Vengo aquí a gritarle a la nada porque no se me ocurre otro sitio donde denunciar esto, y no me apetece traducirlo porque lo estoy escribiendo según me nace, así que allá va para el que lo pueda entender y se le antoje leerlo.
Por primera vez desde que recibí mi diagnóstico me ha tocado soportar el eterno debate de aprovechar el talento de las aacc para beneficio de la sociedad y, principalmente, para engordarse uno el bolsillo. Muchas personas asocian su concepto de “éxito” al extremo más esperpéntico del capitalismo, con la cuenta bancaria acabada en montones de ceros a costa de jugarse la salud mental. Solo piensan en la fama que se puede alcanzar de ser muy talentoso en un arte, explotándolo sin pensar en las repercusiones y sin ser capaces de comprender que lo que ellos llaman “artista” no es más que un producto hecho para consumo. Para colmo desconocen cuán diferente es el cableado que trae un cerebro con aci. Es decir, no solo pretenden disfrutar del arte que tú les puedas proporcionar (porque para eso existe tu talento, para explotarlo en beneficio de la sociedad), sino que ni siquiera se van a tomar la molestia de entender de dónde nace tu talento múltiple. Si se interesaran, descubrirían que venimos configurados de forma distinta ya de fábrica, que nacimos así. Que si objetamos lo que dicen no es porque nos apetezca, sino porque no podemos entenderlo de otra forma.
Algunos se lamentan cuando conocen a una persona con autismo o tdah porque “pobrecitos, tienen un trastorno”, pero nadie se preocupa de las dificultades que presenta una persona con aci porque, como pueden integrarse sin problemas y son muy muy listos, les va a ir todo maravillosamente en la vida.
Plot twist: no es así.
Habrá ventajas, pero el sentimiento de incomprensión es algo que muchos de nosotros arrastraremos toda la vida (por no hablar de la soledad, y me ahorro a lo que eso puede escalar porque no tiene por qué ser la norma ni un patrón común, pero ahí está). Me ahorro también hablar aquí de todas las injusticias que se ejercen contra nosotros. Además, muchas personas con aci presentan doble excepcionalidad, sea cual sea el trastorno. La aci ayudará, pero acabaremos igual de quemados de tanto enmascarar.
Si la sociedad no se toma la molestia de integrarnos (porque hacernos visibles puede herir el orgullo frágil de algunas personas aka envidia), nosotros no tenemos ningún deber de compartir nuestros talentos. Así lo veo yo. En el caso del arte, la frustración que te pueda generar no disfrutar de mi arte es tu problema y tendrás que ser tú quien lo gestione, porque yo disfrutaré igualmente al crearlo, lo comparta o no. No necesito el reconocimiento de nadie para sentir que he triunfado, porque mi concepto de éxito es completamente distinto al tuyo.
Cada persona con aacc es un mundo, cada una con sus experiencias. Creo aun así que hablo por muchos cuando digo que, de cara a aquellos que hemos recibido un diagnóstico tardío y hemos tenido que lidiar con trauma complejo en la infancia/adolescencia/juventud (porque la principal negligencia que se cometió con nosotros fue no darnos el apoyo que necesitábamos), no nos importa tanto cuán gruesa sea nuestra cartera mientras tengamos paz mental. Uno de mis dichos favoritos es: «no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita».
Me preguntaban el otro día si yo era feliz en mi nuevo trabajo (insinuando que no debería satisfacerme mi salario mínimo con todo a lo que puedo aspirar como artista), y la respuesta es que sí. Y me miraron como a un bicho raro cuando yo no necesito más dinero que el suficiente para cubrir mis necesidades. Digo esto porque todo el que me conoce no ve más que talento al que explotar para ganar millones, pero me faltarían vidas para desarrollar la cantidad de talentos que abarco hasta quedar satisfecha. Soy actriz, cantante, toco la guitarra, escribo y dibujo. Soy una máquina que vomita creatividad. Y aquí entra en juego otro punto clave: el síndrome de la impostora y la sensación de fraude, por el que algunos me han acusado de fingir falsa modestia o me han llamado tonta. Banalizan el asunto porque, de nuevo, no se han molestado en entender cómo funciona la cabeza de una mujer con aci.
La sociedad en general no se molesta en entendernos, pero espera que estemos ahí para solucionar sus problemas u ofrecer arte de calidad cuando es esa misma sociedad la que aplaude la mediocridad.
Sé que al final todo esto surge de la rabia que sienten mis allegados al ver que no desarrollo mi potencial o, al menos, no de la forma que ellos consideran más provechosa. Nace, al fin y al cabo, del amor. No consideran la falta de oportunidades que presentamos la gente de clase baja ni el mito que nos han inculcado de la meritocracia, ni consideran que muchos partimos en la vida desde un punto mucho más lejano a la meta y con muchos más obstáculos que sortear.





















