⊰ Excited, huh? ⊱
❥ yoongi se encuentra con algo excitantemente inesperado cuando vuelve a casa luego de haber lanzado el Mixtape.
「pareja」 ⇢ yoongi ⇿ lectora
「género」 ⇢ idol au, relación establecida | smut, fluff
「words」 ⇢ 2,4k
「warnings」 ⇢ manos atadas, súplicas y nada más c:
“Okay,” te dijiste a ti misma con el ordenador en tus piernas, “es hora, es hora.”
Tus manos temblaban de la emoción que por tu cuerpo recorría, llevaste el mouse hasta donde estaba el link que llevaba al paraíso, en cuanto la pantalla te mostró el inicio del video le diste pausa.
“Oh Dios mío,” tus ojos se quedaron pegados en su figura, Yoongi con el cabello rubio, largo y sentado de la manera más caliente sobre un trono se había convertido en tu imagen favorita de toda la vida a partir de ese momento.
Suspiraste sabiendo perfectamente que terminarías de lo más arruinada con cada escena, volviste a presionar el botón de reproducción siguiéndolo en cada ocasión.
Sus gruñidos y mirada fría te tenían lamiendo tus labios cada que estos se resecaban, la escena que te hizo perder la cordura fue cuando apareció con sus ojos vendados y con sus brazos atados a su cuerpo.
Ahí podías apostar a que tus bragas ya no tendrían solución.
Millones de pensamientos y nuevas cosas que te gustarían probar en el ámbito sexual te llenaron completamente, y para cuando el video había terminado tú ya habías emprendido tu camino a la cocina para tomar agua.
Mucha agua.
Necesitabas calmarte.
Yoongi planeó todo para que fuera una sorpresa para ti.
Le rogaste que te llevara al set, te lo negó.
Le rogaste que te dejara escuchar al menos una parte de alguna canción, te lo negó.
Y claro que te negó saber el color de su cabello, durante el conteo regresivo y la filmación del video permaneció en los dormitorios con los chicos, llamándote y mensajeándote todo lo que podía.
Una parte de ti estaba preocupada por él, solía tener momentos de ansiedad cuando iba a sacar música nueva y tú siempre estabas a su lado para recordarle que sus fans iban a enmarcar como obra maestra cualquier cosa que viniera de él, porque mentira no era.
Y es por esto que en cada llamada que habían tenido le habías recordado lo orgullosa que te sentías de él.
No estabas segura si él volvería hoy al fin, porque había una probabilidad de que decidiera salir a celebrar con los chicos.
Necesitabas buscar la manera de que tu cabeza dejara de reproducir el video una y otra vez, te sorprendía la imaginación que poseías.
Encendiste la televisión abriendo netflix para seguir viendo una de tus series favoritas que siempre decías que terminarías pero siempre encontrabas otras cosas que hacer dejando a mitad los episodios.
Poco a poco tu mente se concentró en la trama, permitiéndote dejar de apretar tus piernas para sentir algo de placer ya que te negabas a masturbarte, estabas tan necesitada que sabías que sin Yoongi no podrías correrte.
“¿Cariño?,” Yoongi entró por la puerta principal buscando por ti, dejó sus zapatos cambiándose a sus sandalias dejando su bolso a un lado. Por el momento lo único que le interesaba era verte.
Se sentía nervioso por tu reacción pero emocionado por haberle mostrado al mundo lo que llevaba trabajando, se sentía satisfecho porque lo había hecho por él.
Giraste tu cabeza para encontrarlo con una sonrisa nerviosa, “mi amor,” chillaste corriendo a sus brazos.
“Me ha encantado todo, cada canción, el video,” hablaste antes de que pudiera preguntarte, casi que leyendo su mente, “me encanta que te haya gustado.”
“Iré a cambiarme,” asentiste sonriendo en medio del beso que te dio antes de ir a la habitación.
Te acomodaste nuevamente en el sofá, esperando paciente a que él saliera y te contara un poco más de cómo habían sido estos pocos días.
Se sentó muy pegado a ti, incluso poniendo una de tus piernas sobre las suyas.
“¿Qu-qué tal estuviste estos días?,” dijiste intentando crear un tema de conversación por el cual dejaras de pensar en lo increíblemente caliente que Yoongi se veía en shorts y lo bien que sus músculos comenzaban a resaltar.
“Estaba nervioso porque sentía que le faltaba-,” trataste de prestarle atención, pero te fue imposible, no con sus largos dedos trazando círculos en tu pierna de manera inconsciente.
Te apartaste un poco disimuladamente, creyendo que así tu corazón se calmaría.
Pero lo único que lograste fue que Yoongi posara su mirada cuestionadora sobre ti, con sus cejas levemente fruncidas, listo para preguntar que ocurría.
Pero te conocía como la palma de su mano y fue ahí cuando la manera en la que apretabas tus piernas y cuantas veces lamías tus labios le llamó la atención.
Una de sus manos encontró lugar en medio de tus piernas sobresaltándote de manera inmediata, logrando así que se le facilitara empujarte a su cuerpo.
“¿Vas a decirme qué te tiene tan caliente?,” susurró dejando un casto beso en tu cuello, causando un revuelo difícil de detener en ti interior.
Había dos cosas que lo encendían de la situación.
Que no habían estado juntos en una semana por lo que te extrañaba demasiado.
Y lo otro era que le encantaba ver cómo te deshacías en sus brazos haciendo peticiones mudas que él y tú sabían perfectamente que no cumpliría hasta que éstas salieran de tu boca.
“Sabes que la única manera de conseguir algo conmigo es usando las palabras,” gemiste cuando su mano bajó a tu área publica enviando corrientes a tu necesitado clítoris, “dime lo que quieres.”
“Te quiero a ti,” susurraste contra sus labios una vez tus manos estuvieron en su cuello y tu centro presionado al suyo, “quiero que me hagas tuya una y otra vez, que me ates, Yoongi,” pausaste levemente para rozar tus labios con los suyos susurrando en estos, “quiero que me destruyas y me arruines como solo tú sabes.”
Presionó sus labios con los tuyos desesperado por sentirte, gimieron cuando sus lenguas se encontraron y subió sus manos a tu cuerpo dejando que vagaran por cada rincón apenas dejándote pocos segundos para respirar entre beso y beso.
Se separó con un chasquido de labios en el proceso, dándote un momento para componerte y la imagen frente a ti te hizo querer devorarlo vivo.
“Vamos a la habitación, ¿te parece?,” te preguntó no dejándote tiempo para responder, pues ya se encontraba cargando tu cuerpo y cuando quisiste analizar todo, yacías en la comodidad de la cama, “desnúdate para mí.”
Asentiste aún no en todos tus sentidos, mientras te ocupabas de desnudar tu cuerpo él salió de la habitación en busca de algo desconocido para ti.
Tus ojos se quedaron fijados en lo que sus manos cargaban cuando volvió, era una soga, “¿de dónde has sacado eso?”
“No eres la única que pensaba en usarlo,” sonreíste por lo tímido y el color carmesí en sus majillas, “la conseguí en el set de grabación.”
Le ofreciste tus manos sin pensarlo dos veces, te sonrió a la vez que se encargaba de juntarlas y enrollar la soga en tus muñecas asegurándose de que no te resultara incómodo, pero para ser sinceros, con lo excitada que estabas hasta el dolor te resultaría placentero.
La respiración se te trabó cuando de sorpresa empujó tus brazos por encima de tu cabeza, añadiendo otro pedazo de soga al nudo pero esta vez asegurándolo al cabecero de la cama.
Entreabriste tu boca pero nada más que un suspiro entrecortado salió.
Poco tiempo después más suspiros salieron de ti, cuando bajó a tu cuello dejando un camino de besos, sus labios hacían quemar tu piel.
Sus ojos se posaron en los tuyos cuando con la punta de su lengua traveseó a tu pezón erecto, que suplicaba por un poco de atención. Yoongi sabía que para tenerte relajada y a su merced tus senos eran la clave.
Fue cuestión de unas cuantas lamidas, apretones y el haber succionado para que te empaparas tanto que él podía olerte, “por favor,” susurraste en las nubes.
Entendió tu comando palmeando una de tus piernas para que las abrieras y así él poder tener acceso, se bajó de la cama arrodillándose, de manera que se le facilitara el poner tus piernas en sus hombros.
“Uh, pero mira esto,” te sonrió con malicia, “¿es para mí?”
Asentiste incontables veces, lamiendo tus labios anhelando que ya pusiera los suyos en ti, sollozaste cuando su pulgar entró en contacto con tu clítoris de una manera no muy amable, “te he dicho que uses tus palabras,” gruñó.
Le encantaba molestarte, no solo por el hecho de verte toda frustrada, sino porque él sabía que te excitaba el que no fuera condescendiente, que te hacía perderte en el placer y disfrutar cada cosa que te diera.
“S-sí, señor.”
“Oh,” dos de sus dedos entraron con facilidad en ti, los dobló donde recordaba perfectamente se encontraba tu punto dulce, tiraste de tus manos desesperada cuando sus labios succionaron tu parte externa sin delicadez.
Trataste de mantener tus ojos abiertos, observar cómo te devoraba sin pausa y sin disgusto, disfrutando cada gota que salía de ti- Yoongi te disfrutaba.
“Ju-justo ahí,” gemiste moviendo tus caderas para encontrarlas con sus toques, el cosquilleo indescriptible se formó en tu vientre, tus piernas buscaban cerrarse y él te dejó ser a pesar de que el aire le faltara un poco.
“¿Te vas a correr?,” su tono burlón fue tu límite, tu cuerpo tembló y buscaste sostenerte de algo pero solo encontraste tus manos vacías y un poco adoloridas por el jaloneo.
Pero él no paró, sus dedos se movían sobre tu clítoris esta vez. Sollozaste por la sensibilidad y el ardor de ser tocada luego de un orgasmo tan intenso, “por favor, no.”
“Relájate y déjalo ir, sabes que no voy a parar,” tus protestas se volvieron gemidos un poco después, un orgasmo nuevo se construía en ti. Presionó una de tus piernas al colchón para que dejaras de moverte y él poder llevarte al límite.
Pronto tus dos piernas eran dominadas por sus manos mientras que con su boca jugaba contigo, “voy a…” las palabras se atoraron en ti y las reemplazó un gemido demasiado agudo para tu gusto, pero para ese entonces a tu cuerpo solo lo controlaba Yoongi.
Se mantuvo succionando para ayudarte a terminar dejándote sin aire, lo observaste por debajo de tus pestañas encontrándote con su sonrisa.
“Yoongi, por favor fóllame,” suplicaste entre suspiros, tus paredes se contraían al imaginarlo muy dentro de ti, su sonrisa se ensancho.
“¿Qué pasó con la chica codiciosa que me estaba pidiendo que la destruyera antes?”
Sabías que no debías responder, entre más te distrajera, más oportunidades le dabas para molestarte.
Su mirada lasciva lograba enloquecerte, el repentino deseo de arrodillarte y rogarle porque te follara taladraba tu pecho volviéndote impaciente. Se acariciaba a sí mismo provocándote, sabiendo que no soportarías sin su toque.
“Sobre tus manos y rodillas para mí.”
¿Cómo demonios ibas a lograrlo con tus manos atadas…?
“¿Me harás esperar?,” presionaste tus labios.
“No, señor.”
Insolente, con la poca fuerza que a tus piernas les quedaban, giraste tu cuerpo de manera que la soga se tensionara obligándote a presionar tu pecho y cara contra la cama. No ibas a negar que en las muñecas te incomodaba un poco, pero sin un poco de dolor no hay placer y lo que más te importaba era Yoongi.
“Te ves tan bien así,” murmuró delineando con su mano la figura de tu trasero, “estoy seguro de que duele mucho, ¿cierto?”
Querías gritarle a la puta cara que se apurase y aliviara el dolor, si no te tocaba pronto ibas a empezar a llorar, “por favor, te necesito tanto que no puedo más” susurraste como último recurso.
Te tomó por detrás, sosteniendo tu cadera temblorosa por la poca fuerza en tu cuerpo. Con una de sus manos apretó su pene alineándose para entrar en ti, para ese entonces ambos se encontraban sosteniendo la respiración, tú saltando por dentro con anticipación.
Tu entrada se contrajo alrededor suyo cuando te molestó con su punta, te sobresaltaste por la sensibilidad cuando recogió tus flujos para esparcirlos sobre él, te mantuvo firme abriendo tus paredes con gentileza cerraste tus ojos con tu boca abierta por lo delicioso que sentía tenerlo al fin en ti.
“Joder, me tomas tan bien,” gruñó moviéndose de manera circular, gemiste dejando caer tu cabeza sobre tus brazos estirados. Llevó una de sus manos a tu cabello, levantando tu cabeza y a la vez sosteniéndose de ahí, perdiéndose en el placer.
Supiste que perdió el control cuando sus embestidas llegaron más profundo, golpeando diferentes puntos logrando que de manera inmediata se formara un nudo dentro de ti.
“Mierda,” gemiste sin cesar sintiendo tus ojos humedecerse, soltó su agarre enfocándose en sostenerte notando que tus piernas estaban a punto de caer.
“¿Te gusta eso?,” sus palabras sonaban con eco en tu cabeza razón por la cual optaste por no responder, mejor dicho, no pudiste salir con ninguna respuesta, “tan apretado.”
Pegó su pecho a tu espalda dejando besos sonoros en ésta, probando lo salado de tu piel por la capa de sudor debido al cansancio, tus paredes lo oprimieron deliciosamente que no pudo evitar sentirse cerca.
Deslizó sus dedos vagamente por tu vientre hasta encontrarse con tu clítoris, sus caricias lograron que tus gemidos incrementaran y que tu espalda se arqueara dándole el completo control, como si no lo tuviera antes.
“Yoongi,” jadeaste en busca de aire, “no pu-edo.”
“Puedes y lo harás,” gruñó haciendo sus movimientos bruscos y fuertes, determinado a hacerte sentir bien, a volverte un desastre y que tu garganta termine doliendo de lo que mucho que ibas a gritar.
Tu garganta se cerró debido al bullicio que por tus venas pasaba, tus nervios perdiéndose y haciendo que todos tus sentidos se nublaran llegando a tu orgasmo. Yoongi te sostuvo cuando las convulsiones llegaron a ti, “justo así, preciosa.”
Tu mente estaba perdida en tus gemidos, sus gruñidos y el sonido de sus pieles chocando. Sonreíste bajando de tu nube, Yoongi te soltaba cumplidos que a tus padres no le gustarían oir, pero te encantaban.
Salió de ti, dejando que el líquido blanco cayera en tu espalda. Se quedaron así un tiempo, recuperando la respiración.
Buscó su bóxer y toallitas para limpiarte, desatando después el nudo en tus muñecas, riendo tiraste de él hasta acomodarlo débilmente sobre tu pecho, acariciando su cabello porque él era del tipo de dormir después del sexo.
“Si vamos a follar así cada que saque un mixtape, lo haré más seguido,” te sonrió coqueto y le golpeaste la espalda avergonzada.
“Estoy orgullosa de ti.”
“¿Por qué te hice venir como nadie más podrá?”
“Yooongiiiiii,” te quejaste haciéndole reír.
“Gracias por todo,” suspiró besando tu hombro.
“Solo es porque te amo demasiado,” susurraste viéndole a los ojos.
“Lo sé,” sonrió, “yo también te amo.”














