Sentimientos Paralelos. Parte Vlll
Mientras tanto ahí estaban todos mirándolo mientras sufría mucho, yo era uno de ellos, el señor Tron hablaba con él doctor Stone, solo le contaba sus chistes malísimos, mientras que al doctor Stone no le importaban, lo que si le importaba eran las zanahoria que el señor Tron le había ofrecido. Llevaba dos días en cama el señor Kensai y ya se le notaba la mejoría, los medicamentos de yerbas especiales del doctor Stone eran de una gran calidad, por no decir; lo mejor del sur, aunque siendo sinceros, es raro que no se coma sus yerbas medicinales convirtiéndolas en ensaladas, ignoren que dije eso por favor. Saben Kensai es un chico ni muy alto ni tampoco bajo, de tez trigeña, muy delgado; eso lo hacia ver largo en aquella cama, sus extremidades eran largas, nariz perfilada, frente prominente con su cabello echado hacia atrás, su rostro siempre se veía relajado aunque en ese momento se veía bastante mal. Nunca vi una apariencia tan débil en un canción de cuna antes, los seis jóvenes anteriores se veían en condiciones pero ninguno llego tan lejos, todos murieron a manos de la armada real; ellos decidieron regresar a sus respectivos mundos dado que cada uno tenia una familia por la cual regresar, me preguntó si el señor Kensai, tendrá familia, pero hay algo en sus ojos que es diferente; vi una llama en sus ojos negros y grandes, esos enormes ojos no tenían duda de nada, todos los demás se veían indecisos a todo lo que les sucedía en lo que era para ellos este nuevo mundo, saben que me parece cómico es que Kensai lleva puesta una pijama con dibujos de notas musicales, azul con negra. Cuando despierte buscaremos algo para él. Al pasar un día, llegaba el momento, Kensai se veía estable, el doctor Stone dijo que hoy él despertaría, y así fue, en la mañana despertó, tuve que contarle todo lo que paso. Cuando desperté me sentía muy aturdido, no sabia lo que había ocurrido, pero Richochet me contó todo. Conocí al doctor Stone, un señor muy grande por cierto, y le agradecí por salvarme, a pesar de que solo se la pasaba comiendo y ni parecía importarle que yo le diera la gracias. Cuando llegó la tarde Ricochet me dijo que fuéramos con el herrero, para que hiciera mi Katana, a lo que yo respondí feliz -Claro, vamos- pero antes de partir Ricochet sugirió -Oiga señor Kensai, podría cambiarse de ropa- -¿Que pasa Ricochet no te gustan las pijamas?- -No es eso, es que todos se burlaran de usted- -¿En serio? Pero es bonita- "vaya que es tonto" se decía así mismo el conejo -Bien, pero no tengo ropa- replico Kensai. - Tranquilo, te conseguí algo- Me dio la ropa y me la puse, era un pantalón marrón que llegaba hasta poco mas abajo de la rodilla, unos tenis blancos maltratados, y una camisa blanca rasguñada. -Estoy listo- exclamo Kensai -Le queda perfecto, vaya que tengo un buen ojo- -Gracias Ricochet- -De nada, disculpeme usted por elegir su ropa, no sabía que estilo le gustaba- -No te preocupes, esto esta bien, es cómodo- mientras que de fondo a nuestra conversación se escuchaba las altas carcajadas del viejo Tron que repetía constantemente entre sus fuertes risas: "pijama de notas musicales, como no me di cuenta." cuando se calmo hubo un silenció, y en ese instante aproveche para invitar al viejo Tron -¿Vienes con nosotros? Vamos con el herrero- -Tranquilo jovencito, vayan yo estoy muy viejo para esos viajes largos, son cuatros horas desde aquí- Entonces procedimos a irnos, pero el viejo Tron detuvo a Ricochet - Espera, vayan al río, traigan agua, les queda de camino- nos dio un galón cilíndrico, el que puse a mi espalda como si fuera una mochila, luego nos despedimos y nos fuimos. El doctor Stone, fue llamado por una familia cercana, así que Ricochet se salvo de llevarlo de regreso, el doctor Stone vive muy lejos, así que aprovechan para tratarse cuando esta cerca o en el pueblo. Ricochet y yo salíamos del pueblo de Siri, mientras observaba la extrema pobreza en la que vivían los habitantes de este pueblo. -Mira- me dijo Ricochet - ves ese pequeño edificio con forma de casa y esas grandes torres detrás, ahí esta la sede de la armada real de Siri, esta en una alta colina y se ve muy lujoso, con banderas blancas con el emblema de una X de color rojo y una corona de oro arriba de la X- Le pregunte a Ricochet que significaba, y me respondió que el símbolo de la armada del rey. -¿Que vas a hacer señor Kensai?- -¿A que te refieres Ricochet?- -Me refiero a que si quieres volver a tu mundo y enfrentar al rey- - Claro que lo haré, tengo una gran razón para volver, aunque muera en el intento no puedo quedarme aquí- Ricochet lo miro y se veía muy decidido, volvió a ver esa llama que vio antes en sus ojos. -Sabes señor Kensai, algunos canción de cuna decidieron no volver y vivir para siempre como inmortales, teniendo un perfil bajo sin enfrentar a la armada. ¿Que opina de eso?- -¿Que opinó de eso? Es una broma, solo son unos cobardes la vida no vale mas que tu propia libertad, cuando la libertad significa estar junto a tu familia- "Lo mire impresionado pero sabia que diría algo así, este tipo o es muy valiente o es un tonto pensé yo, pero saben yo creo que son las dos." -¿ Y que es lo mas que extrañas de esa familia de la que hablas?- -Todo pero mas que nada los detalles- Ricochet lo observo con total curiosidad e interrogando con la mirada a Kensai - ehhh ¿Los detalles?- En ese momento me quede pensando en voz alta en ellos -en los detalles al azar que salen de mi corazón, detalles de besos que impregnaste en mi, detalles de tus abrazos que calmaban mi dolor, detalles en tus gestos que hacían sonreír mi alma, tantos detalles extraño de ti que en la brisa del viento puedo sentir todos y cada uno de ellos, pequeños detalles que sanan las heridas de cualquier mortal enamorado, siento tus detalles tan encarcelado dentro de mi, que solo tu podrías cortar los barrotes pero ese es el problema no estas para liberarme de tus detalles- contesté temiendo que Ricochet se percatara de mi melancolía, lo mire discretamente parecía un poco apenado, quise decirle que todo estaba bien, pero no me atrevía a decir nada más; mi mirada se perdió en el vacío, mientras en mi mente sólo podía pensar en todo lo ocurrido. Estuvimos largo rato callados, mientras seguíamos por aquellos caminos montañosos, planicies y subidas sucesivamente, Ricochet me trajo de vuelta al sendero por donde nos desplazabamos con un comentario -Entonces si es así, estas muy decidido. Iremos luego al desierto a entrenar.- - Al desierto ¿por que?- dije en tono quejumbroso - Porque el desierto es el mejor lugar para entrenar, tiene una gravedad distinta que el resto de este mundo, imaginó que lo sentiste, fue como si tuvieras cadenas amarrada a los pies y tu cuerpo pesado, por eso te desmayaste, fue por el esfuerzo físico ya que el sol no pega tan fuerte.- -Ya veo, así que por eso me sentía muy pesado, ya sabia yo que había algo raro- "Es obvio que no sabia nada, lo pude notar en su cara, definitivamente es un libro abierto" -Sabe señor Kensai, él herrero Enrique es de los mejores, él hace armas para la armada real y por debajo de la mesa, hace armas para nosotros los campesinos y exiliados, es muy bueno mintiendo ya que nunca lo han atrapado pero si algún día lo atrapan sera asesinado- -entiendo, estas personas dan un poco de miedo.- -Si, así es.- -Bueno, ¿y cuanto falta para llegar?- -tranquilo, en unos 15 minutos estaremos allí en el pueblo minero más grande de todos, es rico en mucho minerales por lo que fabrican de todo, el pueblo se llama San, casa de los mejores herreros y exportaciones al pueblo real que es el mas grande de todos y donde se concentran todas las riquezas, es mas, muchas personas le dicen el país real ya que es sumamente grande, esta rodeado por una muralla que si quisieras rodearla no tardarias horas, tardarias unos nueve meses casi un año, con eso podrías imaginar lo gigantesca que es, es el país del rey, tiene muchísimas puertas rodeadas por miles de soldados es casi imposible entrar, su nombre es el forte real así es llamada la muralla alrededor, pero su pueblo es llamado Skygold debido a las altas riquezas, también esta el palacio de oro que es nuestra meta final, si queremos derrotar al rey y llegar al transportador ese es el lugar al que debemos llegar, pero ya basta de historias estamos por llegar. - Cuando entramos a San mas que un pueblo parecía un comercio miraba a cada lado y miraba armas, había muchos puestos de vendedores con carteles, mientras caminábamos había mucha gente de un lado a otro, personas comprando y haciendo trueque, a las afueras del pueblo habían muchas montañas que se mezclaban con planicies donde se escuchaban explosiones que obviamente parecían normales a las personas que se encontraban allí, también había entre las personas guardias de la armada real, vestidos de blanco completamente, con el emblema de la bandera. Estaban armados con escopetas y todos llevaban una especie de sable en la cintura, parecían estar muy alertas a todo. -Oye Ricochet ¿donde queda el herrero?- -tranquilo señor solo esta un poco mas adelante- Empezábamos a adentrarnos en las colinas habíamos dejado atrás los comercios y las armas -Oye Ricochet, no dejamos atrás las armas- -No vinimos a ver esas armas de basura, vinimos a ver al herrero Enrique, todo el que sabe de armas, sabe que esas armas de allá son armas temporeras y de baja calidad.- -Entiendo.- Así que luego de subir la colina, y bajar por la pendiente había una cueva que se veía iluminada, cuando llegamos, la cueva era genial, tenía luces en la parte de arriba y era muy espaciosa, así que Ricochet llamo diciendo -Señor Enrique, Señor Enrique- en la profundidad se escuchaba un sonido, el cual hace el choque de hierro pero dejó de escucharse, cuando salio de la oscuridad a la luz diciendo -¿quien anda allí?- era un señor muy bajito, no era muy viejo pero tampoco tan joven, su cara alargada, con poco o ningún pelo en la parte de arriba de la cabeza, llevaba una barba en forma de candado, parecía estar quemado en algunas partes de su cara aunque no podía notarlo tanto ya que estaba todo teñido de negro y desaliñado, cuando de momento escuche que Ricochet le grita diciéndole -Soy yo Ricochet- -¿Quien grita?- -Soy yo señor Enrique- -Pero si es ricochet, ¿como estas?- -Estoy muy bien señor Enrique- Ricochet me dijo que el señor Enrique esta un poco sordo y que me presentará, pero antes de poder hacerlo Enrique me interrumpió -¿Quien es tu amigo?- pude observar como me miraba minuciosamente sin dejar de hablar -¿Que tenemos aquí un espadachín? Veamos... Uhmmm... Parece que le gustan las katanas, veamos... Esa técnica no esta mal- En ese momento quede impresionado, solo me observo y parecía saber todo. -¿Como te llamas joven?- preguntó entrecerrando sus ojos. - Mi nombre es Kensai- -¡¿como?!- contestó gritando, a la vez que ponía su arrugada mano alrededor de su oreja para poder oír mejor. Vaya que era sordo, una pequeña sonrisa fingida y llena de vergüenza se formo en mis labios, no había otro remedio, así que respondí gritando -¡Mi nombre es Kensai!- La cara de Enrique cambio de interrogativa, a una sonrisa como diciendo ahora si entendí -Ya veo, así que te llamas Gunsai, mi nombre es Enrique, mucho gusto- Nos dimos la mano, y así conocí al herrero Enrique. Ricochet me miro como diciendo no puedo hacer nada el esta sordo, acto seguido Enrique me preguntaba -Joven Gunsai, tiene alguna especificación para su katana?- -No, nada en especial- estaba casi en su oído para poder hablarle mas calmadamente así que pregunte -¿Quien le dijo que quiero una Katana?- me miro sonriendo y me respondió con otra pregunta -¿Me equivocó? - -No- -Entonces no molestes, escucha joven Gunsai, tu espada estará lista al amanecer de mañana- -Espere señor Enrique, tengo una especificación; puede ponerle el signo de una nota musical a la hoja y a la funda- Me sonrió diciendo en un tono muy fanfarrón -Puedo hacer eso, no hay nada que no pueda hacer joven Gunsai- el viejo dio media vuelta, comenzando a caminar hacia el fondo de la cueva, pude ver como su silueta se perdía en la oscuridad, y en menos de un instante comenzó a resonar el choque del hierro al forjar un metal. Fruncí el ceño e inmediatamente me acerque a Ricochet receloso de que alguien escuchara el secreto que le diría. -Odio que me diga Gunsai- Ricochet sonrió con complicidad dejando ver la mitad de su único gran diente, esa expresión me indico que el sabia de ante mano lo que yo le iba a decir. -Tranquilo, señor Kensai tardo unos cinco años en llamarme por mi nombre correctamente, antes me llamaba Richoquet- además añadió -Tendremos que quedarnos afuera un poco lejos de aquí, los lugares en el pueblo son para los que tienen dinero y si nos quedamos aquí afuera de la cueva, seremos asesinados por la armada real-








