Hay algo mágico en enamorarse por primera vez después de mucho tiempo. Ese proceso delicado de abrir tus sentimientos y confiar en alguien más, una vez más, una intimidad que pocas personas comprenden realmente.
¿Qué hay de loco en querer que sea para siempre? ¿En querer compartir tu vida, tus valores e ideales con esa persona por toda una eternidad? Esa es la intimidad que solo encuentras cuando te permites ser vulnerable, desastrosa, y mostrar esa versión de ti misma que tanto te aterra, esa que a veces te decepciona, preguntándote si, aun bajo esas circunstancias, esa persona se quedará para abrazar tus heridas y tus miedos. Solo cuando te atreves a eso, el resultado puede ser alguien dispuesto a sostenerte y demostrarte que sí, que puedes confiar una vez más.
Sin embargo, siento, en lo profundo de todo eso que quiero ocultar, el eco de esas versiones pasadas que entregaron todo para terminar entre lágrimas y mil heridas, de quienes decían amarlas para luego empañarlas. Da tanto miedo volver a amar, pero ¿qué somos sin el amor? ¿Quién nos arranca la esperanza y el deseo de encontrar a nuestra mitad? Yo, especialmente, daría todo lo que tengo por quedarme junto a la persona que avive todos mis sentidos. Ya no quiero nada a medias; ya no quiero a alguien que un mes dice que soy perfecta y lo mejor que le ha pasado, para que al mes siguiente me diga que merezco encontrar a alguien "mejor" o que me "merezca", como si luchar por amor fuera una carga, como si yo fuera demasiado difícil para quedarse.
Aunque quiera ilusionarme y soñar como solía hacerlo, ya no puedo. Me aterra. Dirán que es cobardía, que de qué vale vivir desconfiada, pero si las personas supieran lo frágiles que pueden ser las palabras y lo engañoso que a veces es el corazón, entenderían mi pesar.
Porque amar y enamorarse son dos cosas distintas... y a veces vivimos en un extremo o en el otro.
Pero me enamoré de unos ojos que no puedo leer tan fácilmente, de unas manos que lucen tan gentiles… manos que, quizás, podrían tocarme con la delicadeza que tanto anhelo, sobre todo, sin romperme en el intento. Alguien tan astuto y pensante. Me pregunto cómo será descubrir el mundo a través de su mirada, y si finalmente, esta vez, el miedo sea solo el preludio de alguien que, sin prisas y con intención, decida quedarse a construir algo real conmigo. Donde no les cueste ni un segundo hacer lo imposible para iluminar mi vida, que muevan cielo y tierra para mostrarme su amor de mil maneras. Quiero a alguien que actúe siempre desde el corazón, sobre todo con intención... alguien que, en los días en los que siento que no puedo con todo, tenga la paciencia y el espíritu para estar ahí, para ser mi apoyo real y no soltarme cuando la tormenta se ponga difícil. Quiero un amante, pero, sobre todo, quiero un compañero en quien pueda apoyarme, que sea mi lugar seguro. Alguien que vea mi lado infantil y, lejos de pensar que soy tonta, encuentre calidez y ternura en verme así. Que mis sentimientos y mi opinión siempre sean tomados en cuenta, sin hacerme sentir que soy "demasiado difícil". Alguien que entienda que los gestos sí importan, que las fechas especiales son un mundo para mí. Quiero serlo todo, quiero darlo todo, y quiero que esa persona me vea como un todo, porque para mí, es todo o nada.
Al final, ya no se trata de remar más rápido, sino de remar al mismo ritmo. No busco a quien se asuste con las olas, sino a quien encuentre en la tormenta una razón más para quedarse a mi lado. Sigo aquí, con la esperanza intacta, esperando saber si esos ojos que tanto me intrigan pertenecen a alguien con la valentía suficiente para tomar el otro remo. Porque ya no quiero llegar a la orilla sola; quiero a alguien que, sin importar lo complicada que sea la corriente, esté decidido a cruzar el océano conmigo.














