Dejémonos de cuentos, si un hombre no te llama, es porque no quiere llamarte. Si no te invita a salir, es porque no quiere verte. Si te trata como si le importaras un comino, es porque le importas un comino. Si te traiciona es porque no le gustas bastante. Si te deja ir es porque no te quiere bastante.
“Es que no estoy listo, es que tú eres la mujer de i vida pero… es que ahora no es el momento, es que no sé, es que tengo que organizar mi vida, es que sí pero no, es que, es que, es que”. ¿Es que? ES QUE NO TE QUIERE. Vivimos pobrecitando a los hombres y siguiéndoles su jueguito de confusión y victimización porque “pobrecito, el me ama pero yo lo entiendo”.
Dejemos una cosa clara: cuando un hombre quiere estar, ESTÁ. Así de fácil, sin tantos enredos, sin tantas mentiras, sin tantas excusas. Cuando un hombre se derrite por ti, puede que le dé miedo, claro que sí, pero lo enfrenta porque no se va arriesgar a perderte.
Deja de ser tan santa justificándole cada rechazo, cada desplante y cada excusa. PONTE TÚ EN PRIMER LUGAR. No necesitas a tu lado a alguien que no sabe qué quiere, que no ve lo mucho que vales, porque no ve todo que puedes aportar a su vida.
Por favor, no quieras en tu vida intranquilidad, dudas y desprecios envueltos en explicaciones sin sentido. Tú mereces un hombre que sepa lo que tiene al frente, que te valore y que se esfuerce cada segundo por ti.
Deja ya de romperte las uñas detrás de algo que probablemente no va a ser tan bueno como tú piensas. Y date la oportunidad de recibir todo lo que mereces con un hombre que sí te quiera.
Recuerda, no existen hombres asustados o confusos. Tampoco existen hombres trágicamente afectados por el pasado, ni hombres necesitados de ayuda. Los hombres se dividen solo es dos categorías: los que quieren Y LOS QUE NO.