⊰ Fear ⊱
❥ entregar tu corazón era parte de tus pesadillas, hasta que él aparece con las ganas más puras de tenerte.
「pareja」 ⇢ jimin ⇿ lectora
「género」 ⇢ fluff, poco de angst
「words」 ⇢ 1,1k
Como toda estudiante universitaria en temporada de finales, tu fin de semana se resumía en estar rodeada de libros intentando retener todo lo posible y no dejar alguna clase, aislándote de todo aquello que pudiera distraer tu mente.
Te exaltaste cuando la música se detuvo y un tono que conocías demasiado bien sonó por tus audífonos. Contestaste con una sonrisa bastante genuina al corroborar de quien se trataba.
“¿Quieres ir a una cita hoy?”
“No,” su risa resonó por toda la habitación y fue tan gratificante como cuando veías la miel caer por tus deliciosos waffles.
“No puedo creer que me estés rechazando de nuevo, estas hiriendo mi orgullo,” dijo con un tono burlesco, “¿qué te tiene tan ocupada, hermosa?”
“La próxima semana son los finales,” formulaste con irritación haciéndolo sonreír.
“¿Puedo ir a tu casa?, necesitamos hablar de algo.”
Formulaste una respuesta afirmativa con un nudo en tu estómago para poco después despedirse, esa última petición era algo traumatizante en estos días. Era la típica frase que se utilizaba para terminar una relación, pero tú y Jimin no tenían una, no oficialmente, y eso en mayor parte era tu culpa.
Solían tener citas en su tiempo libre, te llamaba a las tantas de la madrugada porque te extrañaba y los besos y muestras de afecto no faltaban, pero había muchos factores que te aterrorizaban.
Escuchaste claramente cómo ingresaba la contraseña y cambiaba sus zapatos, porque sí, técnicamente tu casa era la suya.
Arrastró sus pies hasta llegar a tu lado y echarse boca abajo, sosteniendo su cabeza en sus dos manos mientras apoyaba sus codos en el piso, sin parar de observarte en todo el trayecto.
Hiciste tu mayor esfuerzo para seguir “concentrada” en tus apuntes, pero al cabo de unos minutos que Jimin no pudo obtener tu atención, presenciaste el berrinche más tierno de la vida.
Gimoteaba como un bebé, puchereaba y cerraba sus ojos fingiendo llorar, definitivamente si dejabas ir a ese hombre eras totalmente idiota.
“De acuerdo, hablemos,” te rendiste.
Felizmente, se reincorporó sacudiendo sus ropas y tomó tu mano para acurrucarse en el sofá, listo para una larga sesión de abrazos, besos y caricias. Porque según te había comentado, eso le daba la energía suficiente y sobrante para enfrentar las arduas prácticas, tonto pero tierno.
Cuando estuvieron lo suficientemente pegados y Jimin satisfecho, lo sentiste suspirar y dejar un suave beso en tu cuello, fue ahí cuando tu corazón se volvió loco. No por su repentina acción, sino por lo que se venía.
Era todo, él terminaría todo lo que tienen y volverías a ser la patética sin gracia, amargada y sin voluntad propia para enfrentar sus inseguridades.
“¿Por qué estás tan nerviosa?, puedo sentir tu corazón taladrando tu pecho, nena.”
Maldita cercanía.
Buscaste palabras y trataste de responderle, pero simplemente guardaste silencio a como siempre hacías últimamente.
“¿Sabes de lo que quiero hablar?,” preguntó con dulzura, pensaste que estaba siendo suave para que no quedaras tan dolida cuando suelte las palabras dolorosas.
“¿Pa-para terminar conmigo?,” susurraste evadiendo su mirada, y lo siguiente que hizo desmoronó tu corazón por lo hermoso que era.
Llenó cada rincón de tu rostro con suaves besos, deteniéndose mucho tiempo en tu frente, para bajar hasta la punta de tu nariz y devorar tus labios con fervor, sin vergüenza pero cuidadoso.
“No, mi amor, no,” juntó sus frentes aun sin abrir sus ojitos, dejándote observarlo un poco más, “¿no notas lo tonto que me tienes?”
“Si me llamas para ir juntos al infierno, no pasaran ni dos segundos cuando ya me tengas a tu lado, incluso hoy he mentido para faltar a las practicas diciendo que me dolía el estómago,” jadeó bajando sus brazos para volver a tomar tu cintura y pegarte más a él, “y lo ridículo es que todos saben que venía a verte porque te extrañaba demasiado, y si al menos no te tengo una vez a la semana no lo haré bien, ¿crees que sería tan estúpido como para dejarte ir así nada más?, podría esperarte hasta el final de mis días si así gustas.”
Escondiste tu rostro en su pecho avergonzada, porque todo aquello te había tomado con la guardia baja.
“Estaba aquí para preguntarte si estás lista, no creo poder soportar esconderte más, quiero hacer las cosas bien sin importarme lo que pueda perder, no quiero que después todo salga a la luz por algún rumor y termine decepcionando a ARMY, ellos son tan importantes como para querer compartirles este pedacito de mi vida.”
“Jimin, yo lo sé,” respondiste agobiada, “pero tengo miedo. Tengo miedo de que no funcione y terminen odiándote por estar conmigo, que todo lo que les ha costado años se vaya abajo por alguien tan patético como yo, simplemente no podría vivir con ello en mi conciencia. No me importaría recibir todo el odio del mundo si la recompensa es tenerte a mi lado, pero que te insulten sería demasiado para mí.”
“No tienes que preocuparte por eso, no puedo decir que voy a protegerte de absolutamente todo porque es imposible, pero haré mi mejor esfuerzo. Como figura pública estoy acostumbrado a recibir cualquier tipo de comentarios, sólo es cuestión de que se acostumbren a ti y verás que con el tiempo lo irán obviando. He hablado con los managers y hasta Bang Pdnim lo ha aprobado, nena, ya es hora.”
“Está bien,” murmuraste.
No es algo que te haya convencido en ese instante, lo llevabas en tu mente desde la primera vez que te lo propuso, solías pasarte noches en vela analizando los pros y los contras de hacerlo.
A parte del odio y demás cosas, podrían salir a citas y no quedarse solo en casa, salir a caminar sin tener que pretender ser desconocidos, y es que ni tu familia lo conocía porque algunas de tus primas eran fans, y para rematar Jimin era el bias de una.
Te brindó la sonrisa más brillante que tenía antes de asfixiarte en sus brazos y besar tus labios de manera suave.
“Te quiero demasiado, bonita.”
“Te quiero mucho más, mochi,” le dijiste completamente enamorada, sabiendo que estaba a tu lado, que estaba dispuesto a atravesar todo contigo y que no se rendiría.














