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Lo que se siente como palabras al aire
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La fuente del talento innato proviene de ese lugar delicado, delicado de esencia y de hablar: el cielo, el Todo, el altísimo lugar.
Yo sí creo que todos tenemos algún innato talento dentro que habla en confusos sueños y llora cuando nos vendemos.
Y son sus lágrimas sentimientos de angustia, de tristeza, de anhelo, de odio, de ira, de desconsuelo, porque qué harías tú al vivir esto:
Sentir que tu cuello se torna morado bajo las manos hechas para amarte, y que tu aire no logra sacarse la sangre de un espíritu profundamente amargo.
Es sorprendente verdaderamente lo poco que se necesita para mantener con vida el principio que nos guía, este peculiar problema llamado vida, llamada alma.
Es verdaderamente sorprendente esta necedad ante ella, el escupir en su belleza, el ignorar este problema: oír este infinito llanto sin comprenderla. Asesinarla.
Más no es, al principio, culpa nuestra, y es la culpa per aspera ad astra: INÚTIL, es, al principio, esta lastra sociedad (qué siempre es y siempre será).
El problema real radica en verla como grita, quitada ya la política venda, oirla gritar sabiendo que está muriendo y seguir en la misma vereda.
Es este turbio cristal de aumento, es ésta razón tan poderosa que tergiversa las estrofas para darles un carácter "adecuado".
Miedo.
Si es el amor la piedad que nos tenemos, hemos dejado de ser piadosos.
Si el miedo es un cristal de aumento, hoy sólo vemos sin movernos.
¿Qué es esto? Dime lector, o lectora, ¿qué es este pusilánime comportamiento?
Llámale por las metáforas que sea, utiliza el lenguaje como iracunda luz, valientía de áquel caballero andaluz, y enfrenta de frente esta odisea.
Más busca primero tu talento innato, siéntate en el lenguaje mistico del silencio a escuchar esas lágrimas óseas, ansiosas de beber y saciar la sed que te acongoja, y bébete esa muerte de un solo trago.
Camina con la frente en alto que hay dignidad en tú trabajo. Sólo te pido seas recíproco con el llanto que llevas dentro porque es la voz de tu anhelo que pide a voces... vivir un poco.
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Cada vez que el impulso de la brisa, como una mano débil, indecisa, levemente sacude la vidriera palpita más aprisa, más aprisa mi corazón cobarde que la espera.
Fragmento La puerta. Amado Nervo
Dime, ¿qué le puedo decir? Aconséjame: ¿cómo alivio su sufrimiento y el mío, si al final son el mismo?
Instalaste tu corazón en mí a través de tu poesía, y ahí sigue: una hoguera congelada por el frío, lágrimas que no ves, llanto contenido que horada las cicatrices de mi alma y al que no encuentro forma de darle cura.
¿Qué hago con este corazón hipnotizado por el tuyo?
Tal vez debí detenerme en el umbral de tu primera estrofa o en el rellano de tu segundo verso, pero mi error fue leerte hasta el penúltimo párrafo…y es allí, justo allí, donde a raudales te espero.
Un beso
Hoy en día los hombres ya no saben llenarme como lo hacían antes, y me refiero tanto a una expresión profunda y sentimental, como al propio acto de practicar el sexo con ellos. Pues ni con una, ni con otra me siento satisfecho, ni mucho menos con su pene en mis adentros.
Sigo encontrando el placer entre sus cuerpos, tampoco se me malinterprete, pero ya no siento recorrer por dentro de mi ser la misma chispa que me recorría antes de desnudarme ante sus ojos.
Todos se me hacen tan iguales, tan idénticos, tan similares y vagos, que cuando mantengo una conversación con ellos, ya me estoy respondiendo en mi cabeza antes de que puedan abrir la boca, y rara vez me equivoco en dictar un diálogo.
Los mensajes se vuelven monótonos, al igual que los hágalos y los cumplidos cuando escuchas los mismos en repetición constante, como si no existieran tampoco otras palabras para poder describirme.
Desde mi aspecto a mi físico, todo lo que un chaval me pueda llegar a decir tanto en connotación romántica como en sexual, quiero que sepa, que eso mismo ya me lo habrá dicho otro hombre antes que el, y antes que ese hombre, también me lo habrá dicho otro sujeto masculino mucho antes, y así en una cadena infinita que se repite sucesivamente.
Mandar nudes perdió su gracia cuando sé perfectamente con que me va a responder el chaval, y me da mucho coraje los que solo responden con emojis.
Tampoco los suelo escuchar ahora, e intento también no tomarme muy enserio sus palabras. Pues su discurso se desmonta tan rápido como se levanta su libido dormido.
O mejor dicho, se les acaba la charlatanería conmigo conforme otro culo pasa por su vera y también se la quieren meter a la misma vez que lo intentan con un servidor. Viendo que cae antes, abriendo frentes.
No los culpo.
Si esto se volvió una granja de cerdos… Me gusta pensar que soy uno de los ganaderos que los cebarán y luego los mandarán a la muerte.
Tan solo por mero placer.
El poco que aún no he perdido.
Ya no estamos atados el uno al otro. Si el destino lo permite somos libres de volvernos a encontrar.
Ruidos de un Corazón.
Tu nombre
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.
Jaime Sabines