Esta vez te hablé claro, y por primera vez sentí que hablaba con alguien y no con un fantasma. Respondiste, refutaste, peleaste, vi tu cara de preocupación por momentos, todo fue diferente. Qué es lo que tendrás que a pesar de estarme dejando en claro tu falta de interés, me seguías encantando con cada gesto de desaprobación. Me repito en la mente el cliché, “respétate, no te dejes utilizar” y cada que lo repito deseo más ser utilizada por ti, deseo aprovechar cada segundo en el que te tengo cerca, aunque sea falso, aunque sea vacío, tú estás ahí y yo estoy a tu lado sintiendo todo por ambos. Han pasado más de dos años de vaivén y hoy por fin tuviste la fortaleza de hacerme enfrentar la verdad, yo para ti no soy amor, no soy amiga, pero sí soy algo… tu debilidad. “Tú eres mi debilidad, tú” tantas veces lo dijiste, me encantó escucharlo, aunque se rompía un poco más mi corazón porque “tu debilidad”, eso no es suficiente. ¿Alejarnos? ¿Para qué? Ya lo hemos intentado y no funciona, “dame solución, lo has pensado tanto que debes tener una solución que funcione” dijiste, me quedé callada por un rato.. “tengo que mandarte a la mierda, enviar todo al demonio y tienes que ayudarme”. Que solución más ineficaz, qué duro no tener la respuesta. No podía decirte que la solución era solamente que me quieras, tú no querías una solución falsa e inalcanzable. Te abracé llorando, te dije nuevamente lo mucho que me encantas, de nuevo sin respuesta. Quiero que esto acabe… quiero seguir siendo tu debilidad por siempre…