La persona que yo más necesitaba, me enseñó que yo no necesito a nadie.
seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from Canada
seen from China
seen from Australia

seen from United Kingdom

seen from Portugal

seen from United Kingdom

seen from Australia
seen from United States
seen from China

seen from Portugal

seen from United Kingdom
seen from United Kingdom

seen from Malaysia
seen from Canada

seen from Portugal
seen from Spain
seen from Pakistan
La persona que yo más necesitaba, me enseñó que yo no necesito a nadie.
"Pueden enojarse, llamarlo egocentrismo u ofenderse, pero por mucho tiempo me abandoné y ahora solo estoy pensando en mi, me canse de pensar en los demas"
Sad_Boy☕
"Los detalles, como todos sabemos, conducen a la virtud y felicidad, en tanto que las generalidades son intelectualmente males necesarios". - Un mundo feliz de Aldous Huxley
¡Ya deja de decirme tu signo zodiacal o tú grupo musical favorito!
Yo quiero escuchar tu anécdota más divertido, quiero saber quién fue la razón de que dejaras de brillar siendo tú en lo que te apasiona, me da curiosidad tus temores que no son ridículos como piensas.
•Selene Vesper
“El Dilema de la Autenticidad: ¿Aceptación Social o Ser Uno Mismo?”
En un mundo donde las redes sociales y la presión de grupo influyen enormemente en nuestras decisiones y autoimagen, la búsqueda de la aceptación se ha convertido en una preocupación central para muchos. Sin embargo, esta búsqueda a menudo viene con un precio alto, uno que puede afectar profundamente nuestra esencia y autenticidad.
La aceptación social es una necesidad humana básica, arraigada en nuestra evolución como seres sociales. Nos ayuda a formar parte de una comunidad y a sentirnos seguros dentro de un grupo. Pero, ¿qué sucede cuando el deseo de ser aceptados nos lleva a comprometer quiénes somos realmente?
El costo de la autenticidad no es menor. Puede significar la pérdida de la individualidad, la supresión de la expresión personal y, en algunos casos, la alienación de nuestros verdaderos deseos y necesidades. Este fenómeno no es exclusivo de ninguna cultura o sociedad; es un dilema humano universal que se manifiesta en diferentes formas a lo largo de nuestras vidas.
La aceptación obtenida a través de la alteración de nuestro verdadero yo es, en el mejor de los casos, una victoria pírrica. Puede proporcionar un alivio temporal o una sensación de pertenencia, pero a menudo deja un vacío que solo puede ser llenado por la autenticidad y la autoaceptación. La verdadera aceptación viene de aquellos que valoran y aman nuestra esencia sin adornos, no de aquellos que nos exigen cambiar para encajar en un molde preconcebido.
La sociedad moderna nos presenta un desafío: encontrar el equilibrio entre la adaptación social y la preservación de nuestra identidad única. Es un acto de malabarismo que requiere autoconocimiento, coraje y la voluntad de defender lo que somos, incluso frente a la adversidad o la incomprensión.
En última instancia, la autenticidad es el camino hacia una vida plena y significativa. Es el fundamento sobre el cual se construyen relaciones genuinas y duraderas, y es la fuente de una autoestima saludable. Al abrazar nuestra individualidad y rechazar la conformidad forzada, no solo nos liberamos, sino que también damos permiso a otros para hacer lo mismo.
La próxima vez que te encuentres buscando la aprobación de los demás, pregúntate: ¿Vale la pena el precio? ¿Estoy dispuesto a sacrificar mi autenticidad por una aceptación efímera? La respuesta a estas preguntas puede ser el primer paso hacia una vida exenta de disfraces, más auténtica y satisfactoria.
Autor: @magneticovitalblog
«Por perfectamente aislados que os encontréis con vosotros mismos, para pensar debéis hacer uso de palabras; podéis muy bien tener imaginaciones representativas de las cosas, pero tan pronto como queráis pensar, debéis serviros de palabras, porque sólo las palabras determinan el pensamiento, y dan a las representaciones fugitivas, a los instintos, el carácter del pensamiento. El pensamiento no existe antes de la palabra, ni la palabra antes del pensamiento; esas dos formas de un mismo acto del cerebro humano nacen juntas. Por tanto, no hay pensamiento sin palabra. Pero, ¿qué es la palabra? Es la comunicación, es la conversación de un individuo humano con muchos otros individuos. El hombre animal no se transforma en ser humano, es decir, pensante, sino por esa conversación, en esa conversación. Su individualidad humana, su libertad, es, pues, el producto de la colectividad.»
Mijaíl Bakunin: Tres conferencias, II, en Obras completas, Volumen 2. Las Ediciones de la Piqueta, pág. 231. Madrid, 1977.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1