Mejor de noche que de día
→ Jaebeom → Smut, fluff → 1,8k palabras → Tú y Jaebeom se escapan de la fiesta por un momento.
Inspirado por Night Rather Than Day de EXID.
La leve brisa de la noche roza tu piel. Respiras profundo, queriendo tragarte por completo la tranquilidad del exterior. Repentinamente, música fuerte se filtra desde el interior del departamento.
“Sabía que aquí estarías”. Jaebeom cierra la puerta corrediza del balcón y la música se desvanece. En silencio, se acerca a tu lado, extiende la manta que lleva a los hombros y la posa sobre los tuyos para envolverte también.
Le echas una mirada, asegurando tu esquina de la manta con una de tus manos. Ahí está, la sonrisa burlona.
“¿Borracha tan pronto?”, te pregunta estudiando tu rostro de cerca.
“Absolutamente no. Vine a respirar un segundo. Youngjae y Jackson son realmente ruidosos, ¿cómo los aguantas todos los días?”
Pese a que aún no es más de medianoche, te resulta sorprendente que ningún vecino haya venido a tu puerta a quejarse por los ruidos. Bambam, con tu ayuda, realmente se esmeró en organizar el cumpleaños sorpresa para su novia, quien es además compañera de cuarto tuya. La sala de estar de tu amplio departamento se convirtió en un cuarto de karaoke, mientras que el mostrador de la cocina en una barra atestada de coloridas botellas de diferentes tipos de alcohol.
Jaebeom ignora tu pregunta y se ríe despacio. Sus ojos están sobre el panorama nocturno de Seúl, en los lejanos edificios. Su respiración pausada y el calor que emana de su cuerpo son agradables junto al tuyo. Al tenerlo así a tu lado, su aspecto sereno y contento, no puedes evitar darle un beso en la mejilla. Él sonríe.
“¿Cuándo fue la última vez que nos vimos de día?”, te pregunta en un susurro.
“¿De día?”
Jaebeom toma tu esquina de la manta y la vuelve a extender, esta vez se para atrás tuyo. Te abraza y envuelve, tu espalda contra su pecho. Su rostro comienza a buscar lugar en tu cuello, su nariz inhalando y reconociendo tu familiar aroma.
“Sí, estaba pensando… hace tiempo que no nos vemos de día”
Sus palabras son casi inaudibles, apagadas en el estrecho espacio entre sus labios y tu cuello.
Tiene razón. Últimamente sus salidas son de noche, cuando ambos han finalizado sus ajetreadas actividades y cuando las calles están lo suficientemente vacías como para caminar tomados de las manos y sin preocupación entre el murmullo nocturno. Ahora que lo piensas, parece un recuerdo lejano imaginar los rayos de sol cubriendo el cabello oscuro de Jaebeom.
“Sostén la manta por mí”.
Le haces caso y al instante sus manos bajan a tus caderas, sosteniéndote firmemente mientras su lengua juguetea con tu lóbulo.
El rumor de la música y las risas en tu sala de estar se pierden cuando Jaebeom comienza a acariciar tus costados, recorriéndolos hasta el borde inferior de tu falda. Vuelve una de sus manos a tus caderas para retenerte, y lleva la otra a la parte interior de uno de tus muslos, por debajo de tu falda. Toca y aprieta tu muslo, sus movimientos decididos muy cerca de tu centro. Cierras los ojos, y al igual que la música, la vista de Seúl desaparece. Cuando los dientes de Jaebeom muerden ligeramente la sensible piel de tu lóbulo, dejas escapar un pequeño gemido.
Tras una risita contenida que te parece triunfal, Jaebeom besa tiernamente tu cuello y vuelve ambas manos a la manta para sostenerla.
“Vamos a tu cuarto”, te dice.
Jaebeom no te da oportunidad para adentrarte en la habitación. En cuanto cierras la puerta, acerca tu cuerpo a la pared más próxima. Tampoco pierde tiempo, y mientras su boca recorre tu mandíbula, sus manos buscan el cierre de tu falda. Antes de ayudarle, acaricias uno de sus brazos, su pecho, hasta llegar a su abdomen, sintiendo cada músculo tensarse.
Recuestas tu cabeza contra la pared y mueves las manos de Jaebeom, quitándolas de ti para rápidamente sacarte la camiseta. Él apoya sus antebrazos en la pared, a la altura de tu cabeza. Sientes su intoxicante aroma rodeándote y te tomas un segundo para apreciar a tu novio frente a ti. Te quitas la falda, observándolo a él. Sus ojos sedientos contemplan tu cuerpo, esperando tu aprobación para volver a ti. Mira tus pechos, tu cuello, tus ojos. Le sonríes.
“Jaebeom”
“Sí, amor”
Acerca su rostro a tu cuello y deja tiernos besos hasta tu hombro. Sus manos en tus caderas acarician tu piel y tiran de tu ropa interior.
“¿No crees que estás muy vestido?”. Tu voz tiembla. Jaebeom tira con fuerza tu prenda, rompiéndola. Sientes tu ropa interior caer a tus pies y tu respiración se dispara.
Él te mira y sonríe.
Pero su sonrisa no es dulce como la sonrisa que te da cuando encuentra leche de frutilla en tu refrigerador. O como la sonrisa que esboza cuando te ve usando una de sus camisetas.
Esta es una sonrisa con determinación.
“No necesito estar desvestido. No aún”, te dice en voz baja, poniéndose de rodillas frente a ti. Besa tu vientre y te mira, mientras sus manos acarician la curva forma de tus glúteos.
Levanta una de tus piernas y apoya el muslo en su hombro.
Tus dedos corren a entrelazar su cabello en cuanto la suave brisa de su respiración toca tu centro. Besa tus labios mayores y a momentos se aleja para explorar tu muslo interior. A diferencia de cuando entraron en el cuarto, Jaebeom ahora sí se toma su tiempo.
Acaricias su cabello y con las puntas de tus dedos, rascas suavemente su nuca. Abres los ojos y por primera vez vislumbras la poca claridad en la habitación. Las cortinas abiertas permiten que tenues luces se filtren en tus cuatro paredes. La vista desaparece cuando la lengua cálida de Jaebeom traza tímidamente tu clítoris, siguiendo tus labios menores, hasta tu orificio. Su saliva se mezcla con tu fluido y sientes su boca succionándote brevemente. Sus movimientos hacen que la sensación de placentero calor comience a acumularse dentro de ti.
Jaebeom quita tu pierna de su hombro. Tras ponerse de pie, posiciona sus manos debajo de tus glúteos y te levanta, tus piernas a sus costados. Te aferras a él y él camina hasta los pies de la cama.
Con un movimiento delicado, lentamente te deja sobre la cama y apoya un brazo a la altura de tu cabeza. Acerca sus labios a los tuyos e introduce su lengua en tu boca, acariciando la tuya gentilmente. Lo dejas guiar el beso, sucumbiendo bajo su cuerpo. La satisfacción te llena cuando posa dos de sus dedos en tu centro, tocando tu clítoris y siguiendo con la punta de sus dedos la forma circular de tu entrada.
No puedes evitar el gemido cuando Jaebeom mete sus dedos de ti. Sus dedos estiran tus estrechas paredes y se mueven con facilidad. Los mete hasta donde su mano se lo permite, una y otra vez. Repite el movimiento y luego los retira de ti. Entonces, se aparta completamente de tu cuerpo, y lo observas recostada mientras hábilmente te sacas el sostén.
Él también te observa. Se quita la camiseta y la deja caer al suelo. La intimidad en la imagen de su cabello desordenado, sus hombros anchos y el lunar en su pecho es indudable incluso ante la falta de claridad en tu habitación.
“Te amo”, le dices.
De verdad lo amas. Cómo no amar al hombre que, aunque no lo diga, sale preocupado a buscarte al balcón cuando desapareces cinco minutos en medio de la fiesta.
“Yo también te amo”, te dice dulcemente.
Lo que él no sabe, es que esa es tu manera de llamarlo cuando necesitas sus brazos alrededor de ti. Lo llamas en silencio, sin palabras, que te siga al balcón por su cuenta. Quizá sí lo sabe.
Sin dejar de mirarte, Jaebeom se desabrocha el cinturón y los pantalones. Te sonríe, inocente, como un lobo en piel de oveja. Te muerdes el labio y juntas las rodillas mientras él se desprende del resto de su ropa. Luego, se acerca a la cama, toma tus tobillos y separa tus piernas. Toca la suave piel del interior de tus muslos, y mientras se posiciona cerca de tu entrada, deja tiernos besos en tus rodillas. Envuelve su miembro erecto en una de sus manos, moviéndola desde el glande a la base y entonces te penetra.
Lo hace lentamente, extendiendo tus paredes con cuidado. Te mueves y gimes despacio bajo él, acomodándote a la placentera sensación de su miembro dentro de ti, al contacto directo de su cuerpo con el tuyo. A penas puedes contener la satisfacción de sentirte tan llena de él.
La música de la fiesta en tu sala de estar resuena en todo tu departamento. Tus gemidos se camuflan entre el sonido de las canciones de moda y abrazas a Jaebeom con fuerza, enterrando tus uñas en su espalda porque el placer es sencillamente demasiado. Él se mueve rápido, en cada impulso llegando más profundo en ti, su boca cerca de tu oído dándote el deleite de sus gemidos contenidos. Levanta ligeramente la parte superior de su cuerpo y posiciona una de tus piernas en su hombro. Se detiene completamente y abres los ojos ante la falta de movimiento.
Al asegurarse de que lo estás observando, continúa con fuerza el impulso de sus caderas y con los dedos de una de sus manos traza pequeños círculos en tu clítoris y a su alrededor. Te sonríe y se muerde los labios. Te entregas completamente a tu amor y tu orgasmo llega como una ola de excesiva plenitud que obliga a tu cuerpo a soltar todo nudo. Jaebeom también deja ir y repite tu nombre entre su respiración entrecortada.
Se separa de ti y se tiende al lado tuyo. Sientes los fluidos de ambos caer de ti, pero antes de levantarse, ambos se toman un momento para recuperar la respiración. Jaebeom acaricia tu vientre y tú tocas flojamente su pecho.
“Creo que por ahora prefiero verte de noche a verte de día”, le dices.
Jaebeom estira su brazo, acercándote a su cuerpo.
“¿Por qué?”
“Nadie nos interrumpe”. Lo miras y acurrucas tu cuerpo al suyo, acercando tus labios a tu rostro. “Nadie nos llama a ninguna reunión sorpresa, ni nada. Te tengo para mí”.
Él sonríe. Una más de las decenas de sonrisas que te ha regalado durante la velada. Mientras haya sonrisas y ocasionales susurros suyos sabes que te habla desde lo más profundo de sí, aunque no necesariamente sea con muchas palabras.
La íntima calma del cuarto se termina con los golpes en tu puerta.
“¡Oigan! ¿Qué tal si salen de allí para que cantemos cumpleaños a mi hermosa novia? ¿O se les olvida?”, Bambam grita desde el otro lado de la puerta.
“¿Decías que nadie nos interrumpe?”, te pregunta Jaebeom.
“Después de cantar te puedes volver a encerrar con tu amor, Im Jaebeom”. La última parte la dice entre carcajadas.
“¡Definitivamente te va a matar!”, le dice Yugyeom riéndose, aparentemente también en el pasillo.
“Ah… Bambam…”, Jaebeom se levanta. “Definitivamente lo voy a matar”.











