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Oye, esta reflexión te tocará el corazón.
A régua e a rosa (fábula, 2024)
A régua começou: “Desculpe, não consigo evitar. Isso me deixa muito incomodada!”
“Cara régua, nesse belo dia de Sol, o que lhe deixa tão preocupada?”
“Estive medindo suas pétalas e suas folhas, e não gostei do que vi.”
“Estimada régua, nem todos são iguais. Foi assim que cresci.”
“Mas veja aqui, flor estabanada, cada medida perfeita…” mostrando os pequenos traços milimetricamente espaçados
“Então olhe para minhas raízes, depois para o céu, o sol, e então sinta o ar, por fim, minhas células! Pelo menos com minha forma, estou muito satisfeita!”
“Mas você não gostaria de ter frutos como a macieira, ou um perfume como a Lavanda ou o Jasmim?”
“Mesmo entre as outras rosas eu sou diferente! A variedade enriquece o jardim!”
“Mas não entendo porque você não quer mudar, melhorar, tornar-se sua melhor versão!”
“Mudei tantas vezes minha cara! Eu era semente, comecei recebendo o carinho e alimento da terra, até que minhas primeiras raízes foram fincando na terra! Cresci e apareceu o primeiro botão!”
A rosa continuou:
“Continuei a crescer, os botões floresceram, as abelhas visitaram, até me tornei punk! Olha esses espinhos que protegem minhas pétalas dos desavisados!”
“Isso que me deixa louca! Tudo em você é diferente, despadronizado!”
“Somos de naturezas diferentes! Eu não escolho como minhas partes crescem.”
“Todas as minhas irmãs são iguais. Brincamos de nos medir e sempre os mesmos resultados aparecem!”
Algo parecido com uma régua surge por perto:
“Mas quem é você? O que significa essa disparidade?”
“Ora, eu sou um Transferidor. Medir e construir ângulos é minha especialidade.”
“Viu só?” - disse a rosa - “Mesmo entre réguas existe variedade!”
Fábulas de Esopo 📚
"Afrodite e a Gata"
🐈 Uma gata se apaixonou perdidamente por um jovem atraente e, desejando estar ao seu lado, suplicou a Afrodite que a transformasse em uma mulher.
Comovida por seu desejo, a deusa atendeu ao pedido e a transformou em uma bela donzela.
Quando o jovem a viu, ficou encantado com sua beleza e, sem hesitar, levou-a para sua casa.
Logo, celebraram sua união e, ao anoitecer, retiraram-se juntos para o quarto nupcial.
No entanto, Afrodite, curiosa para saber se a gata havia mudado não apenas de forma, mas também de natureza, decidiu testá-la.
Com um gesto sutil, fez aparecer um rato no meio do quarto.
Assim que a jovem o viu, esqueceu sua nova condição e, dominada por seu instinto, saltou da cama e correu atrás da pequena criatura, ansiosa para capturá-la.
Ao ver isso, a deusa ficou decepcionada. Compreendeu que, embora se possa mudar a aparência de alguém, sua verdadeira essência permanece imutável.
Com um lampejo de seu poder, Afrodite desfez o feitiço, e a donzela voltou a ser uma simples gata.
Moral da história:
A mudança de condição de uma pessoa não altera seus instintos.🐈🐁
#AfroditeeAGata #FabulasDeEsopo #mitologiagrega
Os adultos gostam de números. Quando vocês Ihes falam de um novo amigo, nunca se interessam pelo essencial. Nunca perguntam: "Qual é o som da voz dele? Que brincadeiras prefere? Coleciona borboletas?". Indagam: "Que idade ele tem? Quantos irmãos tem? Quanto pesa? Quanto ganha o pai dele?". Só aí julgam conhecê-lo.
— O Pequeno Príncipe, Antoine de Saint-Exupéry (1943)
[via poem4]
«Es posible que bajo la fábula y el disfraz sagrados de la vida de Jesús se esconda uno de los casos más dolorosos de martirio del saber acerca del amor: el martirio del corazón más inocente y más lleno de deseos, que nunca había tenido bastante con ningún amor de hombre, que exigía amor, ser-amado y nada más, con dureza, con insensatez, con explosiones terribles contra quienes le rehusaban su amor; la historia de un pobre insaciado e insaciable en el amor, que tuvo que inventar el infierno para enviar a él a quienes no querían amarlo, -y que al fin, habiendo alcanzado saber acerca del amor humano, tuvo que inventar un dios que es totalmente amor, totalmente capacidad- de-amar, -¡que se compadece del amor humano por ser éste tan pobre, tan ignorante! Quien así siente, quien tiene tal saber acerca del amor, - busca la muerte. -¿Mas por qué entregarse a estas cosas dolorosas? Suponiendo que no haya que hacerlo.-»
Friedrich Nietzsche: Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial, págs. 253-254. Madrid, 1997.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
El sol se encorvó, las sombras se alargaron y palidecieron, llegó el invierno. Vestigios de los sueños, almas y anhelos fugitivos de los pobres se congregaron en el cielo en forma de nubes, tapando la luz del sol y tornando acerbamente frío el invierno.
Los árboles tiraron sus hojas, los pájaros mudaron las plumas y el aire se volvió terso y resbaloso como el vidrio. La gente caminaba encogida, con la punta de la nariz roja, y las palabras y las toses se helaban en el aire como el humo de un cigarrillo, provocando que, por excesivo celo, los profesores suspicaces azotaran a los estudiantes y los capataces a sus peones. Los pobres temían la caída de la noche y plañían la llegada del alba. Hombres vestidos con chaquetas extranjeras pasaban todo el tiempo limpiando y lustrando sus escopetas de caza, y mujeres con abrigos extranjeros pirueteaban ante sus espejos treinta veces al día componiéndose los cuellos de costosas pieles. Los esquiadores fundían cera para sus esquíes y los patinadores aceitaban amoladeras para afilar sus patines. La última golondrina se perdió volando y se plantó el primer carbonero en la esquina, frotándose las manos para calentarse.
Todo esto —además de los cambios ordinarios que acompañan la llegada del invierno— heló la nube de sueños, almas y anhelos de un cabo a otro hasta que cada sueño, cada alma, cada anhelo se congeló y cristalizó. Y cierto día comenzaron a caer a la tierra en forma de nieve.
La nieve caía de un modo tan organizado, colmando todas las rendijas, que cuando fijabas la vista un rato parecía más bien que el propio espacio fluía hacia las alturas. La nieve afelpaba todos los sonidos de la vida diaria en la calle. En la extraña calma de la madrugada se podía escuchar el sordo cascabeleo de los copos rozándose entre sí, como titilar de campanillas en un cuarto insonorizado.
Por supuesto que esta nieve de sueños, almas y anhelos cristalizados no era una nieve corriente. Los cristales eran portentosamente grandes, complejos y bellos. Unos tenían la blancura frígida de la porcelana más fina, otros el apagado fulgor cremoso de las virutas de marfil; algunos exhibían el lustre seductor de delgados segmentos de coral blanco. Los había que semejaban una complicada panoplia de treinta estoques, otros eran como siete variedades de plancton sobrepuestas, y otros en fin como los más bellos cristales de la nieve común, pero vistos a través de un caleidoscopio y aumentados ocho veces.
Y esta nieve era más fría que el aire líquido, pues hubo quien presenció cómo un copo caía en él y se evaporaba con una vaharada. Era además desacostumbradamente dura. Estos cristales como dagas podían cortar un pelo de la barba. Cuando los automóviles pasaban por encima, en vez de fundirse conforme al fenómeno de regelación, la nieve repicaba debajo y sus filos cortantes hacían tiras los neumáticos. Prácticamente todas las sustancias conocidas por la ciencia o se trizaban antes de lograr rayar uno de estos copos, o se congelaban sin lograr su fusión.
[...]
La nieve reciente caía sobre la vieja cubriendo y achatando las aristas, tornando la ciudad entera en blandas lomas y suaves ondulaciones, hasta que en cuestión de días, horas quizás, como si el motor de un proyector se hubiera detenido, toda la ciudad se quedó helada e inmóvil. El eje tiempo de la teoría espacio-tiempo de Minkowski desapareció, y sólo quedó el espacio, como un plano único, avanzando contra la nieve que caía.
Un obrero con su fiambrera se asomó a la puerta a mirar el cielo y se quedó congelado en aquella postura. Una pelota lanzada por los niños que jugaban en un solar se heló en el aire, como atrapada por una telaraña invisible. Un transeúnte se congeló encendiendo un cigarro, con la cabeza inclinada a un lado y una cerilla todavía prendida en la mano, con su flámula quieta, como de cristal. Un burujo de humo salió reptando de la chimenea de una gran fábrica como un trasgo maligno, encapuzado de negro, y se quedó yerto como gelatina que cuaja en agua fría. Y —antes que lograra quedarse prendido en el aire como la pelota— un gorrión cayó a tierra y se hizo mil añicos como una bombilla.
La nieve continuó cayendo.
El mercurio se desplomó hasta que no hubo ya más cotas y el propio termómetro comenzó a encogerse. De vez en cuando se abrían fallas en la superficie de la ciudad que levantaban enormes remolinos de nieve. Pero también éstas se veían pronto sumergidas en la nevada incesante.
Abe Kōbō