Es conveniente considerar, por último, que el proceso contra Sócrates fue un enorme y espectacular evento ciudadano: 600 ciudadanos fueron llamados a ser jueces; no todas las cortes populares requerían un número tan alto de jueces sorteados, y para actuar todos juntos. Las etapas del proceso (como son descritas por Platón en Apología), así como los acontecimientos de la detención y la muerte (como las describe en Critón y en Fedón), deben interpretarse como lo que son, ante todo: un proceso-monstruo en el que Sócrates “venció” debido a su elección de transformarse de acusado en acusador, llevando a la ciudad democrática al paso falso de desmentirse a sí misma y revelar su propia intolerancia homicida. Con el consiguiente escándalo y vergüenza de que también el ataque explícito de Polícrates y el silencio obstinado de Isócrates (salvo una alusión en Busiris) son una señal, así como el rígido «patriotismo democrático» de Esquines medio siglo más tarde.
Luciano Canfora: La crisis de la utopía, Aristófanes contra Platón. Fondo del Cultura Económica, pág. 153. México, 2019.