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@mxssgaia
La casa de los Bradford atendía muchas visitas diariamente, en especial de modelos extremadamente delgadas dispuestas a probarse los atuendos que uno de sus confeccionaba, pero ese día en específico no esperaban visita alguna. Así que cuando sonó el timbre, Día fue enviada para abrir la puerta y recibir a la persona en el exterior. Al abrir la puerta se encontró con una morena de largo cabello. “Buenas tardes” respondió amable. Tras escuchar el -notoriamente- ensayado discurso, la castaña se encogió de hombros “No lo sé, ¿que te parece a ti?” cuestionó, posteriormente recargó su cuerpo en el marco de la puerta esperando una respuesta. Muy probablemente la joven terminaría dándole dinero, solo estaba aburrida y quería entablar una conversación interesante con alguien; esperaba estar en el rumbo correcto. “¿Quién es Marilyn?” preguntó una voz desde el interior “¡Una chica de la secretaría de cultura papá!” contestó dirigiendo por un momento su mirada hacia el interior para después devolverla hacia los ojos cafés de la contraria.
Mantuvo su sonrisa en cuanto la menor en frente de ella pronunció palabra, debía mantener su papel el tiempo que le costara convencerla de gastar un par de billetes en esas rifas inútiles desde su punto de vista---. Depende, depende ¿Desea oír la respuesta política o una más apegada a la realidad en que estamos situadas? ---inquirió arqueando ambas cejas, casi en un disimulado aire bromista en la línea de su diario humor ácido y sarcástico. Al oír el grito del hombre proveniente desde el interior, Gaia se preguntó si no había interrumpido en medio de una reunión familiar o similar---. Oh, dígale a su padre que no robaré demasiado tiempo. Sólo estoy aquí para ofrecer unas rifas a veinte dólares cada una, son para ayudar a recaudar dinero para la secretaría de cultura y tienen interesantes premios.
En el mismo momento que terminó de saludar a su amigo del secundario, el timbre sonó. Aprovechando que estaba por abandonar la casa abrió la puerta, llevándose una sorpresa. Una fuerte carcajada salió de su boca cuando apareció su hermana en la puerta pidiendo limosna, por así decirlo –No, no me parece– dijo sonriente, una vez que se calmó. –Si quieres dinero sólo tienes que pedirlo, Flowerfriend. No es necesario venderme papelitos.
¿Qué carajo hacía su hermano en esa casa? ¿Por qué de todos tenía que encontrárselo a él en medio de su venta? Soltó un suspiro ante la carcajada de éste y no pudo evitar rodar los ojos por su broma--- ¿Qué haces aquí? Vaya sorpresa, Riv. No sabía que saldrías de casa ¿Bongo se cansó de tu cara y te echó acaso? ---inquirió burlona con una ceja arqueada---. Me obligan a venderlos, ya sabes que si yo quiero dinero uso el mío y ya, no necesito pedir... en fin ¿Quien sea que viva aquí querrá gastar cincuenta dólares? Me quedan dos rifas para acabar.
“No” Espetó la fémina con su vista fijada en aquella estantería llena de botellas de diferentes colores y tamaños que estaba frente a la barra en la cual estaba sentada. Había notado por su rabillo del ojo a una persona intentando sentarse en la banqueta que estaba a la par de la de ella. “Está ocupado” Excusó (mintiendo, obviamente) para luego llevar su copa de vino para mojar sus labios en aquel líquido avioletado. ¿Tan difícil era tener un poco de privacidad?
A pesar del comentario, se sentó junto a su hermana. Si bien era mayor que él, no era nadie para decirle que hacer. Además que le gustaba molestarla y si sentarse justo en esa banqueta la haría enojar, lo haría. “Me senté igual. ¿Ahora que me sucederá? ¿No cenaré esta noche?” inquirió en un tono burlón, mirándola fijamente.
— Ya lo sé, Magenta. Está ocupada por tus adorados hermanos —le replicó a la mayor con un tono que rozaba la ironía al tiempo que se sentaba en la banca al lado contrario aún sin su permiso. Después de todo eran familia y no precisaba de tal cosa con sus hermanos. Tras acomodarse, observó de reojo a la morena (a quien, si le preguntaban, diría que había encontrado de pura casualidad)— ¿Ni siquiera nos invitarás un trago? Mal educada. Mira que me lo debes por dejarme plantada el otro día.
¿Qué tan bajo se podía caer en la comunidad artística de la ciudad? Ah, sí. Tan bajo como ser una de las tantas que debían salir a las calles a vender las rifas dispuestas para recaudar fondos, cosa que la morena detestaba a sobre manera. Así que ahí estaba, tocando timbre por timbre de aquella manzana y tratando de poner la mejor cara a los vecinos que le abrían la puerta---. Buenas tardes, vecino ---saludó al tiempo que forzaba una leve sonrisa típica de vendedora. Era una actriz (y para nada mala a decir verdad), así que dentro de lo posible se veía creíble---. Hoy es un lindo día para hacer una generosa donación a la secretaría de cultura de Bellevue con la compra de una rifa ¿No le parece?
a barcley-harvey moodboard.
#1
Primer día que rondaba en esas calles tan barriales para la vida que había tenido durante casi dos años, el sol en la mañana como despertador, la tierra como piso y la naturaleza como hogar. Regresar a la civilización y acostumbrarse a la rutina del mismo lugar en si, era difícil, pero ya estaba casi acostumbrada del todo, vivir con su hermano mayor o medio hermano, era igual para ella el lazo fraternal impuesto por decisión propia era tan real como el que tenía con Terra, su otra hermana mayor. Sabía que extrañaría demasiado a su sobrino pero era tiempo de comenzar de nuevo en otro lugar. Las calles se hacían complicadas de memorizar y ya era la tercer vuelta que viraba en busca de encontrar la oficina de su hermano y un lugar donde conseguir leche de soja. Frenó a la primer persona que pudo encontrar — Lamento actuar así pero estoy buscando un lugar donde comprar productos naturistas — Comenzó a explicar con su denotado acento inglés — Me han dicho de una por aquí pero honestamente… — Hizo una pausa mientras fruncía los labios y negaba con la cabeza — No he podido dar con ella aún ¿Podrías ayudarme?
Ante la interrupción del paso por parte de aquella rubia, que desconocía, Gaia no hizo otra cosa que fruncir el ceño y retroceder un paso casi como si la otra estuviese enferma o similar. Tras oír las palabras que tenía para decirle, se tomó unos segundos para meditar si conocía o no la tan mencionada tienda. Le sonaba de haber oído a su hermana hablando sobre ella, después de todo Magenta era un tanto obsesiva con utilizar únicamente productos naturales y la había acompañado un par de veces de compras---. Sí, hay una dietética cerca, porque así se le llaman para tu conocimiento. Habla con propiedad y no recurras a palabras vagas como ‘lugar’, cariño ---espetó al tiempo que alzaba el mentón como gesto de arrogancia para luego señalar con su dedo índice la dirección correcta---. Dos cuadras hacia allá, si no me equivoco.
Colocó entre sus dientes un cigarrillo y con un rápido movimiento que detonaba práctica lo encendió. Su mirada se encontraba fija en un par de ebrias muchachas que, en el escenario del bar donde había decidido pasar parte de la noche de viernes, gritaban la letra de Crazy in Love un par de tonos más arriba de lo correspondiente. Aún no entendía por qué diablos se encontraba presenciando ese circo. Soltando un suspiro, dio dos pequeños golpes al cigarro para dejar caer la ceniza sobrante y luego otra larga calada. —Presiento que la resaca que tendrán mañana será inolvidable —soltó suavemente a la persona que se encontraba a su lado, sonriendo amena al ver como una de las muchachas se dejaba caer contra la pared del fondo del pequeño escenario, deslizándose poco a poco por ella hasta quedar medio recostada en el suelo.
Tras cobrar el dinero que unos sujetos le debían, Gaia se acercó a la barra a beber algo para pasar el rato hasta que su hermano mayor pasara a recogerla. En una de esas, escuchó a aquella rubia dirigiéndose hacia ella y su mirada rápidamente se desvió al show que estaban dando las muchachas en el escenario del bar. Al ser habitué de locales de ese tipo, la morena ya tenía conocimiento de la gente que concurría y el porqué de la mayoría de las cosas---. Ah, esas dos. Son prostitutas ---masculló para que sólo la contraria la oyese---. Acabarán con una resaca importante, sí, pero también con unos cuantos dólares. Para eso arman todo ese show vergonzoso y repugnante, para atraer la atención de algún sujeto despechado y necesitado.
Se inclinó hacia adelante y tomó los objetos caídos, no había sido tarea fácil pero, con esfuerzo, lo logró–. Todo era más fácil cuando jugaban con ramas y no pistolas de juguete –comentó más para sí que para la morena cercana a ella.
La observó recoger las cosas por sí misma, pero ni se inmutó por un segundo---. Se equivoca. Todo era más sencillo cuando los padres sí educaban a los hijos y no le dejaban esa vital tarea a las computadoras ---respondió con simpleza.
My skin has turned to porcelain, to ivory, to steel.
Se encontraba sentado cómodamente en una de las sillas de la barra de uno de los tantos bares que tenía la ciudad. Su rostro se encontraba sereno, pues estaba muy ocupado con sus propios pensamientos como para fijarse o entablar conversación con alguien más. Sin embargo, con el paso de los segundos se dio cuenta que alguien lo estaba mirando y quizás demasiado para su gusto. Ryker fijó sus ojos azules en la persona, sin intentar disimular ni nada, pues la otra persona tampoco estaba disimulando. “¿Algún problema?” Interrogó, más bien parecía una amenaza a una pregunta. Tal vez la persona no dejaba de mirarlo porque tenía las uñas de sus manos pintadas de diferentes colores, Marloes se había dado la tarea de dejar a su padre ‘lindo’ la noche anterior y el ruso había estado muy ocupado como para quitarse el esmalte.
La morena estaba en aquel bar únicamente para encontrarse con uno que otro cliente que les debían bastante dinero ¿Acaso la verían amenazante a Gaia? No, pero casualmente era de las mejores para convencer a éste tipo de personas que pretendían drogarse y no pagar a cambio por la mercancía. Con motivo de ésto, allí estaba en la barra del lugar escaneando de reojo a las demás personas para ver si lograba dar con los indicados; al menos en eso estaba hasta que una voz la sacó de su ensimismamiento y se enfocó en los ojos azules del contrario que lucía un tanto molesto aunque lo que más llamó la atención de la chica fueron sus uñas pintarrajeadas. Algo no muy común en un hombre, si tenía que ser sincera---. Eso depende ¿Tú tienes alguno? ---inquirió con una ceja arqueada, sin darle más importancia de la debida---. Por cierto: “Hola, buenas noches, ¿qué tal?”. Esa es la manera correcta de iniciar una conversación, sólo para que conste ---añadió encogiéndose de hombros.
Quiso responder que no, Noah había anotado perfectamente la palabra sin gas cuando había ido a pedir su orden, más tan solo apretó los labios por un segundo y asintió. “Esta bien, disculpe, ahora se la traigo” agregó en un murmuro, mientras tomaba el vaso que había llevado hacía solo segundos con intensión de volver a la cocina.
--- Oh, no. Ahórrate eso para el gerente puesto que disculpas tendrás que pedirle a él cuando le cuente de este error causado por tu incompetencia si no regresas en treinta segundos con mi pedido correspondiente ---aseguró con indiferencia sin siquiera dedicarle una mirada a la castaña al tiempo que hacía un ademán un tanto despectivo con su mano para que se fuera.
No le sorprendió en nada la actitud, así como respuesta, que la morocha da a lo acontecido. Eran cosas que pasan pero realmente el tono en que la chica se expresó no le agradó en nada, simplemente quería irse y dejar todo así para no arruinarla más. “Claro, yo aprendí mi lección y espero que tu aprendieras la tuya. Un simple lo siento hubiera servido.” Respondió sin siquiera regresarle la mirada y procuró intentar ocultar aquellas manchas con su chaqueta. Cosa que sirvió por ahora. “No, no, pero gracias” agregó, sonriendo por cortesía antes de proseguir con lo propio y tirar los restos de su café en uno de los basureros cercanos.
--- ¿Un lo siento por parte mía? Por favor, no me vengas con esos cuentos a mi. Yo tan sólo quise salir de la tienda, una actitud tan inocente que no es culpa mía que tú hayas estado casualmente parado detrás. El error recae en ti, señor, te informo que la puerta no es del todo de cristal ---le comunicó a secas al muchacho al tiempo que rodaba los ojos. Él estaba bastante mal si creía que iba a escuchar un perdón de su parte, era una palabra que salía de sus labios en muy excepcionales ocasiones en las que llegaba a reconocer cierta culpabilidad en voz alta. Con su mano libre, la morena rebuscó en su bolso un pañuelo blanco y se lo entregó, al menos de algo le serviría---. Vale... pero así no creo que puedas ir a ningún lado.
Anónimo confiesa:
❝ Confieso que los Barclay me dan miedo.❞
Luego de pasarse toda la tarde trabajando en un nuevo proyecto, decir que necesitaba despejar su mente de los planos era poco. Se vistió con ropa deportiva, tomó su iPod junto a sus auriculares y salió a correr al parque más cercano. Estuvo así un largo rato hasta que aprovechó el cansancio para cambiar de canción. Con la vista fija en el aparato tecnológico, no logró divisar a tiempo el otro cuerpo que chocaba contra el suyo y provocaba que el iPod se estrellara contra el suelo. Se agachó rápidamente a recogerlo y con un suspiro comprobó lo que ya temía, la pantalla era un desastre. —Tienes suerte de que sea el viejo, porque sino ya estarías muertx.
--- Y usted tiene suerte de que semejante golpe no impactó directo en su cabeza ---se atrevió a meterse en el medio de la ‘rencilla’, con la que se topó de casualidad al tomar el parque como un atajo en su camino, lo que dio lugar a que el adolescente tomara la pelota de fútbol que anteriormente impactó contra la rubia y desapareciera en un pis paz--- ¿Ni una mísera disculpa? Estos críos cada vez salen más descorteces.
“Aquí tiene” murmuró la castaña mientras dejaba un nuevo vaso de bebida en la mesa de uno de los comensales del restaurante. “¿Necesita algo más?” preguntó, colocando la carta que había en la mesa sobre su estómago, observando a la otra persona.
--- Eh... Yo pedí agua gasificada, ésto claramente no tiene nada de gas ---se quejó en un tono un tanto severo en dirección a la mesera apenas notó la falta de burbujas en el vaso y lo empujó hacia el centro de la mesa, rechazándolo---. Lindo servicio tienen por aquí, lo recordaré para la próxima ---sabía que no debía pagar el hecho de que su hermana la plantara con la chica, pero eso no le importaba en demasía.