Hasta aquí, nunca los escuchamos!
Ha transcurrido casi todo el siglo XXI, quienes nacimos en las últimas décadas del siglo anterior, por conocimiento de economía, cultura, sociedad, antropología, filosofía, idioma etc. jamás hubiésemos podido avizorar este presente.
La realidad es que ni si quiera sé, porque estoy escribiendo esto o sí. Soy una de las últimas personas que puede entender este sistema de lectoescritura latino. Quedamos pocos, nos reunimos los miércoles en la noche, en el subsuelo de un hospital abandonado, donde funcionaba el quirófano.
Hoy salí a dar una vuelta, llevamos treinta y cinco semana, sin ver el sol.
Los conflictos no han cesado, uno se termina acostumbrando -que palabra fea, cuando la habré incorporado? La situación es difícil. Mientras recorría esto que queda, entre ciudad y basural, crucé un hombre de unos cuarenta y pico de años, su piel tiznada, sucia, como si estuviese expuesto al fuego, los pelos duros, la barba crecida, el color de su piel se debe a la sangre de otros como él, o animales que ha ido cazando y comiendo, a veces su alimento estaba muerto, y otras veces no. En el único lugar de donde se puede sacar agua, es de otros cuerpos, la higiene personal no es una prioridad. Se hace difícil verlos comportarse así, sobre todo a los que queremos, a nuestros allegados. Me cuesta adaptarme.
Pensar que cuando era joven, estaba considerado un rebelde y revolucionario por mi familia, alguien que intentaba vivir de la música, una industria dura pero no imposible. Era un loco, un bohemio, un soñador, para el común de la gente, que según la mirada de esa sociedad no necesitaba, una remuneración, ni dinero para encajar en ese sistema, con la excusa de que era “arte” lo que hacían, creía en el amor, que hablando era la forma de mejorar, de crecer espiritualmente, tenía que ser multiplicador de conocimientos y emociones. Eso no vendía, no juntaba votos, mucho menos era tangible, en una sociedad donde el dinero tenía más valor, que su valor nominal mismo, servía para comprar cualquier cosa material, inclusive al punto que valía más que las personas. Las personas que tuviesen más efectos materiales valían más, que las que tenían menos, o sea también se podía comprar personas.
Que irónico, siendo hoy, la India la mayor potencia mundial, no existen espiritualidades, ni creencias, ni relaciones, ni familias, ni seres para venerar. Bueno si a lo único que veneran, es esa pulsera, que proyecta en su piel la información que necesitan, y los distrae, tienen hambre, no piensan, son instintivos.
Lo terrible de esta reflexión, es, ¿cómo no lo vimos venir?
Las personas se comen entre sí. Somos el único recurso renovable que queda. Nos reproducimos sin límites, de la misma forma nos herimos, nos matamos, para comernos entre nosotros.
Los ecosistemas, sólo existen en algunas fotos de viejas revistas, que tengo en mi altillo.
Recuerdo, mi juventud, donde nos decían que debíamos aprender a hablar en inglés, que era “el futuro” después nos insistieron con estudiar chino. Hoy ninguna de esas lenguas se habla. De hecho las personas no hablan entre sí. Sólo existe un único lenguaje, como si aquellos visionarios que pensaron el Esperanto, hubiesen predicho el futuro, un único lenguaje para todo un planeta. Lo terrible, lo que nunca hubiesen imaginado, es que hay solo un grupo que puede decodificar ese lenguaje, los demás estamos al margen.
Estos jóvenes -aclaremos que cualquier persona que tenga menos de 70 años es joven para mí- son aquellos a los cuales retábamos y no dejábamos que jugaran a los vídeos juegos, hoy están tratando de invertir el paradigma de la educación.
Claro, que en la segunda década, de este siglo, tuvimos esa clasificación de seres humanos, según sus posibilidades económicas. Hoy no hay ricos y pobres. Estados Unidos, desapareció con el fin del petróleo. Lo que se conocía como China hoy es un pueblo fantasma, todos los que pertenecían a esa etnia se suicidaron, no soportaron la presión y el hambre, eran la mano de obra más barata, a sus jefes se los llevó la depresión.
Los niños del 2015, se cansaron de pedirnos… No los supimos escuchar, ellos No querían jugar a los vídeos juegos, en esas increíbles consolas, querían ser parte de esa historia, modificarla, crearse como nuevos personajes, escribir por sobre lo que otros habían hecho, ellos entendían, que eso era libre, la información ya no se retaceaba, como nos habían enseñado a nosotros, sabían que la información era de todos, había que compartirla. Los adultos los tildábamos de utópicos, hoy a mis casi 90 años, puedo darme cuenta como repetimos la historia, en mi juventud, los adultos, me decían, que era una utopía vivir de la música, tal como yo en mi adultez censuraba a los jóvenes para que se alejaran de los vídeos juegos y las consolas.
Hoy no existen las industrias y la forma de comunicación es la programación y las únicas personas que están cambiando esta realidad, son aquellas que aprendieron el lenguaje de la programación, eso de escribir con un código que no todos pueden descifrar, donde predomina una lógica básica, es que nos hemos vueltos tan básicos, que necesitamos aprendernos de nuevo. Ellos están haciendo un trabajo enorme, día a día, para reeducar, para tratar de volver, de darnos una segunda oportunidad, volver el reloj a cero y empezar de nuevo…. que idealistas, ¿no?