No existe el karma, la vida es simplemente injusta. No hay nada mágico o divino que vaya a hacer justicia para ti, por eso no hay nada qué temer; pero tampoco nada qué esperar. Nada bueno va a pasarte necesariamente por intentar hacer las cosas del modo que creas más sensato, pero tampoco nada malo va a ocurrirte por hacer lo contrario. Y entonces, ¿para qué hacer bien las cosas? La única retribución a cambio es sentirte bien contigo. Pero créeme, eso ya es lo suficientemente valioso.













