«En principio hay tres tipos de justificación interna, es decir, de fundamento de la legitimidad de la dominación (Herrschaft) -para empezar con ellos. En primer lugar, la dominación del “eterno ayer”, de la costumbre consagrada por su inmemorial validez y por la actitud habitual de respetarla: es la dominación “tradicional”, como la que ejercían el patriarca y el príncipe patrimonial de viejo cuño. En segundo lugar, la autoridad del don (carisma) personal y extraordinario, la entrega enteramente personal y la confianza personal en las revelaciones, en el heroísmo o en otras cualidades de liderazgo de un individuo: dominación “carismática”, como la que ejercen el profeta o --en el terreno de lo político-- el jefe guerrero elegido o el gobernante plebiscitario, el gran demagogo o los líderes de los partidos políticos. Por último, la dominación en virtud de la “legalidad”, en virtud de la creencia en la validez de los normas legales y de la “competencia” objetiva fundada en reglas elaboradas racionalmente, es decir, en virtud de la disposición a obedecer las obligaciones establecidas: una dominación como la que ejercen el “servidor del Estado” moderno y todos aquellos titulares del poder, que, en ese sentido, se le asemejan. Está claro que, en la realidad, el sometimiento se produce por los muy poderosos motivos del temor y de la esperanza -temor a la venganza de poderes mágicos o del detentador del poder, esperanza de una recompensa terrena o ultraterrena- y por intereses de muy diversas clases.»
Max Weber: La política como profesión. Biblioteca Nueva, pág. 58. Madrid, 2007.
TGO
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