Aunque no escuches mi despedida
Cuando miro la miel de tus ojos me doy cuenta de tu ser, de todo lo que me hacía feliz. Recuerdo todo ese futuro juntos. Siempre creeré en todas tus batallas, y las sentía como las mías, aunque me avasalles con ellas. Críe cada una de esas esperanzas que me dejabas al son de tus palabras. Sin embargo no puedo luchar más por tus abrazos. Cada mirada es esquiva y tú de mí te escurres de mis dedos. No comprendo las contradicciones que has perpetrado, los dichos que han quedado en el aire, de las promesas incumplidas. He quedado fuera del juego, así no más, como si mi sentir no valiera nada.
Y no, esa esperanza vaga no me llenaba. Cambié un carnero por un escorpión. La esperanzadora alternativa estaba más furiosa por creer sus mentiras, que ella misma alimentaba, una decisión que no culpo ¿Acaso quien sabe como vivir esta vida? Adiós te digo, aunque no escuches mi despedida. A pesar que te escapes y ni siquiera me saludes. Yo quiero despedirme, porque eso me hará mejor. Sé que incinerándome a mi mismo la nueva flor crecerá más fuerte. No es la primera vez. Se de que se trata. De cuantas veces uno se incendia por no ser correspondido. Me quedaré con el recuerdo de que me tuviste como tu confidente, como un ángel de tu soledad, para contarme un dolor que te aquejaba. Un dolor que nunca revelaré. Un dolor que no volveremos a hablar. Un dolor que queda conmigo.
3/4/2018






