd Haynes, 1995) 🌺💚
Safe (1995) Todd Haynes
Acabó de terminar de ver Safe, y como era de esperarse, quede pasmado, como cualquiera que termina de verla. Cómo es común, surgen más preguntas que respuestas.
Carol vive en Los Angeles. Es una ama de casa de clase alta, tiene un esposo y un hijastro que realmente no tienen mucho impacto sobre ella, salvo en algunas cuestiones muy puntuales. Carol enferma de forma inesperada cuando inhala humo de un camión de carga, y casi al mismo tiempo que ingiere leche. Esto último hace pensar a los doctores que la atienden que es una alergia a los lácteos. Carol por su parte cree decididamente que es el ambiente, el humo, los químicos, la ciudad. Sea lo que sea, las cosas van empeorando y es necesario hacer algo.
Ahora viene la segunda parte de la película. Carol busca ayuda en un centro de ayuda alternativa a las afueras de la ciudad, en el desierto. El lugar es similar a un retiro espiritual. Lo interesante aquí es que el presidente parece lucrar con los supuestos enfermos. Tiene una mansión y no parece ayudar mucho a las personas internadas, al menos no a Carol. La curación “holística” que proponen, esta encaminada al amor por uno mismo, que es lo mismo que decir que el problema es individual, esta en tí.
Como se puede ver, las cosas se ponen un poco enredosas y la narrativa no nos ayuda a resolver los enigmas.
Leyendo algunas reseñas, críticas y comentarios, rescate algunos puntos interesantes a considerar para comprender la película. Es necesario decir que para entender lo siguiente es necesario haber visto la película y que, evidentemente, habrá spoilers.
1.- ¿La enfermedad de Carol en verdad es mental? Es una primera teoría, pues realmente los doctores no tuvieron pruebas de su enfermedad más que su alergia a los lácteos. Un(a) colega en un foro menciona que ella jamás pudo controlar su destino. Su vida como mujer de clase alta jamás tuvo sentido, ella se sentía vacía. Sufre por todo eso. Todo tiene que ver con apariencias. Con comprar un nuevo sofá y arreglar la fachada de la casa. Su mente comienza a enfermar y posteriormente su cuerpo.
2.- Casi todos estaríamos de acuerdo en que todo comienza cuando respira el humo (del siglo XX, ja). Y a pesar de que se encierra en el coche, de que cierra las ventanas, Carol se va hundiendo cada vez más (escena del estacionamiento) en su padecimiento. Al no encontrar ningún alivio en doctores, ella solo quiere encontrar un lugar seguro. Como su coche. Piénsalo. Se encierra en su coche y no funciona. ¿Cómo acaba la película? Se encierra en el iglú, pensándolo como un lugar seguro, y muy probablemente no funcionará.
3.- Cuando comencé a ver el contexto de la película, todo encajo. O al menos me dió una idea razonable de que chingados acababa de pasar. Ok, el director quería dar una mirada a este boom de los farmacéuticos y particularmente de la creciente paranoia y contagio de enfermedades, principalmente de transmisión sexual. ¿Recuerdas a Peter, el líder de la organización? Casualmente tiene ambas enfermedades. La que tiene que ver con el ambiente y químicos, y SIDA. Aquí la cosa se pone interesante. ¿Recuerdas como comienza la película? Carol y Greg teniendo relaciones sexuales. Oh, comienza a tener sentido. En ese caso, las reglas para evitar la promiscuidad y el sexo en el retiro tiene más sentido. Ahora bien, la leche, bien podría ser el símbolo de su infección. Carol se siente mal después de tomarla. Y es el único parámetro médico que los médicos encontraron pero de alguna forma se deja de lado en la película.
Carol no mejora. Para nada, de hecho hasta se ve peor conforme pasa el tiempo. Le hacen creer y morirá creyendo que era su culpa y que solo tenía que amarse más.
Piénsalo, explica casi todo sobre la película. Sus síntomas, recaídas, sensibilidad.
Obviamente no todo to ha de explicar, quedan huecos. Lo más interesante es que (de acuerdo a mí) no sólo es un aspecto, si combinas todos los aspectos de la película todo se hace más complicado. Es muy enfermo.
Otras cosas para tomar en cuenta.
Si prestaste atención, la ambientación auditiva esta cargada de sonidos industriales, carros, aviones, máquinas. Creando esa sensación del ambiente enfermo y peligroso.
La película abarca temas tan variados y los conecta con el común denominador de malestar. Destino, enfermedades, modernidad, deterioro ambiental, sexualidad, tratamientos, psicologización de los problemas, amor propio, búsqueda de seguridad. Nunca estamos a salvo, siempre estamos en peligro, sea por una cosa u otra. Esto más que asustarnos, debemos ser conscientes de ello y afrontarlo, supongo. no sé. saca tus conclusiones, reflexiona, deprimete, o tómalo con calma.
OTRA COSA. A todos nos sacó de pedo el tipo que camina como alienigena o gallina. Sí, da miedo. La única explicación que hallo es que Peter le comenta a Carol que ese tipo es alguien que tiene miedo de caminar, respirar y vivir. Si lo ves detenidamente (que miedo) esta totalmente cubierto por un traje extraño.Su paranoia ha llegado tal grado que no se siente a salvo en su propio cuerpo. Probablemente, (según mi teoría) él igualmente tiene SIDA. tal vez ya lo sabe.
Tienen algo más que decir, alguna cosa que hayan pensado??
Margaret Qualley (as Sister Cathleen) Rebecca Dayan (as Sister Emanuel) From the sternly-graceful, and beautifully-acted drama, NOVITIATE (2017) “I seek… something more.”
Daisies (Vera Chytilová, 1966)