Regresaste y me extendiste los brazos para abrazarme. Temerosa, me viste, y la duda que me causaste la fuiste desenvolviendo para poder acercarte.
Hiciste que mis ojos volvieran a verte; me acercaba a ti muy sonriente. Poco a poco me llevaste hacia ti, dejé que tus brazos me rodearan y, cuando quise tomarte con fuerza, tú me soltaste y me dejaste caer.









